El agotamiento del modelo minero-petrolero

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Por Eduardo Sarmiento Palacio

Estamos en la tercera parte del año y las previsiones del Gobierno y los organismos internacionales se recortan con respecto a las de principio del año. La producción industrial crece 1 % y el empleo desciende. La construcción cae 10 %. El empleo nacional dejó de crecer. La economía avanza cerca de 2 % y no muestra visos de mejorar.

El Gobierno y el FMI consideran que la baja de los precios del petróleo es un choque que tiende a corregirse solo. Luego de un tiempo, las fuerzas del mercado con la ayuda del banco central retornan la economía a la posición inicial. No es cierto. La caída de la economía colombiana fue el resultado del agotamiento del modelo minero-petrolero. La caída del petróleo puso al descubierto que el modelo basado en la revaluación del dólar, déficit creciente de balanza de pagos y abaratamiento de las importaciones de capital y consumo no es sostenible. La solución al estancamiento no es sólo la reactivación de la economía, sino el cambio de las estructuras que lo causaron.

En oportunidades anteriores mostré cómo la política de inflación objetivo del Banco de la República para regular la tasa de interés no opera en un mundo de tasa mundial cero e interferencias cambiarias de los países desarrollados. La baja de la tasa de referencia de los últimos años fue acompañada de una caída del crecimiento del crédito. El Banco de la República no ha cumplido con su propósito central de mantener la igualdad entre el ingreso nacional y el gasto. La economía opera con el exceso de ahorro que no puede corregirse con los medios convencionales.

En el modelo minero-petrolero la economía es impulsada por la factura petrolera y el abaratamiento de las importaciones de capital y consumo. La demanda proviene del exterior y no es sostenible. El país no aguanta más revaluaciones y no le caben más inversiones faraónicas en minería y petróleo. Por lo demás, la contribución de la minería al producto nacional por peso de inversión es muy inferior al de la industria. Luego de las monumentales inversiones pasadas, la producción petrolera no ha podido pasar de los 900.000 barriles. Sin embargo, no se han creado las condiciones para modificar el modelo; la recuperación no se da silvestre. La revaluación ha vuelto. Las mayores inversiones se concentran en la minería y el petróleo. La economía evoluciona por debajo de su potencial.

Lo grave es que dentro de ese contexto no hay demanda para la producción industrial ni estímulos para las exportaciones. La sin salida sólo se puede superar con un cambio en la estructura de demanda y comercio internacional. En la práctica adquiere la forma de coordinación entre la política fiscal y monetaria para mantener el balance interno entre ingreso nacional y gasto y de protección comercial y cambiaria para impulsar el balance externo entre importaciones y exportaciones.

El modelo de autonomía del Banco de la República de tasa de interés, presupuesto balanceado y modalidad cambiaría flexible, en conjunto con el libre comercio, propicia las actividades intensivas en recursos naturales que se caracterizan por altas ventajas comparativas y baja productividad del capital. Por lo demás, crea condiciones de demanda y revaluación del tipo de cambio que frenan la industria y debilitan sus encadenamientos con el sistema económico. El paso al modelo de industrialización requiere una política monetaria y financiera combinada que propicie la demanda industrial, una modalidad cambiaria que impida la revaluación y un marco comercial de subsidios, aranceles y aprendizaje en el oficio que compense las diferencias de productividad con el resto del mundo.

El Espectador, Bogotá.