La sitiada democracia brasilera

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El candidato de la derecha a la presidencia del Brasil, Jair Bolsonaro, es una “amenaza para la democracia.” Así lo describe la prestigiosa revista The Economist, agregando que sería un presidente desastroso.” El próximo mes de octubre el gigante latinoamericano celebrará elecciones presidenciales que seguramente se terminarán dirimiendo en una segunda vuelta entre Bolsonaro, un capitán retirado del ejército que ha sido congresista durante los últimos 28 años por nueve partidos diferentes, y el exalcalde de Sao Paulo y exministro de educación, Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores que reemplazó a Ignazio Lula de Silva, impedido de participar en las elecciones por una condena judicial apelada, que sus copartidarios tildan de política.

Primero vino el golpe parlamentario contra Rousseff

La situación económica y política de Brasil es crítica. El Gobierno está a cargo de Michel Temer un Presidente elegido por el Congreso después de un golpe parlamentario a la mandataria legítima Dilma Rousseff, por cargos de haber presentado un presupuesto deficitario y que el mismo Congreso tuvo que proteger de destitución por haber sido comprometido con un soborno en una grabación ampliamente publicitada.

En materia económica, Brasil atraviesa por una recesión económica que ha reducido el producto nacional un 10% entre 2014 y 2016, complicada por un endeudamiento excesivo que deja al gobierno sin margen de maniobra para cubrir un déficit fiscal cercano al 7% del PIB. El impacto sobre el desempleo persiste ubicándolo en 12% con niveles de más del 20% entre los jóvenes. Las encuestas muestran que la corrupción es la principal preocupación de la sociedad y que solamente un 13% de los brasileros mantienen la fe en la democracia, el más bajo nivel en todo América Latina, según Latinobarómetro, una encuesta continental.

La tasa de homicidios aumenta amenazadoramente y la política del miedo reemplaza los argumentos en el debate presidencial, especialmente del señor Bolsanaro, quien hace campaña desde un hospital después de haber sido acuchillado en una manifestación hace tres semanas. Esta acumulación de males le ha abierto un espacio inesperado al señor Bolsanaro quién se ha distinguido por su lenguaje estigmatizante que paradójicamente lo diferencia de sus contendores y ha llamado la atención entre los sectores urbanos donde su apoyo crece.

Bolsonaro admirador de la violencia

Entre sus aseveraciones más inaceptables han sido la dedicatoria de su voto por la destitución de Dilma Rousseff al comandante de la unidad responsable por haberla torturado, considerar como error de la esa dictadura “torturar y no matar” y lamentarse porque “Pinochet debería haber matado más gente.” También expreso que preferiría un hijo muerto que gay, que los habitantes negros de las favelas “son gordos y perezosos” y que una colega parlamentaria era muy fea para violarla.

Por su admiración por la dictadura, The Economist alerta sobre los peligros que se ciernen sobre Brasil de elegir a Bolsonaro quién subió en las encuestas como consecuencia del atentado del cual logró salvarse. Ahora encabeza las encuestas con un 28%. Le sigue Haddad, quién aumentó del 6% al 18% cuando reemplazó a Lula quien encabezaba con el 40%.

El declive de la débil democracia brasilera comenzó con la destitución parlamentaria de Dilma Rousseff, aduciendo faltas administrativas sin ninguna connotación penal o de corrupción. Después vino la condena sin prueba alguna de Lula da Silva quién iba en camino de ganar limpiamente las elecciones. Ahora el pueblo brasilero se encuentra en la encrucijada de regresar al autoritarismo de un admirador de Pinochet.