Cambio de predicciones o de política

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Eduardo Sarmiento Palacio

Por Eduardo Sarmiento Palacio

El FMI y el Ministerio de Hacienda redujeron la predicción de crecimiento a 2 %. Como era previsible al principio del año y lo confirma la información más reciente, el resultado estará más cerca de 1 %.

Hace tres años, con motivo de la presentación de un libro, señalé en esta columna (septiembre 20 de 2014) que la economía había entrado en un estado que se asemejaba al resto de la región. Experimentaba un déficit creciente de la balanza de pagos ocasionado por la revaluación de 10 años y era evidente que no podía enfrentarse con la organización dominante de la inflación objetivo. El comentario fue cuestionado por analistas, con base en el informe del FMI que afirmaba que la economía colombiana era una excepción en América Latina y tenía todas las condiciones para sostener el crecimiento cerca de 4,5 %. Pues bien, entre esa fecha y la actualidad, el FMI ha modificado más de 10 veces la predicción y siempre hacia abajo. Es el derecho a no tener la razón. En cualquier disciplina que se respete, la revisión de una predicción debe estar acompañada de una explicación de las causas de la discrepancia y de recomendaciones concretas para que no vuelva a ocurrir.

Dentro de una ceguera histórica y teórica se considera que una economía que ha caído sistemáticamente durante tres años está exenta de fallas estructurales y se puede reactivar con un baja de la tasa de interés de intervención del Banco de la República, que ha demostrado ser ineficaz dentro de un elevado déficit fiscal y tasa de interés mundial de cero. No se aprende de la experiencia. Errores tan graves, como la devaluación masiva de 60 %, el alza de las tasas de interés y la reforma tributaria basada en el IVA, no se discuten ni se contemplan en la orientación de la política.

El desacierto de los neoliberales que sostenían que la economía colombiana estaba blindada a las perturbaciones externas y era la excepción de la región, ahora ante el deterioro generalizado de los indicadores la califican como normal y como un mensaje de que el país debe aprender a vivir durante varios años con bajas tasas de crecimiento y elevado desempleo. Le han abierto camino a la hipótesis de que el país opera en la actualidad con altos déficits gemelos, es decir, déficit fiscal y déficit en cuenta corriente cercanos a 4 % del PIB, que le restan toda discrecionalidad a la política económica. El déficit fiscal no puede aumentarse porque superaría los niveles mundiales de tolerancia y significaría la pérdida del grado de inversión y la elevación del endeudamiento. Asimismo señalan que la reactivación de la economía revertiría la tendencia declinante del déficit en cuenta corriente en los últimos meses.

En síntesis, aducen que la economía debe mantenerse en los bajos niveles de crecimiento y empleo porque la mejoría significaría la ampliación de los déficits gemelos. No es cierto. La intensificación de la política fiscal no resulta tanto en el tamaño del déficit como de la forma de financiación. Por lo demás, la solución del déficit en cuenta corriente no proviene de la contracción fiscal sino de la intervención comercial y cambiaria y la política industrial y agrícola.

En realidad, la crisis de la economía no se origina en los déficits gemelos sino en el modelo de autonomía monetaria para regular la tasa de interés, tipo de cambio flexible y presupuesto balanceado que ha dominado el manejo de la economía colombiana durante 25 años. La solución no es seguir bajando las proyecciones de crecimiento y empleo. Lo que se ha planteado anteriormente es sustituir el modelo imperante por otro de coordinación monetaria y cambiaria, intervención en el tipo de cambio y política industrial. En esas condiciones es posible reactivar la economía sin ampliar los déficits gemelos.

El Espectador, Bogotá,