Cómo el neoliberalismo tendió la trampa de la diversidad, fragmentando la identidad de la clase trabajadora

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CRONICÓN.NET /

Develar “la trampa” que ha tendido el neoliberalismo sobre la diversidad en el sentido de “cómo un concepto bueno en principio es usado para fomentar el individualismo, romper la acción colectiva” y cimentar ese criminal proyecto económico y político, se propone el sugerente ensayo escrito por el periodista español Daniel Bernabé (Madrid, 1980). Con el título “La trampa de la diversidad. Cómo el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora”, este libro (Colección A Fondo, Akal, 2018) disecciona cómo la derecha ha logrado aprovechar las grietas identiarias para imponer sus tesis individualistas. El ejemplo central es el ascenso político de Margaret Thatcher en Reino Unido en 1979 y cómo logró dar la vuelta al adjetivo “unequal” (desigual) para recubrirlo de connotaciones positivas: “Supo transformar la desigualdad económica, algo percibido como negativo por la sociedad, en una cuestión de diferencia, de diversidad. Ya no se trataba de que fuéramos desiguales porque un sistema de clases basado en una forma económica, la capitalista, beneficiara a los propietarios de los medios de producción sobre los trabajadores, sino que ahora teníamos el derecho a ser diferentes, rebeldes, frente a un socialismo que buscaba la uniformidad. Antes la derecha no se atrevía a defender que las desigualdades eran positivas, por eso apelaba tantas veces a sus raíces cristianas. A partir de Thatcher, Reagan y la revolución neoliberal la cosa cambia por completo”, explica el autor.

El ensayo analiza en detalle a la izquierda y los límites de la seducción. “Tengo siempre muy presentes los casos de Bill Clinton y Tony Blair, políticos que ganaron porque sucumbieron al impulso de dar todo lo que les pedían sus asesores, desfigurando los programas clásicos de la izquierda. En el libro pongo ejemplos sacados del documental ‘El siglo del yo’, de Adam Curtis. Los sistemas de análisis de encuestas a gran escala hacen que se imponga la opinión general, que suele ser una opinión de clase media. Ahí se crea ‘el mito del centro’ y la izquierda se acerca tanto que pierde su esencia, cae arrebatada por esas inercias”, explica.

Bernabé precisa que las referencias a la clase trabajadora desaparecieron a pesar de que es la mayoritaria en la sociedad, y se pasó a hablar de “clase media” continuamente, el clásico “todos somos clase media”. Además, se empezaron a tratar en el contexto de las guerras culturales las discriminaciones por género, raza u orientación sexual de forma totalmente desvinculada a la opresión capitalista, que utiliza y potencia dichas diferencias para aumentar la explotación; y de hecho, dichas reivindicaciones son y han sido utilizadas y mercantilizadas por el capitalismo, como puede ser el caso del denominado ‘gaypitalismo’:

“[…] existe una aceptación acrítica del neoliberalismo por parte de las minorías, como en el llamado gaypitalismo, donde los modos de vida de los miembros prominentes de la comunidad homosexual se adaptan a los valores dominantes del libre mercado. Así la consecución de los derechos LGTB se concibe como una cuestión de acceso a los bienes y el respeto que la sociedad tributa como una cuestión meritocrática. De esta manera, se está trasmitiendo el mensaje de que los problemas que encuentra un homosexual no son sistémicos, sino derivados de la actitud del individuo”.

El campo de batalla político

El texto es un intento por analizar el campo de batalla político a partir del cambio en los estilos de vida. “Era mucho más sencillo militar antes, cuando no cambiabas tanto de trabajo, ni de pareja, ni de barrio. Ahora la vida es más voluble y la implicación política también. Las personas implicadas en el activismo son cada vez más individualistas. Si te fijas en Estados Unidos, cada militante destaca en redes sociales su nombre, su foto y la causa que defiende. Antes un militante estaba afiliado a un partido que no defendía una sola causa, sino una mejora general de la situación de la clase trabajadora. Los activistas se han convertido casi en un producto especializado”, afirma.

El libro también utiliza el caso de la pintora mexicana Frida Kahlo, un icono feminista que ha sido despojado de sus posiciones políticas comunistas. El ‘lavado’ comenzó con el feminismo estadounidense en los años ochenta y ha llegado al punto de que la exprimera ministra británica y exlíder de los tories, Theresa May, apareciera en una importante conferencia en octubre de 2017 con un brazalete adornado con reproducciones de cuadros de la pintora. “Que May o sus asesores de imagen se atrevieran a tal grado de contradicción demuestra la dramática transformación de la Kahlo real a la Kahlo como objeto de consumo identitario. La almendra de ese acto fue la defensa del libro mercado, pero recubierto con términos como ‘revolución tranquila’. El gobierno de May ha destacado por sus políticas agresivas contra los inmigrantes, incluyendo algún escándalo respecto a deportaciones, pero habla de sociedad abierta, que celebra la diversidad”, denuncia. Por decirlo en una frase, el actual consenso político se forja en torno a la ‘diversidad’ en vez de a la ‘igualdad’ o la ‘justicia social’.

Desactivación de la trampa de la diversidad

Daniel Bernabé, autor de la Trampa de la Diversidad. Cómo el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora (Akal, 2018).

En la última parte de la obra, Bernabé propone algunas ideas para llevar a cabo una desactivación de esa trampa de la diversidad, aclarando que “no es un libro contra la diversidad, es decir, contra la pluralidad de nuestras sociedades…sí es un libro que trata de desvelar la transformación de la identidad en un producto aspiracional que compite en un mercado”. Y aunque este trabajo bibliográfico no propone un proyecto de recuperación del movimiento obrero del siglo XX, sí da algunas pistas al respecto que se enmarcan en un rechazo a las ilusiones reformistas que aceptan el marco de la democracia burguesa capitalista:

“[…] la izquierda actual debería revisar su esperanza de competir siendo un producto más de esta sociedad.  (Tony) Blair y el New Labour quedaron hechos trizas hace ya bastante tiempo, es hora de hacer trizas sus sentidos comunes, sus verdades aparentes…Cualquier izquierda mínimamente transformadora nunca tendrá al alcance estas herramientas de gestión y análisis de datos masivos. Esto unido a un gigantesco y perfeccionado sistema cultural y de entretenimiento e información parcial hace que las posibilidades de obtener una simple victoria electoral se reduzcan dramáticamente…Pensar que este conflicto se puede puentear mediante el populismo, el asalto a los medios o la desestructuración del lenguaje, pensar en definitiva que la izquierda puede resultar útil quitándose incluso el nombre es jugar a la ruleta rusa con el tambor cargado de balas…Si la izquierda acepta el juego propuesto, como ha hecho desde mediados de los años noventa, puede tratar de encontrar una nueva pirueta que le haga ganar unas elecciones, que le haga disfrutar de la ensoñación de manejar un poder con una autonomía cada vez más escasa”.

Por ello propone de forma más o menos implícita la superación de este marco:

“La izquierda no puede ganar al neoliberalismo en su propio terreno de juego, con sus reglas, mediante atajos del lenguaje, fantasías tecnoutopistas y análisis de datos. Ahí es donde llevamos desde mediados de los noventa y es algo que sólo ha servido para vaciar los partidos, los sindicatos y los programas ideológicos…La respuestas las tienen en una gloriosa tradición de políticos, teóricos, militantes, revolucionarios, filósofos, pensadores, escritores, músicos, pintores y poetas, mujeres y hombres, que nos dejaron un legado que recuperar, el de la modernidad, el del siglo XX…”

Recuperación del paradigma y el sujeto

Una de las conclusiones que plantea el libro de Bernabé es la recuperación del paradigma y el sujeto en los que se ha basado la izquierda durante el siglo XX y con el que ha conseguido sus mayores logros históricos: antagonismo capital/trabajo, lucha de clases y clase trabajadora como sujeto. Y esto se justifica porque la mayoría de la población en la actualidad se puede considerar clase trabajadora, a pesar de que la izquierda institucionalizada oficial no quiera ni recuperar ni incentivar esa conciencia de clase, y ese precisamente ha sido el logro de la derecha neoliberal en las últimas décadas.

En ese sentido, la obra hace un repaso de cómo la izquierda reformista ha olvidado o abandonado a la clase trabajadora en una nueva vuelta de tuerca que sigue la tradición hacia la derecha de los reformismos del siglo XX, en el caso europeo desde Kautsky o Eduard Bernstein hasta los Tony Blair o Gerhard Schröder. Y esa situación, ha constituido un campo abonado para la expansión y los triunfos recientes de Trump en Estados Unidos, Le Pen en Francia, Orban en Hungría, Salvini en Italia, y Jair Bolsonaro en Brasil para el caso latinoamericano.

Análisis ensayísticos como La trampa de la diversidad constituyen un valioso aporte en el necesario rearme ideológico de la izquierda, al plantear la necesidad de la recuperación de la centralidad de la clase trabajadora en un proyecto político de transformación en sentido progresista y de avanzada.