Decisión de un sector de las FARC de retornar a la vía armada, hace parte de la repetición histórica de los fallidos procesos de paz en Colombia

81

CRONICÓN.NET /

El anunció mediante video del dirigente de las FARC, Iván Márquez, sobre el inicio de “una nueva etapa de lucha armada” en Colombia se enmarca dentro del infortunado proceso que históricamente ha vivido este país en el sentido de que todo intento de paz termina fracasando. El libreto es suficientemente conocido: se suscribe un acuerdo de paz, el gobierno lo incumple, y un movimiento insurgente retoma las armas.

Colombia no ha logrado superar las causas objetivas de su confrontación interna. El trasfondo de este conflicto ha sido la lucha por la tierra y la reivindicación de derechos ante una realidad social conflictiva originada por una estructura política y económica inequitativa y excluyente.

Estructura ésta a todas luces injusta que ha pesado mucho en la sociedad colombiana porque su consecuencia ha sido la de edificar un país carente de identidad cultural sólida, caracterizado además por el fraccionamiento social y la miopía de una clase dominante que se ha sustentado únicamente en la satisfacción de sus intereses particulares. Por eso Colombia ha transitado su proceso histórico en medio de la guerra civil no declarada. Durante el siglo XIX se instalaban y se derrocaban presidentes y del mismo modo se imponían constituciones a la medida del líder militar o político de turno. En lo corrido del siglo XX, la sociedad colombiana estuvo caracterizada por la imposición de un monopolio bipartidista en lo político y la dramática concentración de la riqueza en muy pocas manos, en lo económico.

En lo que va del siglo XXI, todo intento de paz ha resultado fallido y el proceso que culminó con el gobierno de Juan Manuel Santos además de frágil, va camino de la frustración por el incumplimiento de los acuerdos suscritos en La Habana.

La represión y el monopolio absoluto del poder por parte de un monopólico partidismo corrupto y antidemocrático han impedido a lo largo del proceso político colombiano desarrollar una ruta de modernización y una apertura social, razón por lo cual irrumpió la oposición armada que vio en esta vía un mecanismo válido para presionar y hacerse escuchar.

Alternancia entre guerra y paz

Para la socióloga Sara Tufano, “la alternancia entre guerra y paz ha sido la característica” en el país. Ello significa, explica, que la mayoría de los escasos cambios sociales y políticos que se han dado en Colombia y que se han inscrito en el marco de esta alternancia han sido el producto o la reacción a un determinado acuerdo de paz.

Considera que por el actual contexto geopolítico es complejo que esta nueva guerrilla que lidera Iván Márquez se rearme y se vuelva a reconfigurar en lo que alguna vez fueron las FARC, además porque muchos de los exguerrilleros que están en proceso de reincorporación no quieren volver a tomar las armas a pesar de los incumplimientos del Estado colombiano.

El aprovechamiento de la ultraderecha

Tufano opina que la decisión del grupo fariano liderado por Márquez de retomar la vía armada será aprovechada por el sector político de ultraderecha liderado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez para seguir torpedeando la implementación del acuerdo de paz y recuperar la hegemonía perdida.

Esta investigadora social además se pregunta cómo la oposición al gobierno del presidente Iván Duque reaccionará frente a esta nueva situación que se genera en el país.

“Ahí radica la novedad porque a pesar de que la oposición se ha unido alrededor de la defensa del proceso de paz, no ha sido capaz de ponerse de acuerdo con respecto a su posición frente al gobierno. Por ejemplo, ya el excandidato presidencial Sergio Fajardo ha dicho que esta es una excelente oportunidad para que Duque una al país. Es decir, hay algunos sectores de lo que se conoce como la oposición que creen que rodeando al gobierno podremos salir de este impasse. Esa es la vieja forma de hacer política, es la manera como tradicionalmente se ha hecho política en Colombia: rodeando al gobierno de turno”, precisa Tufano.

Agrega que la responsabilidad de que un sector de las FARC retome las armas es compartida. En primer lugar, sostiene, “recae principalmente sobre el gobierno: un gobierno uribista cuya principal bandera ha sido el incumplimiento del acuerdo. En menor medida, y por diferentes razones, recae sobre las FARC como organización política, la cual fue capaz de aglutinar sus fuerzas cuando era una organización militar, pero fue incapaz de hacerlo una vez convertida en partido político. Los dirigentes de este partido también tienen su cuota de responsabilidad”.

También, subraya la socióloga, la responsabilidad recae en la oposición que ha preferido mantener una postura “tibia porque cree que esa es la única forma de hacer política en Colombia. Una política lambona, si me permiten decirlo en términos coloquiales. No ha sabido confrontar con contundencia al gobierno Duque, principal responsable de la crisis política que estamos viviendo”.

El dirigente guerrillero Iván Márquez, lee un mensaje anunciando que un sector de las FARC retoma la vía armada ante el incumplimiento del Acuerdo de Paz por parte del Estado colombiano.

Empezar una verdadera oposición

Dentro de la actual realidad política colombiana, Tufano opina que “no es el momento de rodear al gobierno como algunos ya han sugerido, sino de empezar una verdadera oposición a este: movilizaciones, paros, inclusive exigir elecciones anticipadas. No podemos ahora normalizar las voces que van a pedir un regreso a la guerra, ni la de Márquez, ni la del uribismo. Hay que seguir apoyando el proceso de paz: las armas, ya sea de la guerrilla, de los paramilitares, o del Estado, solo traen dolor, muerte y parálisis política”.

“Por eso no creo en las voces catastrofistas que, al calor de los hechos, solo acaban impulsando el discurso uribista haciendo que la responsabilidad recaiga solamente sobre las FARC y el acuerdo de paz. Lo que sucedió no es una consecuencia del acuerdo de paz, como dice el uribismo, sino del incumplimiento del acuerdo por parte del Estado colombiano y de unas diferencias políticas que no fueron tramitadas al interior del partido FARC”, coligió.

Campanazo de alerta

Para el expresidente Ernesto Samper Pizano, el anunció de Márquez constituye un “campanazo de alerta” que debe servir para que el gobierno de Duque “se ponga en la tarea de recomponer el Acuerdo de Paz, de cumplir los compromisos fundamentales con las víctimas, con las tierras, con los cocaleros, y por supuesto adelantar o reactivar el proceso de negociación con el Ejército de Liberación Nacional (ELN)”.

No obstante la fragmentación de opiniones sobre la actual coyuntura política colombiana, lo único evidente es que el país continúa por la senda de un conflicto armado que frena todo intento de modernidad, entendida como la posibilidad de avanzar a partir de esfuerzos democráticos y alta dosis de racionalidad hacia un nuevo contrato social de civilidad y convivencia.