El informe de la comisión de expertos del fracking: más preocupación que confianza

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POR JULIO FIERRO MORALES /

Aunque este es el único informe independiente sobre fracking, el documento omite temas relevantes, usa datos demasiado antiguos y desdeña varios peligros.

La discusión sobre la conveniencia de permitir o no el fracking –o fracturamiento hidráulico– en Colombia ha tenido siempre un componente técnico importante:

  • En 2012, la Contraloría General de la República conformó un grupo técnico para proferir una Función de advertencia a la administración sobre los posibles riesgos del fracking. En 2014, el grupo expidió un informe de seguimiento sobre el mismo tema.
  • Como respuesta, el gobierno de Santos conformó un comité técnico al que consultó para expedir un marco regulatorio del fracking.
  • En 2018, Iván Duque conformó una “comisión de expertos independiente”, que en febrero de este año expidió un informe con recomendaciones.
  • El pasado 7 de junio, en el trámite de una acción de nulidad contra las normas que regulan el fracking, el Consejo de Estado dispuso que un comité de expertos de la Universidad Nacional de Colombia deberá rendir su informe en el mes de septiembre.

Hoy, el único informe que puede catalogarse como independiente, realizado principalmente por académicos, es el de la comisión de expertos. Por ello es conveniente analizarlo, en este caso, en sus aspectos geoambientales. Como se verá, el informe produce más preocupación que confianza.

El entorno geológico

En el cuarto capítulo del informe, la comisión describe el entorno geológico de Colombia. Los perfiles geológicos presentados son antiguos –de hace más de treinta años– y no permiten inferir las profundidades de las rocas, ni sus características en cuanto a permeabilidad o contenido de agua subterránea.

En la página 30, la comisión menciona formaciones rocosas en la cuenca del Valle Medio del Magdalena y afirma que una de las formaciones con alto contenido de carbono orgánico (la formación La Luna) está rodeada de formaciones que “no son fracturables”. Sin mayor sustento para afirmar lo anterior, la comisión pretende minimizar la incertidumbre de que las fracturas hidráulicas se expandan sin control.

De los perfiles geológicos, los expertos infieren que las rocas en las que se haría fracking son muy profundas, por lo que según ellos esta práctica no afectaría acuíferos superficiales (página 30, pie de Figura 1).

Pero el fracking no solo es preocupante por la posible afectación de aguas superficiales, sino por el ciclo del agua, aspecto que no aborda la comisión. El nuevo comité de expertos debe examinar las relaciones entre acuíferos someros y profundos, y la probabilidad de estar obligados a recurrir a aguas subterráneas profundas para consumo humano en un futuro cercano.

Por último, el “mapa estructural” del Valle Medio del Magdalena que usa la comisión es de 1990. No es serio que una comisión de académicos no haya compilado información más reciente, más aún cuando existen avances en el estado del arte.

Los impactos ambientales no son naturales

Según la comisión, los impactos de los hidrocarburos en el subsuelo tienen dos orígenes: uno natural, proveniente de rezumaderos que emiten hidrocarburos sin la intervención humana; y otro causado por fallas en la explotación de hidrocarburos.

Para cualquier persona medianamente relacionada con el tema ambiental, tanto desde la perspectiva técnica como jurídica, es claro que los impactos ambientales de los hidrocarburos en Colombia se relacionan siempre con el desarrollo de un proyecto.

Así lo considera la legislación ambiental vigente (Decreto 2041 de 2014, compilado en el Decreto 1076 de 2015). Que la comisión plantee seriamente que la contaminación puede ser “natural” distrae de los impactos negativos, pasivos y daños ambientales producidos por el sector de hidrocarburos en Colombia.

Si bien la documentación actual es insuficiente, cada vez son más claras las consecuencias ambientales de la explotación petrolera: contaminación del aire y del agua, persistencia de metales pesados y arsénico, y afectación en ecosistemas, entre otros.

Brillan por su ausencia

Llama la atención que en el informe no se incluyan algunos de los temas más relevantes en esta discusión:

  1. Contaminación de agua

El informe no analiza el posible riesgo de contaminación del agua por interacción de fracturas inducidas hidráulicamente con las fracturas naturales.

Los estudios de fracturas suelen enmarcarse teóricamente dentro de una matemática del caos. Por eso, la incertidumbre no puede ser omitida como un factor relevante. En el caso del fracking, se suman dos procesos igual de complejos: el comportamiento de fracturas inducidas hidráulicamente y el comportamiento de los fluidos dentro de ellas.

  1. Radioactividad en los fluidos

El informe omite considerar la posibilidad de que los fluidos residuales del fracking contengan elementos radioactivos, por la radioactividad propia de las rocas fracturadas (lutitas). En Colombia, existen algunos estudios al respecto desde la década de los ochenta.

Estudiar las litotecas –donde se preservan muestras de rocas– como la del Servicio Geológico Colombiano podría haber aportado datos ciertos sobre este aspecto, que es relevante para examinar la viabilidad del fracking.

  1. Resistencia y duración de revestimientos y cementaciones

Para evitar que los hidrocarburos contaminen el entorno, los pozos se revisten y se cementan. Uno de los mayores riesgos del fracking es que dicho revestimiento falle y se produzcan fugas o intercomunicaciones. Ese es uno de los focos de discusión, no solo en temas de fracking, sino en general de explotación de hidrocarburos.

Sin embargo, en el informe no se encuentra ningún elemento técnico-científico sobre la resistencia y duración de los revestimientos y las cementaciones. Eso es alarmante, si se tiene en cuenta que las tasas de fallas en los pozos de fracking son muy altas (cercanas al 7 por ciento).

Aspectos relevantes, como el carácter de reacción ácida de las lutitas por los contenidos porcentuales de pirita, son simplemente obviados por los expertos, a pesar de que afecta tanto a los metales de tuberías como al cemento.

Los acuíferos en peligro

En el informe se menciona que la profundidad mínima de las operaciones de fracking en Colombia “minimiza la factibilidad de que se presenten conexiones hacia estratos superiores y que, en consecuencia, se provoque migración de elementos entre la roca generadora y los sistemas acuíferos”. Con esa afirmación, los expertos pretenden mostrar que no habrá daño de acuíferos por el fracking.

El informa minimiza el posible peligro al afirmar, por ejemplo, que las capas prospectivas para el fracking se encuentran limitadas por otras formaciones que “no permiten ser fracturadas por el alto contenido de arcillas plásticas” o que “la carga litostática a profundidades mayores a 1000 metros tiende a cerrar las fracturas o a reducir su permeabilidad de manera sustancial”.

Sin embargo, esto ignora la gran capacidad de presión de los fluidos para crear fracturas, que además aumenta con la profundidad. Estas afirmaciones también omiten que la configuración de esfuerzos tectónicos puede generar fracturas que alcanzan gran profundidad cuando el régimen de esfuerzos es transcurrente.

Actividad sísmica y sismicidad inducida

En este capítulo del informe, la comisión divide su análisis en dos partes:

Actividad sísmica en el Valle Medio del Magdalena

El análisis de la actividad sísmica en esta región deja muchas incertidumbres. Como se mencionó, el mapa de fallas geológicas que se usa fue creado en 1990, fecha anterior al inicio de la Red Sismológica Nacional de Colombia. Un mapa tan antiguo no permite establecer una relación cierta entre las fallas y los sismos.

Sismicidad inducida y confinamiento subterráneo de fluidos

La comisión comete una imprecisión cuando dice que el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) señala que el fracking no es el causante de sismicidad inducida.

El fracking sí causa sismos, pero estos no suelen tener una magnitud considerable (aunque en Canadá se han documentado magnitudes de 4,0, lo cual es ya una cifra preocupante). Existe consenso acerca de que la actividad que induce sismos de magnitud considerable es la reinyección de aguas, actividad que también está relacionada con el fracking.

Por eso, extraña que los análisis de riesgos se hayan centrado en los eventos de menor capacidad de daño. Los análisis de amenazas siempre consideran como referente para la toma de decisiones la ocurrencia de los eventos máximos probables. En este caso, es necesario tomar los valores con magnitudes cercanas a 4,0 relacionados con fracturamiento hidráulico de roca generadora y las magnitudes mayores de 5,0 de la reinyección de agua.

En el informe, el análisis se centra en casos de sismicidad no perceptible (de magnitudes entre -2,5 y -0,9) y se obvia un proceso de sismicidad inducida con magnitudes mayores de 4,0 relacionados con inyección de aguas en los bloques Rubiales–Pirirí, en Puerto Gaitán, Meta.

¿Son adecuadas las recomendaciones de los expertos?

Según los expertos, la reglamentación expedida por el ministerio de Minas cuenta con todo el soporte técnico. Esta afirmación desconoce las observaciones de los documentos expedidos por la Contraloría General de la República en 2012 y 2014 y la sentencia del Consejo de Estado.

Pero la defensa que hacen los expertos de la reglamentación es endeble: consideran que la Resolución 90341 de 2014 es “cuidadosa” porque, entre otras, hace la exigencia de suspender actividades de inyección “en caso de que se presente un evento sísmico con magnitud mayor a 4,0 con epicentro ubicado dentro del área cuyo radio en torno al pozo donde se realizan las operaciones sea de dos veces la profundidad del pozo”, y define como “conservadoras” las distancias respecto de fallas geológicas en la zona de influencia de la operación.

Estas calificaciones tranquilizadoras no bastan. Las fallas geológicas que pueden producir sismos deben estudiarse en función de la profundidad que alcance la fracturación hidráulica de roca generadora. Si, como menciona el informe, dicha profundidad está entre los 1.000 y 5.000 metros, las fallas geológicas identificables alrededor del pozo de inyección se ubicarán máximo a 15 km.

Por lo tanto, nuestra legislación no es nada conservadora. En Estados Unidos, por ejemplo, se han identificado sismos inducidos (de 5,6 de magnitud) por reinyección en un área de influencia de 35 km a la redonda.

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