¿Para qué prorrogar?

La solución no es abrir el boquete de ampliar, vía Congreso, el periodo de funcionarios.

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Por Alfonso Gómez Méndez

Hace 30 años, el país esperanzado asistía a la primera elección popular de alcaldes. Fue el comienzo, por lo menos en teoría, del desmonte del férreo régimen de ‘centralización política’ impuesto por la regeneración conservadora como reacción al régimen federal.

Contrariamente a lo que suele decirse, el primer gran paso hacia la participación popular en la conformación de los cuadros políticos regionales se dio en vigencia de la Constitución de 1886 y, quién lo creyera, auspiciado por el propio Partido Conservador. Quien propuso el cambio fue el senador Álvaro Gómez Hurtado, apoyado por el gobierno del también conservador Belisario Betancur. El liberalismo tuvo su aporte, en la gestión del entonces ministro de Gobierno Jaime Castro, quien había ingresado a la administración como colaborador “personal y técnico”.

Treinta años después, han pasado muchas cosas. La descentralización política se completó en la Constituyente con la elección popular de gobernadores.
Indudablemente, las elecciones regionales estimularon la participación popular. Ha habido ‘olas’ para elegir, según la época, personajes que se presentan como ‘antipolíticos’, pero que finalmente quedan incrustados en la política.

Por momentos llevaron la ventaja sacerdotes en ejercicio o en receso, como el caso del cura Bernardo Hoyos, alcalde de Barranquilla que logró perfilarse como candidato presidencial. Otro sacerdote en La Dorada logró despojar transitoriamente del poder al reconocido cacique liberal Víctor Renán Barco. También se han presentado como candidatos actores de televisión, presentadores, locutores deportivos, periodistas, militares retirados, la mayoría de ellos con la principal bandera de la antipolítica o la lucha contra la corrupción.

Ha habido alcaldes con muy buenos resultados, como el entonces profesor de la Universidad Nacional Antanas Mockus, a quien María Isabel Rueda llevó al estrellato político, sin proponérselo, al publicar en su noticiero de TV un video en el que el filósofo se presentaba ante sus alumnos exponiendo las partes nobles posteriores. Tuvo que renunciar a la rectoría de la U., pero de ahí salió para la Alcaldía de Bogotá, se convirtió en político y después fue varias veces candidato a la presidencia y vicepresidencia, en algunas ocasiones por firmas, otras por los indígenas y más recientemente, por el partido Verde, bien distinto, por cierto, a los partidos ecologistas en Europa.

Primero tuvieron períodos de dos años; luego, de tres; después, de cuatro, y ahora se plantea su prórroga automática para ‘unificar periodos’.

En un alto porcentaje, los alcaldes elegidos han sido sancionados por la Procuraduría o llevados a la cárcel por la Fiscalía y los jueces, incluidos algunos que se hicieron elegir bajo el ropaje de la lucha anticorrupción.

Muchos municipios o distritos han tenido desórdenes administrativos y políticos porque sus alcaldes no logran terminar periodos por destituciones o carcelazos. Para citar solo casos muy conocidos: Cartagena, Riohacha o Villavicencio han tenido cuatro y más alcaldes en un mismo período.

Sin que haya aún una respuesta científica confiable, y más allá del tema de la participación popular, hoy es válido hacerse la pregunta: ¿tenemos ahora mejores mandatarios regionales que antes?

De otro lado, por esta vía de elección de alcaldes y gobernadores se han creado verdaderas ‘castas regionales’, algunas veces cooptadas por grupos al margen de la ley.

Es curioso que uno de los argumentos para la unificación de periodos, con prórroga incluida para los actuales mandatarios, sea el de la necesidad de armonizar su accionar con el de la Administración central, incluyendo presidente, ministro de Hacienda y director de Planeación. Eso indica que el centralismo se mantiene.

No parece que la solución sea abrir el boquete de ampliar, vía Congreso, el periodo de funcionarios popularmente elegidos. ¿Se podrá hacer lo mismo con los congresistas o incluso con el presidente, como lo hizo el dictador Rafael Reyes por una constituyente de bolsillo en 1905?

ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ

Fuente: https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonso-gomez-mendez/para-que-prorrogar-alfonso-gomez-mendez-282008