Acuerdo sobre la equidad

Por Eduardo Sarmiento Palacio

El ambiente electoral ha sido dominado por la incertidumbre. No obstante que las encuestas han estado acertadas, las sorpresas han sido grandes. Los candidatos más votados son los que más se distancian del centro.

En varias oportunidades advertí que la polarización creciente había modificado el mapa probabilístico electoral. En el pasado, al igual que la mayoría de los países, la probabilidad estaba regida por una curva aproximadamente normal en la cual las mayores votaciones se dan en los candidatos que se acercan a los porcentajes medios, al centro, en términos más técnicos la mediana. En la actualidad, el comportamiento se invirtió y dejó de ser normal. Sobre esa base, anticipé que Duque y Petro pasarían a la segunda vuelta. Así lo confirmaron las encuestas y la votación de la primera vuelta. Las menores votaciones se dieron en los candidatos con votaciones cercanas a los valores medios y las mayores en los candidatos extremos.

El veredicto de las urnas no le agradó a nadie. Los candidatos de centro encuentran que sus preferencias son muy distintas a las de los ganadores y que éstos no representan los intereses nacionales. Por su parte, los candidatos ganadores se ven obligados a radicalizarse para afianzar a sus electores. El hombre son sus circunstancias. Se configura un sistema en que las diferencias de los ganadores y perdedores se amplían y los acuerdos cada vez se tornan más complejos, y nadie sabe a dónde se puede llegar.

En este punto no es difícil concretar o simplificar las ideas fuerza de los dos candidatos. Duque propone revisar los Acuerdos de Paz y adoptar una Corte Suprema única que debilitaría la separación de poderes. Por su parte Petro propone grandes reformas para reducir las enormes diferencias de la sociedad colombiana y erradicar la corrupción.

Sin duda, las ideas fuerza de Petro están mejor sintonizadas con las necesidades y molestias nacionales que claman por más transparencia y equidad. En ambos casos se han logrado avances. En la corrupción se dio un paso firme en la consulta propuesta por los congresistas Claudia López y Angélica Lozano. Sin embargo, se requiere ir más lejos en la reforma de la Ley 80 de contratación de obras públicas, la designación de los magistrados de las altas cortes y en la movilización de recursos en las campañas políticas. En el caso de las reformas sociales y económicas se advirtió que la asamblea nacional constituyente no es la mejor forma para llevarlas a cabo, porque encierra altos riesgos y no garantiza el suficiente detalle para la implementación. El mejor camino es la modificación del modelo imperante de los últimos 25 años en términos concretos y cuantificables, con asistencia del Congreso en la forma de nuevas leyes y actos legislativos.

Lo mejor que queda de las propuestas presidenciales es el acuerdo del proyecto de Petro en torno a las grandes reformas para reducir las desigualdades, dentro del contexto de iniciativa privada y conservación del ahorro que disipa los temores infundados. Lástima que la idea no se hubiera concretado en la segunda vuelta en un abierto enfrentamiento de los dos candidatos. Su aplicación, incluso por parte de los detractores de Petro, es uno de los pocos caminos que existen para superar la polarización y el descontento, y disponer de un ambiente viable de gobernabilidad. Mucho se habría avanzado si la mayoría de la sociedad colombiana reconociera la necesidad inmediata de mejorar las condiciones del 40 % más pobre, elevar la participación del trabajo en el producto nacional e incrementar la progresividad tributaria.

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