“El MOIR, un oportunismo de derecha”: mirada retrospectiva de uno de los cofundadores históricos de este mini-partido que hoy parasita el Polo Democrático

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Por Aurelio Naranjo Mosquera

La génesis y el proceso de desarrollo del inefable Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR); la involución política de su máximo dirigente Francisco Mosquera Sánchez (1941-1994); el salto de este mini-partido “conservador de izquierda” en Colombia que siendo ínfima minoría terminó secuestrando el aparato del Polo Democrático Alternativo; la candidatura presidencial ilegal e ilegítima de Jorge Enrique Robledo; su falso apoyo al proceso de paz; y su oposición a la confluencia de los sectores alternativos del país, son algunos de los temas que analiza en forma pormenorizada en esta entrevista, el cofundador de este sector político, Omar Ñáñez Camacho.

Experimentado activista social y agudo analista de la política colombiana, Ñáñez Camacho publicó recientemente un ensayo que lleva por título El MOIR, su aparente compromiso con la paz y sus andanzas con la extrema derecha colombiana (bit.ly/2mQBYYc), el cual ha suscitado una variedad de comentarios y reflexiones en distintos sectores de la izquierda del país.

DESENTRAÑANDO LAS MOTIVACIONES POLÍTICAS FUNDAMENTALES DEL MOIR

¿Qué lo motivó a elaborar el ensayo que acaba de publicar, en el que hace una reseña histórica de lo que ha sido políticamente el MOIR?

Más que una reseña, me ubico en la década del 80. Me motivó a escribirlo la situación actual del proceso de paz, el cual enfrenta un riesgo enorme porque las fuerzas opositoras al proceso de paz son muy fuertes, y por lo tanto, se hace necesario construir una gran confluencia mucho más allá de la izquierda que pueda ratificar los acuerdos y a la vez sea un respaldo para la implementación de los acuerdos.

Dentro de este marco referencial me parece un riesgo enorme que desde la izquierda una fuerza trabaje en contravía de esa perspectiva. Viendo las declaraciones del MOIR y su comportamiento en el Polo pues me motivó la necesidad de desentrañar las motivaciones fundamentales de este sector político que lo veo claramente repitiendo la historia de los años 80 en contravía de los procesos de paz y sacando de nuevo una artillería de ideología muy sectaria, que tenía yo la ilusión de que la hubiera superado.

Yo no tengo con el senador Jorge Robledo ninguna animadversión de orden particular y respeto mucho su actividad en el Congreso, al tiempo que esperaba que el MOIR en el escenario actual pudiera moverse hacia una posición mucho más flexible que en el pasado, pero ha asumido una actitud que califico de recalcitrante y peligrosa para el proceso de paz.

Omar-Nanez2El MOIR ha tenido la constante desde los años 80, y quizás desde antes, de atravesarse a todo proceso de paz como sucedió en el gobierno de Belisario Betancur y de oponerse a todo proyecto de unidad de todos los sectores alternativos en Colombia.  ¿Esa postura y esa conducta están en su génesis?

Yo hago una distinción entre dos momentos del MOIR. Desde su fundación en 1970, hasta el paro cívico de 1977 es una etapa cuyo comportamiento y postura política se distinguieron por trabajar e involucrarse en las luchas sociales, por impulsarlas, eso es un hecho real que se puede examinar. Estuvo muy vinculado desde el 70 al 77 en todo el auge de la lucha obrera, de las luchas sindicales, cívicas y campesinas, por su puesto de las estudiantiles de 1970, 1971, en que la posición del MOIR fue bastante destacada y eso explica su crecimiento vertiginoso y el prestigio que adquirió en esa etapa. Casi no hay lucha social en Colombia en esa etapa en la cual el MOIR no haya cumplido un papel destacado. También se guió por una orientación que se denominó política de unidad y combate a los gobiernos del Frente Nacional y contra un enemigo común: la oligarquía y el imperialismo. Tuvo momentos de un trabajo unitario muy importante como fue la Unión Nacional de Oposición (UNO) de 1973 a 1976, cuando se rompe.

Se hizo una alianza hasta sorprendente para la izquierda, entre el MOIR, el Partido Comunista y el Movimiento Amplio Colombiano, que era una disidencia residual de la Anapo que conformaron la Unión Nacional de Oposición que arrancó con una muy buena representación parlamentaria, en la primera elección en 1974 obtuvo cerca de 120.000 votos. Esa unidad que iba en asenso se lastima por  las pugnas que se presentan por controlar la dirección y por la hegemonía entre el Partido Comunista y el MOIR.  Sin embargo el MOIR siguió con unas actividades de tipo unitario y de acción con el movimiento sindical y con sectores políticos, logra aglutinar lo que se llama el Frente por la Unidad del Pueblo de 1976, e hizo un llamamiento  de  unidad hasta 1977. ¿Qué sucede en el 77? Por qué pongo allí una fecha clave. Porque en el 77 se dio el Paro Cívico Nacional que enciende las alarmas del establecimiento y es cuando éste decide entregarle el poder a los militares y propone la candidatura de Turbay Ayala que del 78 al 82 tuvo al país bajo la égida militar, el Estatuto de Seguridad y demás. Entonces, ¿qué sucede?  Durante el gobierno de Turbay hay un interregno en el MOIR en el que se cambia la política.  De la consigna unidad y combate se cambió por la política que se llamó contra el despotismo y el oportunismo. ¿Qué significaba formalmente que el MOIR no diera una lucha contra el gobierno despótico de Turbay? Ello terminó convirtiéndose en una querella del MOIR contra las demás fuerzas de izquierda y eso creó una discusión interna muy grave.

¿Pero esa postura del MOIR obedecía a una retaliación por la experiencia de ruptura de la Unión de Oposición Nacional (UNO), o qué?

No, en el fondo lo que se ve en ese momento es que el establecimiento aprieta y se viene con una posición, digamos cuasi fascista, que se traduce en los consejos verbales de guerra, el Estatuto de Seguridad, las torturas y se agudiza una lucha tremenda contra el M-19 por la toma de la Embajada de Republica Dominicana y por el robo de las armas del Cantón Norte. ¿Qué es lo que hace el MOIR? Toma distancia de todo el conjunto de la izquierda, dentro de un cálculo, digo yo, oportunista, que es apartarse de las fuerzas que van a ser golpeadas. Eso lo hace para curarse en salud. En el MOIR comenzó a hablarse internamente un lenguaje casi bíblico que se  tradujo en atravesemos el desierto solos.  Es decir, se viene un desierto, o sea una situación muy difícil, hagámonos a un lado para que no nos toque esa situación difícil. Entonces ocurren varias cosas: el MOIR se separa de la lucha del Primer Foro por los Derechos Humanos con el pretexto de que los Derechos Humanos son un problema de la ideología burguesa. En ese preciso momento cuando se da una lucha tan tremenda en Colombia contra el Estatuto de Seguridad, el MOIR se hace a un lado de toda esa confluencia de fuerzas contra esa legislación represiva y determina no compromete con el Foro por los Derechos Humanos, primera cosa. Luego, se opone a la realización del Segundo Paro Cívico Nacional. Ahí cumple un papel muy negativo el MOIR.

¿Eso fue en 1979?

Sí,  en el 79. Entonces el MOIR comienza a moverse en contra del Paro Cívico Nacional y ahí tenemos unas contradicciones muy grandes con Francisco Mosquera. Yo dirigía el trabajo obrero y respaldaba el paro cívico nacional. Mosquera se mueve y maniobra para que el trabajo obrero se oponga al Segundo Paro Cívico Nacional. Adicionalmente, el MOIR se opone a la unidad de la izquierda alrededor de un candidato único. Esa propuesta fue defendida por Firmes, por toda la izquierda y auspiciada por Gabriel García Márquez, sostenida desde la revista Alternativa. Y el otro momento, el MOIR comienza a oponerse a la revolución sandinista con el planteamiento de que eso es un asunto aupado por Cuba y la Unión Soviética. Eso es lo que lleva a que en  1981, frente a una tensión muy grande en su seno, haya un primer rompimiento del MOIR.

Sí, a eso me quería referir.  Francisco Mosquera escribe Lecciones de táctica y de la lucha interna, donde hace referencia al rompimiento de los hermanos Ñáñez con el MOIR pero no explicita el por qué, no precisa las razones sino que desarrolla otro tipo de disquisición para justificar su postura ideológica y política en ese momento.  ¿Por qué rompen ustedes con el MOIR?

Bueno, porque hay una política que fue primero muy insinuada y después abierta de oponerse a todo lo que viene de la izquierda. Es decir, una postura que nosotros la denominamos sectaria y dogmática. Nosotros rompimos contra el dogmatismo y el sectarismo, y segundo, porque no había canales internos de discusión. En el MOIR había una posición de pensamiento único. Muy autócrata, vertical.

En la práctica el MOIR sigue el axioma según el cual el rey elige la corte y la corte reelige al rey…

Exacto, nosotros reclamábamos un congreso, donde se fijaran las instancias de dirección por elección. En el MOIR nunca ha habido elección interna ni se ha hecho un congreso en 50 años de existencia. Toda designación se hace de arriba para abajo. Es una cosa absolutamente vertical. Ahí predominaba el pensamiento único, además porque Mosquera tenía una personalidad muy ególatra que no admitía otra opinión, ni una diferencia, ni una discusión. Una discusión con Mosquera equivalía a un rompimiento, ahí no se admitía nada en ese momento y se usaba un manejo maniqueo. Es decir, los buenos son los que esta incondicionalmente con Mosquera y todo el que discuta alguna cosa hace parte de los malos. Era un infierno entonces la vida interna del MOIR. Eso trató de paliarse. En 1977 se hizo una conferencia nacional de organizaciones donde fueron aceptadas todas nuestras críticas formalmente, pero la verdad fue que Mosquera utilizó eso para ganar tiempo.

¿Cuál fue la gota que derramó el vaso para el rompimiento con el sector que usted lideraba?

Ese sector lo liderábamos dos: mi hermano Otto Ñáñez que era el encargado de la Comisión Política del MOIR y yo que era el responsable de la Comisión Obrera. La gota es que se volvió un asunto de conspiración interna. Entonces no se podía discutir de política porque cualquier opinión se convertía en un problema de conspiración interna y se colocaban etiquetas, eso creó una situación invivible. Y lo que rebasó fue un editorial que Mosquera impone en el periódico Tribuna roja, que entre otras cosas en esa publicación era el único que escribía con nombre propio  porque al resto de militantes nos estaba vedado ese derecho, en el que plantea por primera vez el tema internacional, asumiendo una posición proclive a Ronald Reagan, en contra de Jimmy Carter, en ese momento en competencia presidencial en los Estados Unidos. Ello era sumamente grave que desde aquí, a nombre del maoísmo, un sector pretenda respaldar al sector más retardatario de los Estados Unidos.  Mosquera se focalizó en el tema internacional  y lo uso, es mi opinión, como un pretexto para dar el paso hacia la derecha. Entonces yo les decía en las discusiones internas a muchos compañeros es que nosotros no somos estúpidos. Nosotros nos montamos en un tren en el que vamos luchando contra el imperialismo norteamericano y de pronto nos cambiaron  la orientación y los norteamericanos van a ser nuestros aliados contra los soviéticos y no nos dimos cuenta. O somos unos cínicos o somos unos imbéciles, pero no podemos aceptar ese cambio brutal de la orientación del MOIR.

Como diría José Martí, usted que básicamente conoció el monstruo por dentro, ¿a qué se debe ese cambio brutal de la postura de Mosquera?

Mosquera decidió jugársela por la vía de la derecha. Fue una aventura oportunista de la derecha. Por eso los pasos que da. La carta de alianzas con unos sectores paramilitares, los parapolíticos del momento, y por eso también la propuesta castrense, estratégica, de unir todas las fuerzas anti Farc. A ello obedece el respaldo decidido que da a la candidatura de Hernando Durán Dussán. De ahí en adelante pasa el río.

Mosquera-Duran-Dussan

Pero debe haber alguna motivación para pasar el río…

Hay que tener en cuenta que Mosquera pasa el río después de que rompe con nosotros.  Nosotros rompimos en febrero del 81, yo creo que Mosquera decidió con las manos libres jugársela audazmente por esa vía.

Por esos años aparece un personaje muy pintoresco en Estados Unidos que terminó de candidato presidencial, de mucha capacidad económica, Lyndon LaRouche, que logró organizar cuadros, realizar publicaciones en América Latina. LaRouche tenía ese mismo perfil que Mosquera en el sentido de que comenzó con un discurso progresista de apariencia para terminar haciéndole el favor al sector de la derecha norteamericana, con tintes fascistas. ¿Eso mismo le pudo pasar a Francisco Mosquera?

Hay algo parecido.  Es que hay un Mosquera contra Mosquera. Porque el Mosquera del 70 al 77, es muy distinto al del final de su vida. Hay que recordar que en el programa estratégico aprobado en septiembre de 1970 por el pleno del Comité Central de Cachipay, que se considera el evento que le da vida al MOIR como partido, se adoptó una línea estratégica que se llamó la guerra popular prolongada, o la vía revolucionaria, para que después Mosquera diga que en Colombia nunca ha habido posibilidades de lucha armada y que eso es una locura de los procubanos.

Otro de los infundios ideológicos del MOIR ha sido que el sujeto político en Colombia es la burguesía nacional que presuntamente tiene un espíritu progresista, aunque desde el punto de vista empírico no se puede comprobar. ¿Ese elemento ideológico está en su punto fundacional?

En su punto fundacional, pero de una forma distinta. En el tema de la vía de la revolución hay un cambio. En una entrevista que le hacen en 1972 a Mosquera asume una posición crítica al proceso de Salvador Allende en Chile. Pero lo hace desde una posición radical, diciendo que eso es una postura reformista y que la vía de la revolución es la de la Comuna de París, de la lucha armada. Años más tarde, dice lo contrario. Ahí es donde digo yo Mosquera contra Mosquera.

En el tema de la burguesía nacional es una tesis muy maoísta, muy china. Entre otras cosas, el programa del MOIR, del PTC (Partido del Trabajo de Colombia), porque así se llama internamente, es una copia casi calcada del programa del Partido Comunista Chino y sus estatutos. El MOIR no estaba afianzado en el análisis de la historia nacional ni en el lenguaje nacional, sino que estaba más sustentado en la referencia del Partido Comunista Chino,  en su dogma. Por eso se introdujo el tema de la burguesía nacional en los términos de Mao Zedong para el caso chino: existe una burguesía media, hay una gran burguesía que depende, vive, se enriquece, se fortalece, controla el Estado por las relaciones con las potencias internacionales. Esa es la gran burguesía burocrática, comercial, industrial. Pero existe otra burguesía media que no tiene esos vínculos, que es débil, que políticamente es ambigua y que puede ser importante en determinados momentos.  Esa es una tesis muy general, que realmente en el MOIR se dio un gran debate público pero nunca la sustentó en serio. A eso se le ha dado un vuelco que no tiene que ver con la concepción original. Por ejemplo, el análisis de Jorge Enrique Robledo con respecto a los cañeros. Es decir, es que hoy la realidad económica es distinta. La industria, la empresa nacional están íntimamente implicadas con las transnacionales. Cuál es la existencia, la base real. Hoy podemos hablar de una pequeña empresa, de una mediana empresa. Pero que no tiene expresión política propia. Por decir algo, Acopi, o los campesinos ricos del campo, son importantes económicamente pero no tienen una expresión política. Y para hacer un análisis estratégico hay que tener en cuenta no solo su realidad económica sino su expresión política. Aquí Robledo ha extrapolado esta situación a la barbaridad de decir que hacen parte de la industria nacional los cañeros.

Que además tienen intereses directos en los agrocombustibles…

Correcto y que políticamente están a la derecha.  Ahí está todo el uribismo del Valle y el Partido Conservador. Entonces ahí hay una desviación de la tesis original. Yo creo que Robledo con respecto a la tesis original del MOIR tiene una desviación de derecha y espero que brinque la gente alrededor de esto.

Francisco Mosquera termina su vida siendo un hombre aliado con los más recalcitrantes sectores de la ultraderecha colombiana, haciendo pactos políticos con dirigentes pro paramilitaristas como Hernando Durán Dussán, José Manuel Arias Carrizosa, el general Fernando Landazábal Reyes, entre otros. ¿Es una involución la vida política de Mosquera?

Sí, pero hay quienes reivindican eso, porque afirman que fue una genialidad de Mosquera pues permitió preservar al MOIR de toda la arremetida de la derecha durante las décadas 80 y 90 del siglo pasado.  De que así el MOIR pasó incólume.

Y sus acuerdos con la ultraderecha le permitió pasar incólume al MOIR, ¿o no?

Sí, lo que llamaron pasar el desierto solo, está complementado con otra frase, de Héctor Valencia (1935-2008, asumió la Secretaria General del MOIR después del fallecimiento de Francisco Mosquera en agosto de1994), cuyo alcance era: sobre las Farc construiremos nuestro partido. Es decir, el cálculo era perfecto, el cálculo es hagámonos a un lado, dejemos que los arrasen y nosotros preservaremos.  Personas que saben las líneas gruesas de las cosas, como Carlos Naranjo (el poder tras el trono actualmente en el MOIR), dicen que esa es la genialidad de Mosquera. Uno pueda hacerse a un lado de una discusión que no le compete porque el MOIR no estaba comprometido con la lucha armada de la izquierda, pero ahí hay una cosa, es que no se hizo a un lado, se hizo al otro lado.

Mosquera-Arias-Carrizosa

Hay un excelente libro que lleva por título La CIA en España del periodista Alfredo Grimaldos, en el que reseña en forma detallada cómo la criminal Central de Inteligencia estadounidense proyecta de manera magistral el diseño de la política española a partir de la muerte del dictador Francisco Franco. En este trabajo bibliográfico se explica cómo la CIA máquina para refundar, organizar y financiar el mal llamado Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Si le propongo que haga un esfuerzo de imaginación habida cuenta que usted conoció los entresijos del MOIR y dada la transmutación política de Francisco Mosquera, ¿podría colegirse que en ese cambio abrupto de postura política habría intervenido un poder internacional que lo cooptó para terminar abrazándose con Durán Dussán, Arias Carrizosa y lo más representativo de la ultramontana derecha colombiana?  

Yo lo he pensado. Mosquera en la década del 60 fue acusado por distintos sectores de izquierda de ser un agente, especialmente Alfonso Romero Buj desde los lados del Partido Comunista Marxista-Leninista, nunca lo bajaron de agente de la CIA.  Pero nunca lo comprobaron.

Es que es muy difícil comprobarlo, la CIA nunca deja cabos sueltos…

Sí, es muy difícil. A mí no me consta nada en ese sentido y por eso no lo afirmo.  Por eso yo hablo de coincidencias con la política de extrema derecha y de la CIA a nivel internacional.  La postura contra Cuba, es un claro ejemplo. Mosquera lanza una campaña muy violenta contra Cuba.

Afirma nada más ni nada menos que la violencia en Colombia se debe a Fidel Castro…

Sí, se la achaca a Fidel y la campaña contra la revolución sandinista fue tremenda también. Igualmente, se opuso a la revolución angoleña que fue determinante para tumbar el apartheid en Suráfrica. Además, la posición sobre la cual Mosquera quiso trabajar era intentar que el foco de la discusión en Colombia fuera el tema de la invasión rusa a Afganistán. Por eso no sorprende que los fundamentalistas que tuvieron el gobierno en Afganistán y estuvieron financiados por la CIA, de los cuales sale Al Qaeda, fueron traídos a Colombia por el MOIR para defender su causa. Llegó a tal extremo Mosquera que en un congreso de Fecode planteó que entre los puntos a discutir se debía contemplar el tema de Afganistán, defendiendo claro la posición de la CIA.

Esa voluntad tan fuerte de Mosquera por defender posiciones de derecha y la capacidad de implementarlas dentro del MOIR es una cosa que a uno le llama la atención.

Sí, hay muchos indicios…

Pues si anda como pato, es blanco como el pato, dice cuac como el pato, ¿qué es?…

Luego del fallecimiento de Francisco Mosquera en 1994, el MOIR a duras penas tiene una representación marginal en el Congreso de la República con Marcelo Torres y Jorge Santos Núñez. Es Jorge Enrique Robledo, quien en 2002 apoyado por liberales del sector cafetero lograr llegar al Senado y resucita el MOIR. ¿Es así?

Robledo es la tabla de salvación y ahí se recompone el MOIR.

Lo sorprendente es que siendo una ínfima minoría el MOIR hacía parte del sector Alternativa Democrática que en 2005 converge con el Polo Democrático Independiente y se fusionan en lo que hoy se conoce como Polo Democrático Alternativo, y ahora este mini-partido que lidera Robledo parasita a la colectividad amarilla y tiene “secuestrado” el aparato partidista. ¿Está de acuerdo con esta lectura política?

Total.  La figura es perfecta.  El MOIR sale de esa crisis de existencia, porque estuvo cuestionado a raíz de la división entre dos sectores, el de Marcelo Torres y el de Jorge Robledo. Pero ahí le salió una tercería representado por Libardo Botero de Antioquia que es el sector históricamente más apegado a Mosquera y quien ahora es uribista.

Hoy la candidatura presidencial ilegal e ilegítima de Jorge Enrique Robledo aparece con la bandera del Polo Democrático. Sin embargo, y eso lo sabe buena parte de la militancia polista, esa es una candidatura del MOIR, porque la mayor parte de este partido que esta desfalleciente, no la apoya…

Yo creo que al Moir ahí se le fue la mano y se le va a voltear la situación, porque lo que ha hecho es una exageración.

¿A qué atribuye usted la poca importancia que el MOIIR y Robledo le dan al estratégico tema de la paz?

Es el temor a perder protagonismo. Porque el protagonismo se lo ganen las partes que hicieron la paz. Ese es todo el rollo. Ahí hay un problema de existencia propia. Por eso la afirmación de que la paz es la derrota histórica del MOIR obedece a que este sector le apostó a la derrota militar de las Farc, y en segundo lugar, le apostó a derrotar políticamente a todas estas fuerzas que vienen del tronco común del Partido Comunista, al que descalificó como una fuerza revisionista y oportunista per se. Entonces para el MOIR eso es una derrota tremenda y más si se hace la convergencia por la paz con los sectores alternativos y de izquierda, lo cual constituirá un bloque histórico.