Bajo crecimiento mundial

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Eduardo Sarmiento Palacio

Por Eduardo Sarmiento Palacio

Las condiciones mundiales han colocado a los países emergentes en estados de déficits en cuenta corriente y altas tasas de interés que los precipitan en recesión. Las condiciones que experimentaron los países periféricos de Europa: Grecia, España, Portugal e Italia, se extendieron a América Latina.

Las teorías dominantes de la ciencia económica consideran que las relaciones macroeconómicas internas y externas son reguladas por tasas de interés. Las presiones inflacionarias, las recesiones y los desbalances externos dan lugar a alzas y bajas de las tasas de interés que los corrigen. Así, los bancos centrales por conducto de la tasa de interés de referencia están en condiciones de mantener la plena capacidad y empleo, y estabilizar la balanza de pagos.

El expediente, que dominó la economía mundial durante 25 años, se precipitó en crisis en 2008 y no ha podido superarse. Como lo demostré en ese entonces, parte de la explicación está en un exceso de ahorro sobre la inversión que se manifiesta en tasas de interés cero. El diagnóstico controvertía la teoría aceptada y en un principio se rechazó. Sin embargo, resurgió gracias a su aceptación creciente por parte de personalidades de la talla de Stiglitz, Bernanke, Krugman y Summers. Aún más sorprendente, la revista The Economist, defensora cerrada de los bancos centrales autónomos, el tipo de cambio flexible y el mercado libre, lo acogió como propio. En un artículo extenso publicado en la última entrega muestra cómo la tasa de interés de largo plazo de Estados Unidos bajó de 4 a 0 % en los últimos 15 años y no pudo ser detenida por el alza de la tasa de referencia de la Reserva Federal. Ante semejante evidencia, la revista no duda que la economía de Estados Unidos ha operado dentro de exceso de ahorro, y más, adelanta algunas hipótesis sobre las causas.

Las principales causas del exceso de ahorro mundial se encuentran en la globalización y el crecimiento. La competencia de los países desarrollados para elevar el ahorro y entrar en los mercados internacionales colocaron el salario por debajo de su productividad; la expansión de la producción no encuentra la demanda que la sostenga. Por eso, el mundo ha entrado en un estado de tasas de crecimiento muy inferiores a las observadas después de la Revolución Industrial.

Las irregularidades de los países desarrollados no demoraron en extenderse al resto del mundo. El exceso de ahorro les significa superávit en cuenta corriente que tienen como contraparte déficits en los socios comerciales. Los países de menor desarrollo encuentran serias restricciones para bajar las tasas de interés y elevar el tipo de cambio, y como todos están en las mismas circunstancias, las devaluaciones resultan inefectivas. En la práctica, no disponen de más medios para corregir los desbalances externos que bajar los salarios y contraer la producción y el empleo. Así, en Colombia los déficits en cuenta corriente en 1999 y ahora en 2016 se han tratado de corregir por la vía de altas tasas de interés y austeridad fiscal.

En fin, la independencia del Banco Central para regular la tasa de interés no garantiza el pleno empleo y la plena capacidad ni la estabilidad de la balanza de pagos. En su lugar, se plantea una política fiscal y de fina gradualidad suplementada con la política monetaria. En los países desarrollados adquiere la forma de ampliación de los déficits fiscales. No hay otro camino para que los aumentos de productividad de la cuarta revolución industrial dispongan de la demanda que los sostenga. En los países en desarrollo se requieren, adicionalmente, tipos de cambio fijos ajustables dentro del marco de políticas comerciales e industriales orientadas a ampliar las exportaciones que disponen de demanda mundial y asegurar el balance de las cuentas externas.

El Espectador, Bogotá.