S.O.S por la Sierra Nevada de Santa Marta

Cada día el ritmo del derretimiento de los casquetes glaciares es mayor a medida que se acentúa el calentamiento global, a tal punto que, según el IDEAM “Santa Isabel podría desaparecer en 10 años aproximadamente, el Nevado del Tolima en el año 2030, la Sierra Nevada de Santa Marta en el 2040 y el Cocuy en el año 2050”. Este sería el último en desaparecer.

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Por Amilkar Acosta

Según el IDEAM en 1850 el país contaba con un área de 349 kilómetros cuadrados de área glaciar y ya para el 2010 sólo contábamos con 45 kilómetros cuadrados, el 12% (¡!), los cuales, en sólo 8 años, para el 2018, ya se había reducido a 37 kilómetros cuadrados, que se concentran en dos sierras nevadas (el Cocuy o Güicán y Santa Marta) y cuatro volcanes (Ruiz, Santa Isabel, Tolima y Huila). Y cada día el ritmo del derretimiento de los casquetes glaciares es mayor a medida que se acentúa el calentamiento global, a tal punto que, según el IDEAM “Santa Isabel podría desaparecer en 10 años aproximadamente, el Nevado del Tolima en el año 2030, la Sierra Nevada de Santa Marta en el 2040 y el Cocuy en el año 2050”. Este sería el último en desaparecer.

Como respuesta a mi llamado de atención, ilustrado con una patética fotografía que muestra el alarmante deshielo de la Sierra Nevada de Santa Marta que, entre otras cosas, no es la excepción sino la regla, un amigo me pregunta qué estamos haciendo y qué hemos hecho, la cual a mi juicio merece una respuesta y allí va:

Lo primero que hay que hacer es tomar conciencia de esa realidad y de la gravedad de la amenaza del cambio, o, mejor dicho, la variabilidad climática.

Para ello hay un camino largo y arduo por recorrer, pero como dicen los chinos hasta el camino más largo hay que dar los primeros pasos para recorrerlo y creo que se han venido dando pasos muy importantes en la dirección correcta, de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) hasta neutralizarlas y contrarrestar así su devastador impacto.

En efecto, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático realizada en Paris (COP 21) en 2015 y el Acuerdo que se firmó por 195 países (!) constituye un hito de la mayor importancia. Ese mismo año se aprobó la iniciativa que había presentado Colombia en la Cumbre Rio + 20, nada menos que los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), al tiempo que Colombia adquirió el compromiso de reducir sus emisiones de GEI en un 20% para el 2030. El Documento CONPES 3919 de marzo de 2018 contiene los lineamientos de política tendientes a cumplir con tales objetivos. Además, mediante la Ley 1931 de julio de 2018 se establecieron “las directrices para la gestión del Cambio climático”. Huelga decir que Colombia ha sido pionera en Latinoamérica y se puso a la vanguardia con la expedición de la Ley 99 de 1993, mediante la cual se creó el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) y el Sistema Nacional Ambiental (SINA), del cual hacen parte las corporaciones autónomas regionales (CAR).

En cuanto a mi respecta, he sido un comprometido, como el que más, con la causa medioambiental y siempre que tenido la ocasión de intervenir en temas atañederos a la misma hemos puesto nuestro granito de arena: cuando fui Coordinador del CORPES de la región Caribe trabajamos de la mano con la Fundación Sierra Nevada de Santa Marta y su director el ex ministro de Ambiente Juan Mayer por su preservación y recuperación. Como presidente del Congreso de la República sacamos avante la Ley 461 de 1998, adoptando “la Convención de las Naciones Unidas contra la desertificación en los países afectados por sequía grave o desertificación”, tales como Colombia en general y La guajira en particular. Logré, también, la expedición de la Ley 693 de 2001, de mi autoría, que le dio vida a los biocombustibles en Colombia, la cual obliga a las mezclas de un porcentaje del 10% de etanol con la gasolina y del 10% de aceite con el diésel y, de esa manera, al oxigenar el combustible, reducir las emisiones de GEI de los vehículos. A mi paso por el Ministerio de Minas y Energía, lideré junto con el Senador José David Name, que fue el autor de la iniciativa, la expedición de la Ley 1715 de 2014, a través de la cual se incentiva, se estimula y promueven las fuentes no convencionales de energía renovable (FNCER), gracias a la cual ya se están dando los primeros desarrollos tendientes a robustecer y diversificar aún más nuestra matriz energética con su integración a esta.

Entre otras cosas, el 26 de febrero de este año se llevará a cabo la primera subasta en la que concurrirán propuestas de proyectos de FNCER, la cual tiene como finalidad pasar de 50 MW instalados de generación con los que contamos hoy a 1.500 MW y los mayores desarrollos tendrán lugar en La Guajira, que es la región del país con el mayor potencial en FNCER. Además, como director ejecutivo de la Federación Nacional de Departamentos propiciamos y auspiciamos la realización de una Cumbre de gobernadores en Riohacha teniendo como tema central los “retos del cambio climático y la problemática del agua”, a la cual asistió como invitado especial el ex presidente de Costa Rica José María Figueres, líder destacado en América Latina en energías renovables y medioambiente.

Por lo demás, a través de mis múltiples escritos, publicaciones y participación en eventos (congresos, conferencias, paneles y conversatorios) he fijado mis posiciones en defensa del medio ambiente y de apoyo a las políticas tendientes a evitar y reducir al máximo el impacto social y ambiental de la actividad económica, particularmente en el sector minero-energético, mitigarlo y/o compensarlo.

Ahora tendremos la oportunidad, si es que nos la dan, con ocasión de la formulación y elaboración del Plan de desarrollo 2018 – 2022, para ser más pro activos como país en la defensa del medio ambiente, especialmente metiendo en cintura la deforestación, que supera las 200.000 hectáreas anuales y está nuevamente disparada, incrementándose el 32% en 2018 y dándonos una hoja de ruta para la implementación de políticas tendientes a reducir las emisiones de GEI y así contribuir al objetivo de evitar que el aumento de la temperatura sobrepase los 1.5 grados centígrados más con respecto a la era preindustrial de aquí al final del siglo. Esta es la nueva meta planteada por el Panel de expertos de las Naciones Unidas sobre el Cambio climático (IPCC) en octubre pasado, que coincide con las conclusiones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio climático que tuvo lugar en Kotowice, Polonia (COP24) en diciembre pasado, al revaluar la meta de un máximo de 2 grados de la COP21. Según el IPCC, sólo nos quedan 12 años “para impedir los daños irreparables del Cambio climático”. ¡Así de claro!

Esta lucha no será fácil habida cuenta de los intereses creados que se pueden sentir vulnerados con las acciones y políticas contra el Cambio climático, amén del negacionismo de este, que ha encontrado en Trump su mayor exponente y sobre todo su mayor propulsor dado el poder que ostenta al ser el presidente de la primera potencia del mundo, la cual por decisión de este jayán ignaro renegó del Acuerdo de París.

Creo haber esbozado de esta manera cuánto estamos haciendo y que hemos hecho y, cómo se podrá colegir fácilmente, es más cuánto debemos hacer que cuanto hemos hecho. ¡Este es el reto!

Edición 620 – Semana del 25 al 31 de enero de 2019

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