Cabildo sobre no venta de ETB

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Eduardo Sarmiento Palacio

Por Eduardo Sarmiento Palacio

A principios de la semana pasada se realizó el cabildo abierto sobre la no venta de la ETB. En mi presentación me referí al juego de cifras, el estado estructural de la empresa, la diferencia entre el valor económico y el valor de mercado.

Lamentablemente la presentación del alcalde no pasó de la campaña iniciada el año pasado para desprestigiar la empresa. No es fácil entender cómo el alcalde pretende evaluar una empresa que lleva cien años con información de un año, y más con cifras contables de transición que de ninguna manera puedan interpretarse como permanentes. Las evaluaciones de las empresas deben basarse en tendencias que contemplen la historia y en parámetros robustos que no están expuestos a grandes fluctuaciones coyunturales y temporales, como serían los ingresos de ventas, el ebitda y la inversión.

La ETB no es la misma de hace veinte años; el mayor cambio se dio en los últimos cinco. Al final de la administración de Samuel Moreno (2011), atravesaba por un estado crítico. En los diez años anteriores los ingresos nominales disminuyeron en forma sistemática de un año a otro, la inversión creció por debajo de la depreciación y la actividad se concentraba en la telefonía fija, que era un producto en extinción. Nadie ofrecía más de $700 mil millones por el activo.

La solución la encontró el plan estratégico de la administración anterior en internet y la telefonía celular, que en Colombia y en todas partes del mundo avanzaban por encima del producto nacional. El plan se materializó en una inversión de 1,8 billones que no demoró en manifestarse. Luego de que los ingresos disminuyeran durante diez años, en 2013 aumentaron 1,5 %, en 2014 0,5 %, en 2015 3,3 % y en el primer semestre de 2016 3,5 %; aún más diciente, en 2015 y 2016 crecieron más que en Claro y Telefónica. La empresa se convirtió en una organización dinámica, en la cual las actividades distintas a la telefonía fija crecen más de 5 % y en el caso de la fibra óptica y la telefonía móvil lo hacen por encima de 15 %.

La transformación estuvo acompañada de un aumento en los costos que redujo el ebitda, pero, como estaba previsto en el plan estratégico, se trataba de un efecto temporal. El índice del ebitda se recuperó el año pasado y tiende a colocarse entre 35 y 40 %, que corresponde al margen de las empresas colombianas y del sector de las telecomunicaciones.

Se configuró una empresa con características muy distintas a las señaladas por el alcalde y la administración. Los ingresos tienden a crecer 3 puntos por encima de la inflación, el ebitda se estabiliza en niveles razonables, la inversión crece por encima de la depreciación, la mayor parte de la empresa avanza por encima de 5 % y la quinta parte por encima de 15 %.

La información descrita se empleó para valorar la empresa dentro de las metodologías reconocidas internacionalmente de múltiplos bursátiles y del flujo descontado de ingreso y costos. El ejercicio arrojo un valor de la empresa de $4 billones con un margen entre 3,6 y 4,5 billones. En contraste, se encuentra que el valor del mercado correspondiente al número de acciones multiplicado por su precio apenas llega a $2,2 billones.

Estamos ante una empresa cuyo valor económico, que resulta del aprovechamiento de su potencial construido durante décadas, duplica el valor del mercado. Si esta organización se somete a una subasta pública, y más después de la campaña de desvalorización de sus directivos, el precio de venta estaría cerca del valor de mercado, lo que le significaría una rentabilidad estrafalaria al comprador y le causaría detrimento patrimonial al Distrito.

La alternativa es una nueva administración que acepte el estado de la empresa y se comprometa a movilizar las inversiones y la estructura existentes para generar ingresos y elevar el bienestar de la población.

El Espectador, Bogotá.