Estancamiento estructural

Por Eduardo Sarmiento Palacio

El Banco de la República lleva dos años bajando la tasa de interés sin ningún resultado efectivo. El crecimiento económico está muy por debajo de las predicciones oficiales y de los organismos internacionales. Así lo reconoció el Banco de la República en la última minuta al señalar que el mal desempeño de la economía va más allá de la caída de los precios del petróleo. Ese más allá no puede ser muy distinto a los desaciertos continuados de la política económica durante más de tres años.

Desde el principio del año señalamos que la economía había entrado en una zona de crecimiento de 1,5 % y de empleo por debajo de la población. También advertí que la economía experimentaba serios desbalances en las cuentas externas y en la consistencia macroeconómica. Ninguno de los dos aspectos ha recibido la atención merecida. Basados en el mito de que la economía es ajustada por la tasa de interés y el mercado, no se ha hecho ningún esfuerzo para adelantar un diagnóstico sobre las causas de la dolencia y las soluciones.

La economía opera de tiempo atrás con un desbalance interno en que el ingreso nacional supera el gasto. Las políticas monetaria y fiscal no han logrado elevar el gasto y aumentar la liquidez para mantener la igualdad. Se configuró un exceso de ahorro que tiende a autorreforzarse. Así lo ilustran las cifras de las cuentas nacionales que revelan que la inversión crece cuatro puntos por debajo de la producción. De otro lado, la lenta mejoría de la balanza de pagos (del desbalance externo) se consiguió con una depresión de importaciones que incrementa el desbalance interno.

La síntesis no podía ser más reveladora. El déficit en cuenta corriente y el fiscal ascienden a 4 % del PIB, el ahorro excede la inversión, el producto nacional crece 1,5 % y el desempleo se acerca a dos dígitos.

Los dos desbalances provocan una caída persistente de la economía. Las acciones para corregir uno agravan al otro. Las aparentes mejorías, que generan partes de victoria en los círculos oficiales, son seguidas por recaídas mayores. El resultado es la clara evidencia del fracaso del modelo de libre mercado y autonomía del Banco de la República. De persistir estas condiciones, la economía podría verse abocada durante varios años a pobre crecimiento y elevado desempleo.

En primer lugar es necesario reconocer que el comercio internacional no opera dentro de las condiciones ideales de los libros de texto. Los países desarrollados están comprometidos en una competencia para reducir los salarios por medio de la eliminación de la tributación progresiva al ingreso y el patrimonio y prácticas comerciales y cambiarias propiciadas por los TLC. El país requiere un marco de protección que le permita enfrentar este contexto adverso sin sacrificar el salario, como se hizo en la mitad del siglo pasado con aranceles, subsidios a las exportaciones y aprendizaje en el oficio. Por su parte, el desajuste interno requiere un replanteamiento del banco central autónomo, el cual fue concebido para un mundo de tasas de interés positivas, que quedaron atrás desde hace varios años. Incluso, la revista The Economist, que durante décadas pareció el gran promotor de los bancos centrales independientes, reconoce que el organismo no funciona en condiciones de tasa de interés cero. En su lugar, se plantea un banco central altamente coordinado con la política fiscal, al igual que una amplia intervención en el mercado cambiario.

Dentro de este contexto se dispondría de una amplia gama de instrumentos que permitirían alcanzar los dos balances y recuperar el crecimiento económico y el empleo. Más aun, sería un primer paso para avanzar en un modelo de industrialización basado en superávits en cuenta corriente, elevado ahorro y aumento de la participación del trabajo en el PIB.

El Espectador, Bogotá.

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