Bufé al petróleo

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Octavio Quintero

Por Octavio Quintero

El internacionalmente reconocido analista neoliberal, Alberto Bernal, socio-director de Bulltick, firma especializada en la defensa de la libertad de mercado, le recomienda a Colombia, en su más reciente columna (La República), pisar a fondo la explotación petrolera y minera de la que, según argumenta estadísticamente, el país ha derivado “enormes” beneficios económicos y sociales en la última década.

Y, coincidencialmente, otro peso pesado del análisis económico internacional, José Antonio Ocampo, actual codirector del Banco de la República, le recomienda a Colombia, en su más reciente columna (El Tiempo), no confiarse en la actual recuperación de los precios del petróleo y, por el contrario, “las exportaciones no petroleras ni mineras, deberán ser una política de Estado para el próximo gobierno”.

Tenemos aquí, entonces, planteadas dos visiones contradictorias que reflejan bien el pensamiento de la derecha (Bernal) y el pensamiento moderado del centro-izquierda (Ocampo).

Independientemente de la confrontación ideológica que sostenga actualmente Venezuela en la persistencia de su modelo económico “Siglo XXI” frente al modelo neoliberal, de tiempo atrás, (inclusive antes de Chávez), los analistas más conspicuos le pronosticaban al hermano país futuros problemas económicos al mantenerse impávido dependiendo exclusivamente de su riqueza petrolera, sin procurar “sembrarla” a través de una política de diversificación de exportaciones, como sí lo hizo Colombia en su más álgida dependencia de las exportaciones de café.

Luego, si esto es válido, el camino más corto para llegar a la Venezuela de hoy es abandonar una política de diversificación de exportaciones y engolosinarnos nuevamente en una política extractiva de poca generación de empleo, alta contaminación y destrucción ambiental y poco rendimiento económico porque, aunque el analista Bernal, utilizando las cifras macro de las regalías pinte una arcadia económica sustentada en la explotación minera, lo cierto es que si se contrasta eso con las grandes utilidades de las empresas transnacionales, lo que le viene a quedar al país es algo marginal, a cambio de todos los problemas socioeconómicos y ambientales debidamente comprobados, derivados de la que se conoció en los albores de este gobierno como la “locomotora” minera.

Asustar al país en época electoral, es decir políticamente, con el ‘coco’ de Venezuela, por un lado, y recomendar al mismo tiempo una política claramente nociva para la salud económica (enfermedad holandesa), es de un cinismo enorme que demuestra una contradicción entre lo que se dice y lo que se hace.

Fin de folio.- “Más si preguntas lo que yo aborrezco, en una sola frase te lo ofrezco, que recogí en los labios del Pelida: pensar y hablar dos cosas diferentes…”, Alfonso Reyes, en “La verdad de Aquiles”.