Las oportunidades económicas de la paz en Colombia, según Joseph Stiglitz

Por Santiago La Rotta / El Espectador

El premio Nobel de Economía asegura que los acuerdos son la oportunidad perfecta para cerrar la brecha de igualdad en el país, algo que traerá amplios beneficios.

“No creo que optimismo sea la palabra que utilizaría, pero sí creo que los acuerdos de paz tienen la enorme oportunidad de impulsar la economía colombiana”, dijo Joseph Stiglitz, premio Nobel y el invitado principal al congreso de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), que se realizó en Cartagena.

Stiglitz aseguró que el posconflicto es el momento para impulsar el desarrollo en el país mediante el cierre de las brechas de igualdad. “Las grandes tendencias en la economía actual tienen que ver con el crecimiento demográfico, el cambio climático, los retos a la globalización que presenta Trump y el populismo y la desigualdad”, asegura el economista.

“El gran reto del crecimiento en desarrollo y productividad es la reducción de la desigualdad. Y es un problema aún más grande en Colombia, aunque me parece que los acuerdos de paz representan la mejor oportunidad para solucionar este escenario. Y para cumplir lo pactado se requiere una gran inversión y gasto: esto, a su vez, puede estimular el crecimiento de la economía colombiana”.

El discurso de Stiglitz es bien conocido por responsabilizar a las instituciones financieras de buena parte de la desigualdad en el mundo: “El crecimiento del sector financiero es una de las razones que explican por qué hay cada vez más pobres y la riqueza se concentra en menos manos”.

¿Qué sectores pueden contrarrestar este efecto? Stiglitz aseguró que la vivienda es un campo que presenta grandes oportunidades para incrementar el desarrollo y la productividad. “Es un sector en el que el gasto produce dos beneficios. El primero es que crea empleos para trabajadores de baja y mediana calificación, por su alta demanda de mano de obra. Y, por el otro lado, la vivienda es, a todas luces, una parte muy importante del estándar de vida de una persona. Y esto no es sólo una estadística o una teoría económica. Es real y se ve todos los días y tiene una implicación económica, como el incremento en la productividad de la mano de obra. Si se vive mejor, se trabaja mejor, y eso ofrece beneficios para todo el sistema”.

El crecimiento demográfico es uno de los factores que contribuyen a la expansión de la brecha de desigualdad. Stiglitz argumenta que, en el largo plazo, la variable poblacional pesará menos, pues el incremento de este factor bajará. Entonces, ¿cómo luchar contra la desigualdad en ese escenario? “En el largo plazo, el crecimiento demográfico va a frenarse y hay que ajustarse a eso. Ya está pasando en Japón y en buena parte de Europa. Sólo que aún no se siente en países como Colombia. Así que en el corto plazo, el desbalance entre el crecimiento económico y el demográfico es lo que alimenta los movimientos migratorios que vemos en todo el mundo. Aunque los problemas de la migración han sido ampliamente exagerados, principalmente en Estados Unidos y principalmente por Donald Trump, que opera con información terriblemente desactualizada y errónea”.

Y añadió: “Ahora, las fuerzas que impulsan la desigualdad son muchas. La demografía es apenas una. Por ejemplo, si hay un crecimiento de trabajadores menos calificados y un mal sistema de educación, esto implica que los salarios de esa fuerza laboral bajarán. ¿Qué nos dice esto? Que la educación es uno de los factores claves para luchar contra la desigualdad y las falencias en este punto alimentan la transmisión de desigualdad en las generaciones. Me explico: los padres con mejores recursos usualmente le dan mejor educación a sus hijos, mientras que en las familias pobres sucede lo contrario. Y esto, a la larga, lo que nos dice es que es bueno fortalecer los sistemas públicos de educación, por ejemplo”.

La educación es uno de los aspectos sobre los que el economista habla con más pasión, pues parte de su discurso también gira alrededor del papel del conocimiento en la dinámica económica moderna. “Lo que separa las economías desarrolladas de las emergentes es la brecha en conocimiento. Y para esto se necesita un sistema de educación integral, en todos los niveles. Piense que si se quiere mejorar la calidad de la medicina, entonces debe tener una gran escuela y después laboratorios y clínicas y toda una infraestructura para cultivar y aprovechar el talento en el que ya ha invertido. Lo que impulsa las migraciones, y que también aplica para trabajadores altamente calificados, no es sólo el nivel de los salarios, sino las oportunidades, las posibilidades de hacer, de construir. Y esto explica por qué algunos países han logrado entrenar grandes doctores, pero no pueden retenerlos”.

Una de las temáticas transversales en las charlas del congreso es la inclusión de tecnología e innovación como motor de toda una industria. Para ser justos, no es un discurso original, pues el ingreso a la era digital es una necesidad, no sólo en la construcción y la vivienda, sino en todas las actividades económicas humanas.

Pero, a su vez, la adopción indiscriminada de tecnología rápidamente está cerrando la separación entre la mano de obra humana y la robotizada. Sobre los peligros de la automatización, Stiglitz asegura que no son una ficción, sino una presión real y constante. “En Estados Unidos, una de las estadísticas que más se citan en este debate es que en cinco años no habrá conductores de camiones. Y este es un segmento que concentra la mayor cantidad de hombres sin diplomas universitarios en el país. Lo que puedo percibir es que hay un cambio en la actitud de muchas personas en Silicon Valley: pasaron de ser optimistas y evangelizadores de la tecnología a pesimistas. Y en este pesimismo hay oportunidades, pues nos dice, muy de frente, que hay porciones de la economía que no pueden ser reemplazadas por máquinas hoy y que probablemente tampoco lo serán en el futuro: hablo del cuidado de la población más vieja, la salud, la educación. Aquí hay una oportunidad para decidir como sociedad que estos renglones de la economía valen más y pagarlos mejor. También abre la posibilidad de cobrar impuestos a empresas e industrias de tecnología que automaticen la mano de obra humana, y esto puede dinamizar varios sectores”.

Y esta cuestión, entre otras, toca el punto del gasto público y las estrategias que hay para mejorar su impacto y distribución. Stiglitz dice al respecto que: “Hay que decir que tanto el sector público, como el privado, deben mejorar. En EE.UU., por ejemplo, hay partes de lo público que funcionan mejor que cualquier empresa, como el sistema de seguridad social. Habiendo dicho eso, en muchos casos, las comunidades locales son más eficientes en esta tarea a través de alianzas público-privadas incluso. Mejorar el sector público no es posible sin el apoyo de las comunidades y de la sociedad civil”.

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