“Construcción de tejido social para alcanzar la paz en Colombia pasa por superar modelo neoliberal”: Ernesto Samper

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Por Fernando Arellano Ortiz
Quito

Aunque el plan de desarrollo de su gobierno (1994-98) se denominó El Salto social para significar que era el “tiempo de la gente”, la gestión del entonces presidente Ernesto Samper Pizano, se caracterizó por haber mantenido y profundizado la apertura económica y promovido las privatizaciones, sustentos del recetario neoliberal que heredó de su antecesor, César Gaviria, padre en Colombia de este malhadado modelo económico, ahora como secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en un intento talvez de ‘mea culpa’, afirma que este país para construir tejido social como requisito básico en la dirección de alcanzar la paz, necesariamente tiene que superar el nefasto peso de tantos años de neoliberalismo.

Samper explica que los niveles de inversión que requiere Colombia en infraestructura y en el campo para salir de su atraso atávico debido en buena medida al conflicto armado interno, “no se pueden hacer con un modelo restringido como el neoliberal”.

El secretario general de Unasur participó como expositor en el acto de apertura del III Encuentro Latinoamericano Progresista (ELAP) 2016, junto con el presidente ecuatoriano Rafael Correa Delgado, evento que tuvo lugar entre el 28 y 30 de septiembre en Quito, y el cual reunió a representantes de alrededor de 30 organizaciones políticas tanto de la región como de España y China.

Es paradójico, mientras en el ámbito latinoamericano Samper se presenta como un político de posturas progresistas, si se quiere como un socialdemócrata desde el punto de vista ideológico, aunque hoy este término constituye un “significante vacío” para utilizar el argot del politólogo argentino Ernesto Laclau, dada su conversión al neoliberalismo, en Colombia respalda a un gobierno de derecha como el de Juan Manuel Santos, cuyo único mérito es que se la ha jugado por la paz.

A Colombia le faltó un Eloy Alfaro

Durante su intervención en el ELAP 2016, Samper Pizano se enfocó a analizar el conflicto colombiano y las perspectivas de paz. Dijo que a Colombia le faltó un Eloy Alfaro, el líder ecuatoriano que encabezó la revolución liberal a comienzos del siglo XX, en virtud de la cual contribuyó sustancialmente a la modernización de su país. Mientras en Colombia, por esa misma época, los liberales liderados por Benjamín Herrera y Rafael Uribe Uribe, que luchaban por sacarla del oscurantismo conservador, eran derrotados por las fuerzas reaccionarias en la guerra de los Mil días. De esta manera, la sociedad colombiana quedó anclada en su idiosincrasia en el siglo XIX, lo cual se puede evidenciar en los rasgos premodernos de sus conflictivas relaciones políticas, culturales y socioeconómicas.

Ese lastre de no haber logrado en Colombia una revolución de estirpe liberal como ocurrió en los países vecinos como Ecuador con Alfaro y Venezuela con Cipriano Castro, ha sido en buena medida la causante de un conflicto interno que supera más de medio siglo. Samper en su alocución en la capital ecuatoriana habló de que solo en las últimas tres décadas Colombia ha debido soportar dos contrarreformas agrarias por parte del paramilitarismo y el narcotráfico que han logrado acaparar 8 millones de hectáreas.

Ante este fenómeno y las miles de víctimas que ha dejado la confrontación armada, el titular de la Unasur afirmó que para avanzar en la consecución de la paz, Colombia tiene el gran reto de construir tejido social, tejido económico y tejido institucional.

  • ¿Para ello es necesario superar el modelo neoliberal que comenzó en el gobierno de Barco, se institucionalizó con el de César Gaviria y la Constitución de 1991, y ha continuado implementándose por todos sus sucesores, hasta hoy?, le preguntamos a Samper durante el breve diálogo que sostuvimos con él en la capital ecuatoriana.
  • Necesariamente, porque los niveles de inversión social que hay que hacer y de reconstrucción de infraestructura no se pueden hacer con un modelo restringido como el neoliberal, es preciso duplicar los niveles de inversión social, cambiar la visión del campo para llegar a un concepto mucho más plural en lo rural y esos son supuestos que no están acordes con la política neoliberal.
  • Recientemente usted dijo que con la concreción de la paz viene una reconfiguración política en Colombia. ¿Qué quiere decir ello?

  • Durante muchos años la izquierda colombiana estuvo enredada en la combinación de formas de lucha, era difícil pedir votos cuando la gente en la selva estaba delinquiendo, ahora que se va a superar el tema de la lucha armada por la electoral, creo que el horizonte para la izquierda se va ampliar muchísimo más.
  • Uno de los objetivos de Unasur es la preservación de la paz en Suramérica, sin embargo queda el reto de la presencia de bases militares extranjeras en varios países de la región. ¿Cuál es su posición frente a ello?

  • Hay una disposición clara de los Ministros de Defensa de Suramérica en el sentido de que no se aceptaran más bases militares y yo creo que hay que preservar en esto. Si nosotros aceptamos la presencia de bases militares vamos a incendiar la región otra vez.

“Desde mi casa”

Con su habilidad característica de experimentado político toreado en múltiples plazas, Samper no quiso dar pista alguna sobre cómo va a jugar desde la sombra, como lo hacen todos los expresidentes, una vez retorne a Colombia tras culminar su periodo en la Secretaría General de Unasur, a finales de enero de 2017. No se ve jugando en la derecha de su ex pupilo Álvaro Uribe Vélez; si bien es liberal, ese partido no le dice absolutamente nada al país, pues es un cascarón sin ideología, sin líderes y sin norte que solo sirve para dar avales en épocas electorales; y con los sectores de izquierda mantiene un buen grado de interlocución política.

Cuando le interrogamos desde dónde se va a ubicar políticamente cuando retorne a Bogotá, con tono humorístico y con algo de ironía respondió:

–       Desde mi casa…

El No en el plebiscito fue “un sindicato de odios”

Tras los resultados del plebiscito para refrendar los acuerdos de paz de La Habana, realizado el pasado 2 de octubre en el que la opción del No ganó por un estrechísimo margen de 56 mil votos a la del Sí, Samper dijo que su interpretación es que “la gente no votó en contra de la paz sino en contra de muchas situaciones”.

“Está mal interpretar el voto del No como un voto en contra de la paz. Fue más un sindicato de odios que otra cosa”, precisó.

Consideró además que “mientras el voto por el Sí fue propositivo, claro, transparente y con un sentido, el voto por el No reunió una cantidad heterogénea de comportamientos negativos. Y fuera de Suramérica –puntualizó- hay que sumar a favor de la paz el gobierno de los Estados Unidos, el Vaticano, el sistema de Naciones Unidas que ejecutaría el acuerdo”.