El fin de “el fin de la historia”

63

POR OCTAVIO QUINTERO /

Circula en las redes sociales un meme contra el naciente socialismo en Estados Unidos que representa a la parlamentaria demócrata, Alexandria Ocasio-Cortez, preguntándole al presidente Trump “por qué está tan en contra del socialismo”, a lo que responde: “porque los estadounidenses quieren pasear a sus perros, no comérselos”.

Un simple meme como este, adoctrina más gente en el capitalismo, que una elaborada teoría social como la desarrollada en “Capital e ideología”, último ensayo del laureado escritor, Thomas Piketty, en donde expone que la desigualdad es una edificación ideológica creada por el capitalismo a través de categorías divisorias: mercado, salarios, capital, educación, deuda, trabajadores (más o menos capacitados), cotizaciones bursátiles, paraísos fiscales, ricos, pobres, clérigos, nobleza, competencia nacional y/o internacional.

Dentro de esas categorizaciones se destaca la educación que ahora se propone por analistas tildados de “eruditos” como ‘educación para el trabajo’, es decir, el saber hacer, no el saber pensar. El ‘saber hacer’, en este caso, viene a ser un adoctrinamiento que anula en el individuo la capacidad de juicio que se adquiere, precisamente, a través de la educación.

Podría uno creer, sin mucho riesgo de errar, que el meme relacionado es indicio del tono de campaña en la cual basará Trump su reelección en el 2020, encaminada a caricaturizar el socialismo estadounidense puesto en escena por el adusto Bernie Sanders, popularizado por la carismática Ocasio-Cortez, la tromba política que hace poco más de un año saltó de una barra de taquerías en Nueva York al Congreso.

Si, realmente, el mejor manejo de las redes sociales inclina la balanza política, Trump va a tener ésta vez una seria contrincante en su camino a la reelección porque, Ocasio-Cortés, la novel parlamentaria demócrata, definida socialista, tiene el encanto de convertir en tendencia todo lo que trata en sus cuentas de twitter e Instagram, principalmente.

Lo que se puede deducir de este meme gringo es la caricaturización de la incipiente idea socialista entre los millennials estadounidenses, simbolizada en la ambivalencia del perro: es cuestión de elegir entre capitalismo (si lo que se quiere es sacar el perro al parque), o socialismo (si lo que se quiere es comerse un perro). Para colombianizar el doble sentido, es algo así como la caricatura política que se hizo del castrochavismo en la campaña presidencial que favoreció a Iván Duque.

Lamentablemente es así: en un mundo premeditamente privado de educación por el poder dominante, un meme vale más que todo un tratado de economía política y social como el que acaba de poner en librerías Piketty, lo que no obsta, por supuesto, para que los estudiosos se den un banquete que, ojala, revitalice el manifiesto deseo de las clases emergentes, que no aguantan más un sistema político que corre presuroso al rescate de los ricos, mientras mantiene en suspenso el problema de las clases medias, bajas y pobres.

A que negar…

Si algo le ha quedado bien hecho al neoliberalismo, llamado por Piketty como “hipercapitalismo”, es la ‘fabricación’ de pobres mediante la destrucción de todas las conquistas sociales logradas por la clase trabajadora a la que hoy en día solo le queda el recuerdo de los “Mártires de Chicago”, idealizados en la nube de trabajadores, clases medias, bajas y pobres, que almuerzan con perros mientras los ricos van de paseo con sus mascotas, para seguir el juego del meme Ocasio-Cortez – Trump.

Retomando la tesis de Piketty, la desigualdad surge de “…construcciones sociales e históricas que dependen íntegramente del sistema legal, fiscal, educativo y político que se elige implementar, y de las categorías que se crean”, derribando así el mito de que las desigualdades se explican, en parte, por causas naturales inherentes al ser humano. “No es cierto; no existe ningún determinismo, menos aún una organización social con mandato eterno”, y agrega:

“La permanencia o no de la cultura del capital depende de la movilización política e ideológica, de que se imaginen otras formas de gestión donde las desigualdades dejarían de existir y el capital, a su vez, ya no estaría más concentrado en un puñado de poderosos”.

Cambia o lo cambian

En esta breve entrevista con la Agencia France Press (AFP), Piketty resume su nuevo libro de más de 1.200 páginas, y advierte que la revolución conservadora de Reagan-Thatcher en la década de los 80, después de 40 años, “… está llegando a su fin”. Es decir, abre la puerta que cerró en 1989 Fukuyama, en su globalizada tesis de “El fin de la historia”.

AFP. ¿Qué busca demostrar en su nuevo libro?

En este libro trato de mostrar que en la historia ya hubo grandes cambios ideológicos. Todavía pensamos que la estructura de las desigualdades no cambiará, que las cosas son sólidas como una roca. Pero todas las ideologías terminan siendo reemplazadas por otros sistemas de organización de las relaciones sociales y la propiedad. Pasará lo mismo con el régimen actual.

¿Cómo?

Necesitamos retomar el hilo, con calma, con serenidad, tratando de discutir soluciones para superar el hipercapitalismo actual a la luz de las experiencias históricas. La buena noticia es que todos los regímenes políticos desiguales terminan transformándose, a menudo con momentos de crisis más violentos de lo que uno quisiera. Desearía que se pudiera hacer pacíficamente, a través de la deliberación democrática, con elecciones. A veces hay momentos imprevistos de crisis, como el Brexit. En estos momentos, como lo muestra la historia, uno necesita recurrir a los repertorios de ideas producidas en el pasado.

¿Cuál es el riesgo si no se debate sobre las desigualdades?

Si nos negamos a hablar sobre la superación del capitalismo por una economía más justa y descentralizada, corremos el riesgo de continuar fortaleciendo las narrativas del repliegue identitario, del repliegue xenófobo. Estas son historias nihilistas extremadamente peligrosas para nuestras sociedades que se alimentan de la negativa a discutir soluciones justas, internacionalistas, soluciones igualitarias de reorganización del sistema económico.

Es severo con la evolución de la sociedad desde la caída del imperio soviético.

Es hora de hacer un balance de las decisiones tomadas desde los años ochenta y noventa. Al inicio de la década de 2020 podemos ver sus límites con una globalización altamente desigual, que es desafiada por muchos y que nutre repliegues identitarios extremadamente peligrosos. La revolución conservadora de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, así como la caída del comunismo soviético, dieron una especie de impulso a una nueva fe, a veces ilimitada, en la autorregulación de los mercados, la sacralización de la propiedad. Pero es un movimiento (el neoliberal) que creo que está llegando a su fin.

¿Cuál fue la influencia de la caída del Muro de Berlín, hace 30 años, en la evolución de las desigualdades?

El año 1989 da lugar a un mundo donde la desilusión post-comunista conduce a una especie de sacralización del hipercapitalismo. El comunismo en el siglo XX, después de presentarse como el desafío más formidable a la ideología de los propietarios, terminó convirtiéndose en el mejor aliado del hipercapitalismo precisamente por su fracaso. Después de 1989, dejamos de pensar en la cuestión del exceso de desigualdad en el capitalismo, la necesidad de regular, de superar el capitalismo. El caso extremo es Rusia, donde no hay ningún impuesto a la herencia, ni impuesto a la renta progresiva. Ni siquiera Donald Trump, en sus sueños más locos, plantea algo así.

El Partido Comunista todavía está en el poder en China…

La historia es diferente en China, aunque ahí tiene el desastre maoísta, la revolución cultural… Existe el papel dominante del Partido Comunista pero también hay una negativa a superar la desigualdad generada por la propiedad privada. China, como Rusia, no tiene impuesto a la herencia. El caso de Hong Kong es inaudito porque es el único país del mundo que se ha vuelto más desigual después de convertirse en comunista. Existía un impuesto a la herencia que se eliminó luego de la retrocesión a China.

No teme utilizar la palabra “socialista”, aunque ya no está de moda…

No tengo miedo. Creo que el socialismo democrático, que es la socialdemocracia, ha traído consigo no solo esperanza, sino también un tremendo éxito durante el siglo XX.

@oquinteroefe