México vs. Colombia: el duelo político inevitable

Por Octavio Quintero

“Toda comparación es odiosa”, dice la gente…

El destino político ha puesto automáticamente, a partir de este momento a Colombia y México, a comparar las gestiones de sus gobiernos en los próximos años, por el hecho de haberse dado, con pocos días de diferencia, las elecciones presidenciales en las que la moneda va a mostrar sus dos caras: Derecha e Izquierda.

Primero fue Colombia que el 17 de junio, su población, efectivamente asustada con el fantasma del “castrochavismo”, se dio un presidente, Iván Duque, de clara estirpe derechista y oscuro génesis. Luego fue México que el 1º de julio, su población, persistiendo en el cambio, se dio un presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de estirpe izquierdista y, por ende, tachado de populista.

En Colombia, Duque, en sus primeros escarceos de poder, ha mandado a su fuerza política en el Congreso a hacer trizas el acuerdo de paz entre Santos y las Farc-Ep; y en el campo internacional, asume el consabido papel de obsecuente servidor de los intereses políticos y económicos del imperio, invitando al retiro de “nuestros países de UNASUR, una organización – añade– que se ha convertido en cómplice de la dictadura venezolana”, dijo al término de una reunión con el secretario de la OEA, Luis Almagro, encarnizado enemigo político y personal de Maduro.

Tanto interna como externamente, los dos anuncios del nuevo presidente colombiano han generado natural zozobra, pues, abortar el proceso de paz, significaría reafirmar en su lucha armada a las disidencias guerrilleras reviviendo, con pronóstico reservado, el azaroso camino del conflicto armado; y, acicatear al vecino, es recalentar una frontera que, en tiempos de menos confrontaciones, cualquier chispa les ha servido para pelarse los dientes.

En México, en cambio, el nuevo presidente le envía un mensaje de tranquilidad a la ciudadanía pidiéndole que “nadie se asuste porque lo que vamos a hacer juntos, es arrancar de raíz el régimen corrupto de injusticias y de privilegios”. Y en el campo internacional, notifica que buscará con el belicoso Trump, una “relación de amistad y de cooperación para el desarrollo, basada en el respeto mutuo y en la defensa de nuestros paisanos migrantes que viven y trabajan honradamente en Estados Unidos”.

Es sintomático que los medios de la región, inclinados siempre hacia EE.UU., hayan registrado al unísono que ahora se abre un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales de estos países, con mensajes conciliadores tanto de Trump como de López Obrador. Y en efecto, el mismo domingo, cuando se reconoció el abrumador triunfo de AMLO, el presidente Donald Trump tuiteó:

@realDonaldTrump

Congratulations to Andres Manuel Lopez Obrador on becoming the next President of Mexico. I look very much forward to working with him. There is much to be done that will benefit both the United States and Mexico!

Mientras Duque se monta en un avión rumbo a Estados Unidos y se hace fotografiar “sorprendido” viajando en clase económica, AMLO anuncia la reducción de su sueldo a la mitad, y con ello la reducción de todos los sueldos de la alta burocracia, para aumentar los sueldos de la población laboral de menores ingresos.

Recordando, con algún grado de ironía los ataques de la prensa, el presidente electo agregó: “Si bajar el sueldo a los de arriba y subir el sueldo a los de abajo es ser populista, que me apunten en la lista”.

Agua y aceite es lo que queda de la comparación, a mano alzada, de los dos programas de gobierno: Duque anuncia reducción de impuestos a la renta para buscar que las empresas sean más competitivas en el campo internacional y generar más empleo nacional (la misma carreta que antes); y AMLO se compromete a reflejar en el presupuesto de 2019 un aumento a las pensiones y el apoyo a los jóvenes para garantizarles el derecho al estudio y al trabajo. En su gobierno, reiteró que los maestros, las enfermeras, los doctores y otros empleados públicos, ganarán más que la alta burocracia.

El nuevo mapa

En el portal de ASOCAMERLAT (Asociación cultural de Información y Comunicación de América Latina), el profesor colombiano, Miguel Ángel Herrera Zgaib, hace un juicioso anticipo del panorama geopolítico que para el Continente Americano significa la ascensión de López Obrador a la presidencia de México.

“Con este triunfo –dice—se romperá el cuadrilátero de hierro neoliberal que en la política regional conforman Chile, Perú, México (el de Peña Nieto) y Colombia, gobiernos aliados de la república imperial estadounidense.

“Es el tiempo –agrega– de renegociar los TLC con EE.UU. y de repotenciar los proyectos Unasur y Celac, cuyo desmonte pregonan desde la OEA, Almagro y Duque, quienes tienen a Venezuela entre ceja y ceja…

A partir del 1o. de julio, América Latina no será la misma. La mirada hacia el Norte tendrá como referente otra luminaria”.

El triunfador de las elecciones del domingo 1 de julio añadió que en ese mensaje presupuestal se incluirán asimismo partidas para cumplir promesas de campaña.

“El presupuesto de 2019 va a reflejar el programa que se propuso en la campaña, es decir ya viene el aumento a las pensiones a los adultos mayores, el apoyo a los jóvenes para garantizarles el derecho al estudio y al trabajo y viene también el ajuste que se va hacer, aclaro, en los sueldos de los altos funcionarios públicos, empezando por el sueldo del presidente”, dijo.

Otra sorpresa poselección para los periodistas fue cuando AMLO reiteró que no vivirá en la residencia de Los Pinos y que no utilizará la guardia presidencial como su escolta permanente. Se le indagó, entonces, en son de reclamo por su seguridad personal, a lo que el presidente electo dijo: “Me va a cuidar la gente, el pueblo, y me van a cuidar ustedes; estoy hablando de fotógrafos, camarógrafos (porque) me he llevado algunos golpecitos”, dijo bromeando y señalando su frente. Y a renglón seguido dijo, más en serio: “No tengo enemigos, no quiero tenerlos; tengo adversarios y los respeto mucho, y a ellos tiendo la mano franca”.

Es inevitable de lado y lado

No se requiere ser mexicano de derecha o colombiano de izquierda, o viceversa, para intuir que tanto allá como aquí se aprovecharán los aciertos y errores del uno y del otro para potenciarlos en México y Colombia, según el caso.

Puede que más en Colombia, porque a más de ocho millones de colombianos, el 42% de los votos válidos, les quedó la espinita de que faltó ese eterno centavo para el peso; centavo que en esta oportunidad es de carne y hueso y tiene nombre: Sergio Fajardo (el excandidato presidencial del centro) y Jorge Enrique Robledo (el senador de seudoizquierda) de quienes se esperaba más que declarar una fementida neutralidad ante el enfrentamiento directo, por primera vez en 200 años “de los mismos con las mismas” frente a una alternativa de mejores perspectivas sociales.

En México, el apabullante triunfo de López Obrador, no le abre camino de momento a la derecha para reclamar a los electores su decisión. Es más, la derecha ha perdido el poder debido a sus flagrantes errores y la invasiva corrupción, circunstancias también manifiestas en Colombia, pero aquí, en un escenario político de revanchismo ante la que siguen suponiendo una traición de Santos a Uribe y de la evidencia de miles y miles de venezolanos que salen de la martirizada Venezuela, pues, les dio pie para votar con el inconsciente condicionado por muchos años de creer en el dicho de que “es mejor malo conocido que bueno por conocer”.

@oquinteroefe

Abrir la barra de herramientas