El Giro de Italia: ¿por qué Nairo pudo y debió, pero no ganó?

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Por Omar Ospina García

Seguí el Centésimo Giro de Italia en sus 21 etapas durante los 23 días de carrera durante el mes de mayo 2017, con 2 de descanso no domincal sino de zapatero: los dos lunes intermedios. Y creo que Nairo Quintana pudo y debió ganar el giro, aunque no fue precisamente una carrera para su especialidad, con ascensos suficientes. Este Giro tuvo montaña, no demasiada pero bastante y, excepto una, no demasiado exigente. Por eso, pudo y debió forzar el ritmo, pero no lo dejaron.

No sé si el director técnico del equipo Movistar, Eusebio Unzué, sea un sabio en este duro deporte y conozca al dedillo todos sus misterios y posibilidades. Supongo que sí o no hubiera sido contratado para ese trabajo. Tampoco sé si conoce a Nairo Quintana todo lo que debiera para ser su Director Técnico. Pero, si lo conoce, no lo conoce hasta el punto que se necesita para orientarlo en una carrera como cualquiera de las competencias de 3 semanas que, hoy por hoy, son las más importantes del mundo, El Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta a España: mixtas pero con preponderancia de las etapas de montaña.

Me explico. Nairo es un escalador nato. Ha mejorado mucho en el plan y algo como contrarrelojero en distancias cortas donde la rotación, fuerza y velocidad de pedaleo, son lo principal. No es un especialista en estas rápidas etapas, por una razón evidente: Nairo es un corredor de Equipo. Necesita de compañía, de gregarios, de equipo que lo respalde y lo apoye en una carrera larga donde se requieren relevos. No es un corredor solitario que pedalea y lucha contra sí mismo y contra el tiempo, sin ayuda. En etapas contrarreloj está sujeto a lo que por el intercomunicador le diga su director técnico que es, en este caso, su guía y su apoyo. Pero que no está a su lado pedaleando.

Seguramente les ocurre a casi todos los ciclistas profesionales pues, siendo el ciclismo un deporte individual, es también, y principalmente, sobre todo si es ciclismo de ruta, un deporte de equipo en el que se reparten ciertas responsabilidades, que juntas buscan que uno de ellos triunfe. Obviamente el lider, aunque haya ocasiones en que el elegido defecciona y otro surge mejor preparado que lo remplaza en el curso de la carrera.

Por otra parte y no menos importante para varios efectos entre los cuales la confianza en sí mismo y la autoestima son determinantes, Nairo es un nativo del departamenteo más indígena de Colombia, Boyacá, y su fenotipo corresponde a su ancestro: es pequeño y menudo pero de enormes vigor y resistencia. No es acomplejado por ello, pero es una realidad psicológica y, ante sus rivales, todos de más de 1,78 mts. y hasta casi 1.90 de su rival de esta carrera, Tom Dumoulin, y sus 1.67 mts. de estatura, lo afectan en su ser más íntimo, aunque ni él mismo se lo confiese. Y en el aparente y vistoso mundo del deporte, que en algo se parece a la farándula, la estatura determina actitudes. De modo que Nairo, y no solo por esa causa, necesita el respaldo psicológico de la confianza de sus compañeros y, mucho más, de su director técnico. Que, me parece, lo “compara” con los gigantones riavales… y por esa razón no confía como debiera en sus condiciones físicas. Piensa que no lo debe exigir mucho porque tal vez “no va a poder”… Razón por la cual, lo noté en cada etapa, Nairo llegaba a la meta con más reservas fisicas de las que su director suponía. Y, creo yo, no debió ahorrarlas sino gastarlas. Para un deportista de élite como él, la noche de descanso y recuperación es suficiente para reponerse.

Hay algo que puede decirse de Nairo, por sus antcedentes como rutero en competencias profesionales. Es, muy seguramente, en estos momentos, el mejor escalador del Planeta. Sin desconocer las capacidades de Chris Fromme, Viscenzo Nibali, Alberto Contador, Rigoberto Urán y dos o tres más. Pero hoy por hoy, Nairo no tiene rival. Y eso, no fue aprovechado por su director técnico.

Así pues y como conclusión de este análisis, no profesional ni especializado, Nairo no perdió el Giro de Italia en las dos etapas Contrarreloj, especialidad del ganador Tom Dumoulin. Y ni siquiera en las 5 etapas planas en las cuales no perdió segundos y estuvo en el pelotón de favoritos todo el tiempo. Perdió la carrera en su terreno. En la montaña. Pero creo que no fue su responsabilidad como ciclista sino su respeto como miembro del equipo Movistar, que tiene un director que ordena el desarrollo de la carrera desde un auto acopañante. O helicóptero. No sé bien.

Nairo, si de él solamente hubiera dependido, habría atacado en la Montaña sin que lo frenaran esperando mejores oportunidades o para evitar que se canse antes de tiempo. Lo cual no sucedió, creo, en ninguna etapa, ni siquiera en las más duras de la montaña. En ninguna, Nairo llegó agotado y sin reservas físicas. Es decir, no se utillizó toda su potencia cuando se debía: en su terreno. En la montaña, que no fue demasiada en este Giro. Y que por eso mismo, debió aprovecharse más. En esas etapas de montaña el corredor colombiano debió y pudo haberle sacado a Dumulin más de seis o siete minutos que le permitieran estar tranquilo –sin descuidarse, por supuesto– y no esforzarse demasiado en dos carreras cortas que le exigen lo que no tiene: velocidad de rotación en las piernas. Pero estas etapas solo eran 2, entre 21.

Así que si el señor Unzué y su equipo Movistar quieren ganar el Tour de Francia, la Vuelta a España y unas cuantas carreras más en los 4 ó 5 años que a Nairo Quintana le quedan como ciclista de primer nivel, que confíen más en él y le permitan desarrollar al máximo su resistencia y su fuerza para subir. Sus rivales lo sufrirán.