¿El regreso de los ‘paras’?

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Por Gabriel Silva Luján

El Estado ha demostrado que puede someter a los violentos, los terroristas y las organizaciones criminales más poderosas. Aun así, ahora algunos ganaderos y sus organizaciones denuncian que están desprotegidos y sometidos a la violencia y el crimen. Son, precisamente, los mismos gremios y las mismas zonas que toleraron –y en muchos casos claramente promovieron– el ascenso de las Auc. Mucho me temo que estas pataletas se puedan convertir en el inicio de un recorrido sorprendentemente paralelo al que desembocó en la pesadilla paramilitar, que generó una era de desplazamiento, sometimiento de la población civil y violencia física y sexual sin precedentes.

Como ocurrió antes, los terratenientes se declaran víctimas de la “inseguridad” en sus zonas de actividad económica. Son los supuestamente desvalidos ganaderos los que están a merced de los facinerosos, porque los abandonaron el Estado y la Fuerza Pública. Claman por su derecho a defenderse. Y son también los mismos dirigentes de entonces, encabezados por Álvaro Uribe Vélez y José Félix Lafaurie, quienes atienden con premura la desazón de sus seguidores y agremiados, asumiendo la causa de regresarles sus derechos al uso de la fuerza.

Arropado en un supuesto debate legal sobre las restricciones y limitaciones del porte de armas, el uribismo está ambientando la benevolencia social y política necesaria para legitimar y facilitar el rearme de los grandes propietarios. Y, por supuesto, no serán ellos los que enfrenten a los abigeos, los ladrones y a quienes vienen a reclamar sus tierras. Eso les corresponderá a sus mayordomos y a los trabajadores, entre quienes hay muchos que sufrieron la violencia paramilitar, pero también suficientes que se enlistaron apadrinados en las huestes de las Auc y las Convivir.

En cosas de armas es mejor siempre prevenir que lamentar. Creer que no hay armas en manos de muchos de los finqueros que claman por poder adquirirlas y portarlas es una ingenuidad. Claro que sí hay, y muchas. La entrega de armas de los ‘paras’ y sus patrocinadores –siempre se ha sabido– fue bastante incompleta si se la compara, por ejemplo, con la de las Farc. De llegarse a que el Ministerio de Defensa abra la puerta legal, detrás de los ‘permisos especiales’ resucitarán cientos, quizás miles, de armas anónimas y hoy camufladas.

Darles patente de corso a estos amigos ganaderos es destapar una caja de Pandora y favorecer en esas zonas una nueva ola de violencia social y política que, de hecho, ya se inició con el imparable ascenso de los crímenes contra los líderes sociales. Colombia ya vivió la transmutación de las autodefensas campesinas en grupos de autodefensa, en los ejércitos del ‘Mexicano’, en las Convivir y los ‘cooperantes’, para luego aterrizar en el proyecto político-militar-territorial de Castaño y sus posteriores narcoherederos.

Que en pleno gobierno del Centro Democrático y en el apogeo del uribismo –además, con un ministro de Defensa con corazón a la derecha– los ganaderos se quejen parece inaudito. No, señores. En el fondo no sorprende. Se trata de una maniobra política para volver a hacer del uribismo, antes de las elecciones de octubre, el paladín de los supuestos agobiados por el crimen y el terrorismo. Se trata de que la población crea que hay que elegir a guerreristas y no a buenos administradores.

Además, les permite a los uribistas un nuevo motivo de distanciamiento con el presidente Duque y su gobierno, al que consideran –equivocadamente– un espantavotos. Esperamos –pensando con el deseo– que el mindefensa reciba la orden de no abrir la compuerta de otorgar, a diestra y siniestra, licencias para matar. Uno no reparte cerillas entre pirómanos.

‘Dictum’. Peñalosa se va a ir sin hacer nada por mejorar la calle 13 –arteria neurálgica de Bogotá–, y también le va a escurrir el bulto al metro. Promesas, promesas…

El Teimpo.