La reforma de las normales, o el cuento del Gallo capón

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Por Valmiro Rangel Rangel

Las escuelas normales superiores, desde su creación y desde su restructuración han sido sometidas a un “limbo jurídico”, del cual no han salido, ni saldrán, debido a que este es un estado fiscalista, en donde quien manda, en materia económica, es el ministro de hacienda respectivo y mientras prevalezca el modelo económico neoliberal, no se avizora ningún cambio.

Las normales han sido condenadas al ostracismo desde la promulgación de la Ley 115, pues sólo les dedica un parágrafo difuso, al cual no se le encuentran dientes para reglamentarlo. El parágrafo del artículo 112, referido a las normales, dice así:

Las escuelas normales debidamente reestructuradas y aprobadas, están autorizadas para formar educadores en el nivel de preescolar y en el ciclo de educación básica primaria. Estas operarán como unidades de apoyo académico para la formación inicial de docentes y, mediante convenio celebrado con instituciones de educación superior, podrán ofrecer formación complementaria que conduzca al otorgamiento del título de normalista superior”.

Nótese que, desde este parágrafo, las normales están condenadas a ser unas simples unidades de apoyo académico para la formación inicial de docentes. Se desconoce así la tradición de las normales en materia de formación de maestros. Ninguno de los 3 decretos promulgados a partir del mencionado parágrafo (2903, 3012, 4790), ni el cuarto que próximamente publicará el Ministerio de Educación, dotan a las normales de estructuras definidas en lo administrativo, académico, investigativo, organizativo y financiero (sobre todo), para actuar autónomamente como instituciones formadoras de maestros.

El decreto 2903, publicado el 31 de diciembre de 1994, establece las disposiciones para la reestructuración de las normales; a pesar de ordenar que las escuelas normales se reestructuren para convertirse en normales supriores con el fin de graduar profesionales con el título de normalista superior, el Estado es cuidadoso en cuanto a la erogación económica se refiere, pues le da la enorme responsabilidad a las normales de formar maestros para preescolar y primaria, sin gastar un solo chelín:  “A  las Escuelas Normales Superiores les serán aplicables las normas reglamentarias que  rijan para  los establecimientos de  educación preescolar, básica y media,  cuando tales niveles sean ofrecidos directamente  por dichas instituciones”(Art. 10). Por su parte el decreto 3012 del 19 de diciembre de 1997, que adopta disposiciones para la organización y el funcionamiento de las escuelas normales superiores, no dice nada nuevo, ni siquiera en lo organizativo como se enuncia en el encabezado del decreto. Al contrario, coherente con la mezquina política educativa de la plutocracia neoliberal, desde el artículo 1°, establece: “La organización para la prestación del servicio público educativo, por parte de dichas instituciones… estará regida por la Ley 115 de 1994, y sus normas reglamentarias”. Esto es, como un colegio cualquiera. El decreto 4790, publicado el 19 de diciembre de 2008, es más tajante que todos los anteriores, pues a pesar de su enunciado, que se refiere al establecimiento de las condiciones básicas de calidad del Programa de Formación Complementaria (PFC), toma las precauciones necesarias para no invertir un solo peso en las normales, pues en el artículo 1, que es el objeto del Decreto, se dice expresamente que  “La organización y el funcionamiento del programa de formación complementaria ofrecido por la escuela normal superior responderán a su proyecto educativo institucional y estará regido por la Ley 115 de 1994, la Ley 715 del 2001 y sus normas reglamentarias”. Es decir que las normales a pesar de que forman profesionales de la educación con el título de normalistas superiores, son tratadas con el mismo rasero de los colegios de bachillerato: ni más ni menos.

En cuanto a un borrador de decreto que está, desde hace rato, para la firma de la ministra, se puede afirmar que en vez de avanzar o por lo menos mantener el estatus quo, lo que se hace es retroceder. El Doctor Héctor Soto Salas, afirma que con este proyecto las normales mantienen la estructura de colegio, pero con exigencia de verificación de la educación superior; y lo peor es que este decreto no tiene ni pies ni brazos y se retrocede enormemente al perder totalmente la autonomía y la normatividad específica de las normales, puesto que éste será adicionado al Decreto 1075, que es reglamentario y no estatutario. De esta forma el Estado evade, por enésima vez, el compromiso de la construcción del Sistema Colombiano de Formación de Educadores con sus respectivos lineamientos, puesto que la formación de educadores debe ser una política de estado, y como diría el doctor Alberto Martínez Boom, retomando las palabras del maestro Agustín Nieto Caballero “formar al maestro es formar la nación”.

Como conclusión, con este proyecto de Decreto no se resuelve nada: las normales siguen considerándose como “unidades de apoyo académico para la formación inicial de docentes”; siguen mirándose por las esferas de poder como cualquier establecimiento educativo que ofrece los programas de preescolar, primaria y bachillerato. De nada sirvieron los miles de millones de pesos que se invirtieron en los innumerables encuentros de normales para aportar ideas con el fin de estudiar y enriquecer textos, entre ellos el más célebre, el denominado “Sistema Colombiano de Formación de Educadores y lineamientos de Política” (MEN, 2013), los cuales reposarán en los anaqueles del olvido.

Es tanta la desfachatez plasmada en este proyecto de decreto, que las condiciones de verificación de la calidad de los Programas de formación complementaria para el 2018, son las mismas de las del 4790 de 2008, es decir, como dice el Doctor Soto Salas, “verificación de lo ya verificado”. Ya las normales que fueron verificadas hace 7 años no tienen que esforzarse por un plan de mejoramiento, pues basta con presentar lo mismo de la pasada verificación; de nada sirvió tanta espera y tanta tensión.

Cobra vigencia lo que escribí hace 23 años en una revista institucional de la Normal de Corozal, en el sentido de que mientras el Estado “no se meta la mano al dril” y mientras que no le dé el status de educación superior a la formación de normalistas superiores, la reforma de las normales no dejará de ser el cuento del gallo capón. Un cuento sin fin, con las mismas palabras, que los habitantes de Macondo inventaron para distraerse durante la peste del insomnio.

FECODE y la sociedad civil en general,  debemos tomar cartas en el tema de las normales, puesto que todos debemos procurar por una formación seria para los futuros arquitectos de la nueva sociedad que soñamos. Hay que mover los cimientos de las normales, hay que impulsarlos a la movilización y acompañarlos, puesto que la incipiente organización que tienen, llamada ASONEN, no ha pasado de ser furgón de cola del MEN.