¿De qué hablan los expresidentes cuando hablan de educación?

Una limosna para estudiar

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Por Cristian Valencia

La Universidad Nacional se fundó en 1967 para que todos los colombianos pudieran estudiar y desarrollar sus capacidades humanas. Se trataba de que fuera la principal universidad y albergara la enorme mayoría de la población universitaria del país. De eso se trataba.

Ya no. Porque desde el gobierno de López Michelsen han hecho lo posible para acabarla. Primero suprimieron la cafetería central y las residencias estudiantiles. Después llegó Gaviria y su pendejada de exigir autosostenimiento a hospitales y universidades públicas. Pendejada que todos los políticos de este país implementaron. Privatizaron las empresas e instituciones que encontraron a su paso desde entonces. Entre ellas, el Instituto de Seguros Sociales, dizque para mejorar la cobertura y bla bla bla, cosa que terminó entregándoles la salud de los colombianos a unas cuantas empresas privadas que han quebrado todo el sistema hospitalario.

¿De qué hablan los expresidentes cuando hablan de educación? –A Duque en este momento no le toca este guante porque está recién llegado y debe ponerle el pecho a esta crisis–. De qué hablan Santos y Uribe y Pastrana y Samper y Gaviria si ellos fueron los verdaderos sepultureros de la universidad pública. Aun así, se atrevieron a ufanarse de la educación pública de este país.

¿De qué se ufanaron? De fortalecer la educación universitaria privada. Porque es un hecho que, a la luz de los innumerables golpes que le han dado a la educación pública, se han fortalecido las universidades privadas. Uno ve crecer las universidades privadas de todas las maneras: aumentan profesores, reciben más alumnos y construyen edificios. La Tadeo, la Central, la Sabana, la Javeriana, los Andes, la Piloto, solo por citar algunas de las universidades de Bogotá, han construido al menos un edificio nuevo en los últimos diez años. En la Universidad Nacional no se ha construido nada, peor aún, tuvieron que demoler la facultad de arquitectura porque nunca hubo dinero para reforzar y remozar ese edificio.

¿De qué hablan nuestros gobernantes cuando hablan de desarrollo? ¿De contratar empresas extranjeras para que exploten los recursos mineros? Claro, es más fácil vender esa idea porque ese tipo de desarrollo produce dinero a corto plazo. Algunos dirán que con ese dinero se podrá mejorar la infraestructura hospitalaria y educativa del país, pero nada más alejado de la realidad. Cuando un país mejora su crecimiento económico, no necesariamente eso se ve reflejado en una mejora de las condiciones de su población. Ni en servicios públicos, ni en salud ni en educación. Sudáfrica es un buen ejemplo de ello, como bien lo anota la filósofa Martha Nussbaum. Y Colombia no es la excepción. Las bonanzas petroleras han fortalecido el sistema bancario, pero no el sistema de salud, y mucho menos el educativo.

Si queremos un país desarrollado, o al menos en vías de serlo, necesitamos fortalecer la educación pública de verdad. De verdad quiere decir que es necesario aumentar la planta de profesores, mejorar las instalaciones existentes y construir más para duplicar o triplicar el número de estudiantes beneficiados. Esa es la única manera de comprometerse con el desarrollo. Lo demás es puro bla bla bla, que podría estar escrito en francés en otra modernísima constitución política.

Resumo:

En 2011 los estudiantes se manifestaron para exigir una educación pública de calidad y gratuita.

Este año, 2018, los estudiantes se manifestaron para pedir una limosna de dinero para terminar el año.

Entre una y otra manifestación no han pasado diez años. De esa manera habla nuestra clase política. Así son de elocuentes.

CRISTIAN VALENCIA
cristianovalencia@gmail.com