Bogotá necesita un modelo de gestión sostenible de residuos

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Por Celio Nieves Herrera, concejal de Bogotá

Aproximadamente en Bogotá se producen 6.500 toneladas diarias de residuos sólidos que tienen como destino final el Relleno Sanitario Doña Juana ubicado al sur de la ciudad entre las localidades Usme y Ciudad Bolívar. Como resultado de una gestión inadecuada en el manejo de los residuos y una operación deficiente del relleno, los habitantes de esta zona, quienes son principalmente campesinos, han sufrido constantes problemas de salud y un notable deterioro en su calidad de vida asociado a los problemas sanitarios y olores “ofensivos” a los que están expuestos, así como la presencia de vectores como moscas y roedores.

No es extraño que dichas comunidades hayan decidido manifestarse el pasado 14 y 15 de agosto, dando a conocer a todos un problema que los afecta a ellos, pero que tiene relación directa con cada uno de los habitantes de esta ciudad.  Ellos solicitan la clausura definitiva del Relleno Sanitario Doña Juana, con lo que estamos de acuerdo (que tiene licencia ambiental vigente hasta el primer trimestre del año 2022), o que en su defecto se implementen nuevas tecnologías para el manejo de los residuos urbanos. Por su parte, la administración distrital ha propuesto la reubicación de los pobladores localizados en el área de influencia, el incremento en la tarifa de aseo, la extensión de la licencia ambiental y con ello la prolongación de la vida útil del relleno. Esto sin tener en cuenta que la solución debe ser de fondo, en cuanto a Bogotá se debe pensar en una gestión sostenible en el manejo de los residuos sólidos y no en pañitos de agua tibia que en el corto plazo  terminarán llevando a la urbe a enfrentarse a una grave emergencia sanitaria.

¿En qué consisten dicha gestión sostenible de residuos?  Es una gestión que involucra a todos los actores  relacionados con la generación de residuos, en este caso a todos los bogotanos, pues todos somos consumidores y en mayor o menor grado somos generados de desechos, así que todos tenemos responsabilidad.   Primero se debe reducir considerablemente el volumen de residuos que producimos y que requieren ser tratados en su disposición final, varios estudios han establecido que cerca del 70% de estos residuos son reutilizables. Para ello es relevante implementar acciones y metas puntuales encaminadas a la prevención en la generación de residuos, esto se logra por ejemplo, si se evita o se reduce la compra de productos con empaques desechables, muchos de ellos pueden ser reutilizados. Mediante la separación y la recolección selectiva de los desechos, se incentivan procesos de reciclaje de los residuos que tienen valor como materias primas para la industria o la agricultura, reduciendo el volumen que requiere una disposición final.  Es importante tener en cuenta que todos los residuos orgánicos pueden ser objeto de compostaje utilizado principalmente como abono y para la generación de biogás.

El 30% de los residuos sólidos que no son reutilizados o reciclados deben ser sometidos a procesos de valorización donde puedan ser aprovechados para la producción de energía. Múltiples ejemplos internacionales dan cuenta de la utilización de tecnologías para la transformación de los residuos en energía mediante tratamientos térmicos que se dividen en dos categorías: 1) Quema de residuos en presencia de oxígeno – incineración, 2) En ausencia o poco oxígeno y sin combustión directa – pirolisis, gasificación, termólisis y plasma.

En Holanda, las basuras desaparecen y no por arte de magia, según Herman Huisman (experto en residuos sólidos del minambiente holandés) “de los 60 millones de toneladas de residuos que se producen al año en ese país, el 80 por ciento se recicla, el 18 por ciento se incinera y solo el 2 por ciento va para rellenos sanitarios”. Suecia ha optado por transformar los residuos que no pueden reciclarse ni reutilizarse para generar calefacción urbana mediante la incineración, de esta manera 950 mil casas suecas se calientan y 260 mil se iluminan por año, al punto de requerir la importación de residuos provenientes de Noruega, Irlanda e Inglaterra. En Estados Unidos y Japón también se emplea la incineración como método de tratamiento de los residuos, al igual que la ciudad de Sao Paulo en Brasil que cuenta con dos plantas de incineración, con capacidad de 2.500 toneladas por día. Cabe aclarar que este tipo de tecnología puede producir emisiones de CO2 como producto de la combustión de algunos plásticos, sin embargo, no es comparable con las emisiones producidas en los rellenos sanitarios.

Otro de los tratamientos de residuos sólidos urbanos consiste en la pirólisis que en ausencia total de oxígeno transforma la materia prima por medio de una serie de reacciones y de cambios de temperatura. Esta tecnología ha sido empleada exitosamente en países como Finlandia y Canadá quien lidera su desarrollo a nivel mundial. Además promueve con plantas piloto para  la gasificación de biomasa (residuos), proceso mediante el cual se convierte un sólido en un gas combustible, aunque puede generar sustancias tóxicas como dioxinas y furanos. Por su parte, la termólisis transforma los residuos orgánicos en gas metano o carbón vegetal (coque), combustible que cuenta con gran aceptación en Francia y Bélgica, donde es empleado en centrales térmicas y hornos cementeros. Una de sus principales ventajas es que trata desechos urbanos, industriales, agrícolas y hospitalarios sin producir emisiones atmosféricas.

La tecnología de plasma consiste en descomponer los residuos a su estructura molecular básica por medio de temperaturas extremas y en ausencia de oxígeno. Consiste en una tecnología limpia que sirve para generar energía eléctrica y otros derivados que la hacen rentable, por lo que ha sido utilizada en países como Estados Unidos, Puerto Rico y Japón donde ha sido empleada desde 1991.

Ante la terminación de la vida útil del Relleno Sanitario Doña Juana estamos en deuda con la implementación de un modelo real de gestión sostenible de residuos para Bogotá. Esta administración se enfrenta a la ejecución de estrategias que promuevan la separación en la fuente, la recolección selectiva que facilite los procesos de reciclaje y con ello la disminución de residuos que requieren tratamiento de disposición final. Varios ejemplos mundiales dan fe de la posibilidad, cada vez más cercana, de emplear tecnologías alternativas para el tratamiento de los desechos no reciclables ni reutilizables en nuestra ciudad. ¿Será que tenemos que esperar una tragedia mayor a las que ya se han presentado para asumir con responsabilidad el manejo de nuestros residuos?