¡Por fin México!

Agencias

La nación azteca cambia de rumbo. Con un amplio margen el candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), ganó con contundencia las elecciones presidenciales este domingo 1 de julio para el sexenio 2018-2024.

Para estas elecciones estaban convocados más de 80 millones de mexicanos aptos para votar.

En su tercer intento consecutivo de alcanzar la silla presidencial, AMLO, como se lo conoce entre los mexicanos, se impuso en los comicios con más de 20 puntos por delante de sus rivales de los partidos tradicionales: Ricardo Anaya, impulsado por una coalición de derecha e izquierda (PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano) y José Antonio Meade, del oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI), quien se ubicó de tercero.

En una rueda de prensa, Meade reconoció que las “tendencias no favorecen” al PRI y deseó a López Obrador el “mejor de los éxitos”.

Los primeros datos que arrojó el Instituto Nacional Electoral (INE) con base en las primeras actas, dieron a López Obrador el 42,8% de los votos; a Anaya el 29,3 %; y a Meade el 18%.

El triunfo de López Obrador es la constatación de que el país exige a gritos un cambio. El hartazgo y el enojo con el sistema actual han podido más que cualquier otro factor. México le brinda la oportunidad a quien se lo había denegado en dos ocasiones. A los 64 años, el líder de Morena promete una transformación a la altura de la Independencia, la Reforma y la Revolución.

“Este es un día histórico”, dijo a la prensa López Obrador antes de votar. “Nosotros pensamos que la gente nos va a dar su apoyo (…) va a lograr esta transformación sin violencia, de manera pacífica, va a ser un cambio ordenado y al mismo tiempo profundo”, añadió rodeado de su esposa, sus hijos y una nube de periodistas en un centro electoral en el sur de la Ciudad de México.

La propuesta política antineoliberal y la lucha contra la corrupción, encarnada en el bipartidismo mexicano, es el marco discursivo que ha convertido al presidente electo en un líder con potencial para dirigir un cambio político de grandes dimensiones en el país.

El interés de AMLO es el de posicionarse como líder progresista en un escenario regional muy particular, en el que sus movimientos son poco estridentes y avanzan paulatinamente con la “seguridad” que le da tener aliados en el centro del espectro político mexicano.

López Obrador, exalcalde de Ciudad de México, busca sacudir el statu quo con una cruzada para acabar con la arraigada corrupción, la descontrolada violencia de los cárteles de la droga y reducir la profunda desigualdad del país.

El nuevo mandatario ha propuesto revisar millonarios contratos públicos y decenas de adjudicaciones petroleras, reducir los precios de las gasolinas y revisar o eliminar algunas de las reformas estructurales del actual Gobierno presidido por el neoliberal Enrique Peña Nieto del PRI.

Morena, el sector político de López Obrador, fue hoy un terremoto, dijo un analista, aunque el presidente electo ha prometido un cambio gradual, ordenado pero contundente para el país, del cual pretende ‘desterrar la mafia del poder’.

Pretende mantener el equilibrio macroeconómico, pero también protagonizar medidas de índole social para beneficio de sectores preteridos, entre ellos adultos mayores, jóvenes y hacedores del campo mexicano.

Su victoria además tendrá un impacto internacional. Pero sobre todo en el continente latinoamericano. En efecto, México tras décadas de mandatos neoliberales, se va a la izquierda, cuando en Latinoamérica campea una mayoría de gobiernos articulados por la derecha en la Organización de Estados Americanos (OEA) y el llamado Grupo de Lima, con franca intervención contra Venezuela, y silencio cómplice sobre situaciones como las de Brasil y Argentina, con alta volatilidad social y política.

México ha dado en las urnas la espalda al legado de Peña Nieto y ha rechazado el cambio que proponían los candidatos de los partidos tradicionales. Lo ha hecho de manera abrumadora en una jornada democrática como se recuerdan pocas: sin apenas incidentes que resaltar; sin acusaciones de fraude de ida y vuelta. Una tranquilidad pasmosa, comparada con el turbulento día a día que azota el país.

Además, la contundente victoria de López Obrador pone patas arriba el sistema tradicional de partidos de México. Desde 1988, la política mexicana ha girado principalmente en torno al partido hegemónico PRI; el conservador PAN y el progresista PRD. Todo eso puede quedar reducido a cenizas.

México afronta desde este de julio una nueva era. Un desafío que trasciende a un país de 120 millones de personas, que ha decidido abrir la puerta del poder a la izquierda.

Claudia Sheinbaum, primera alcaldesa de Ciudad de México

Científica especialista en medio ambiente, Claudia Sheinbaum, se convirtió este domingo 1 de julio en la primera mujer electa como alcaldesa de la Ciudad de México, fue la candidata de Morena, el movimiento que lidera el presidente electo de la nación azteca, Andrés Manuel López Obrador.

Nacida en una familia judía e hija de científicos, Sheinbaum estudió Física en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tiene un doctorado en Ingeniería Energética y ha sido consultora de Naciones Unidas.

Su trayectoria política ha sido discreta y limitada a la capital. En 2000, el entonces alcalde López Obrador la nombró secretaria de Medio Ambiente, cuando ambos militaban en el PRD.

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