EL MOIR, su aparente compromiso con la paz y sus andanzas con la extrema derecha colombiana

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Por Colombia Plural. Omar Ñáñez Camacho, Orlando Zambrano, Alonso Cruz, Alfonso Román, Vladimir Zabala, Edgar Robles

PRESENTACIÓN

Para la izquierda colombiana el proceso de paz y la implementación de los acuerdos de La Habana, así como la negociación en curso con el grupo insurgente del ELN,  constituyen tema estratégico y crucial, habida cuenta que siempre le ha apostado por la salida política del conflicto armado.

Al interior del Polo Democrático Alternativo el significado y los alcances de la paz han dividido a la colectividad, agudizando el debate, ya que coexisten dos visiones totalmente contrapuestas: una, liderada por la actual ministra del Trabajo, Clara López Obregón, que considera que el de la paz debe seguir siendo un tema prioritario y definitivo en la agenda de la actual coyuntura política y, por lo tanto, tiene que estar en primera línea en la propuesta programática de la campaña presidencial de 2018.

Además, el tema de la consolidación de la paz y su implementación fue el leitmotiv para que Clara López aceptara ingresar al gabinete ministerial del gobierno de Juan Manuel Santos, hecho que ha suscitado una serie de críticas y reparos por parte de algunos sectores de izquierda, cuyo compromiso frente al proceso es de mera apariencia.

La otra visión es la del Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR), mini-partido “conservador de izquierda” que lidera el senador Jorge Enrique Robledo, que se sustenta en una postura que apunta a minimizar la importancia del proceso de paz.

El MOIR ha insistido, en boca de Robledo, en que el proceso de paz “no resuelve ningún problema importante para nuestro país”, o que lo único a rescatar “es el desarme de las Farc o la corrección de un error histórico de éste movimiento”.

A partir de esta disparidad de criterios y teniendo como marco referencial la importancia estratégica de la consolidación de la paz en Colombia, investigadores sociales de la Corporación de Estudios Sociopolíticos y Culturales de Colombia (Colombia Plural) elaboraron un provocativo y analítico ensayo en el que, sustentándose en hechos históricos y en fuentes de primera mano, explican pormenorizadamente, el porqué de la profunda crisis interna del Polo Democrático y el papel parasitario que cumple al interior de este colectividad, el mini-partido del MOIR.

La importancia política de la paz para la izquierda; el compromiso con el proceso asumido por el sector polista que lidera la ministra López Obregón; y la cuestionada trayectoria histórica de un mini-partido parásito que se presenta como “progresista” pero que siempre le ha hecho el juego a la derecha colombiana y tuvo la habilidad de incrustarse en un partido como el Polo Democrático Alternativo hasta el punto que tiene “secuestrado” su aparato, son algunos de los aspectos que desarrolla Colombia Plural en este interesante ensayo.

Su lectura permite aproximarse y comprender el contexto político de la actual coyuntura de la izquierda colombiana, pero adicionalmente viene a enriquecer el debate y a develar las oscuras pretensiones de sectores de tinte conservador como el MOIR, cuyo sibilino propósito siempre ha estado dirigido a sabotear todo proceso de convergencia y unidad de las expresiones alternativas, populares y democráticas de Colombia. Un trabajo, en definitiva, sugestivo y revelador, el cual publicamos a continuación.

Los Editores.

CONSOLIDACIÓN DE LA PAZ: PARA EL POLO UN TEMA CRUCIAL Y DETERMINANTE; PARA EL MOIR SU DERROTA ESTRATÉGICA

Por Colombia Plural

Las marchas emprendidas y culminadas por miles de guerrilleros de las FARC hacia los 26 sitios de concentración y dejación de armas, constituyen, sin lugar a dudas, el acontecimiento histórico más importante de las últimas décadas en Colombia. Significan el fin de la confrontación armada de 50 años de esta guerrilla contra el Estado, y el inicio de un importante proceso de consolidación y construcción de la paz.

Cumple así las FARC con su palabra empeñada, pese al incumplimiento del gobierno de Santos con las condiciones mínimas de los sitios de recepción, y la incomprensión y mezquindad de algunos medios de comunicación y sectores políticos que pretenden rodear a la insurgencia desmovilizada de un cerco de silencio y hostilidades, que contrasta con el buen sentido y la fraternidad demostrada por las comunidades que han acompañado y apreciado este gesto de convivencia.

La desmovilización y la dejación de armas de esta guerrilla y el inicio de las conversaciones públicas entre el gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), colocan al actual proceso de paz en un nivel superior y en la senda correcta de la paz total. Estos hechos llenan de esperanza el año que comienza y están llamados a fortalecer cambios sustanciales en el panorama político, que influyen transversalmente en todos los aspectos de la vida nacional.

Llegar a esta primera base sólida para la paz, implicó superar enormes incomprensiones y obstáculos, algunos surgidos de la mesa misma de conversaciones, otros, los más importantes, en el entorno político que ha rodeado el proceso.

El primero, fue la victoria que obtuvo, en la primera vuelta presidencial, hace tres años, el candidato Óscar Iván Zuluaga, enemigo declarado de la continuidad del proceso de paz. El segundo, la victoria del No en el plebiscito refrendatorio de los acuerdos de La Habana. Ambas experiencias que conmovieron profundamente la conciencia nacional, parecían dos barreras infranqueables en el camino hacia la paz, que estuvo  herida de muerte.

De ambas experiencias, afortunadamente superadas con inteligencia y con fuerza, proponemos extraer al menos tres enseñanzas que nos permitan sortear con éxito los enormes retos políticos que nos esperan hacia el 2018.

1.-  El proceso de paz se convirtió en un factor determinante en la ruptura del bloque de poder dominante en Colombia. Esta contradicción ha cruzado todo el acontecer político del país en los últimos cuatro años. Y se ha convertido en un importante activo del proceso de paz, sin la cual éste no se hubiera sostenido. Las contradicciones entre el Gobierno de Santos y la oposición a la paz encabezada por Álvaro Uribe, no es un asunto secundario ni se puede negar a punta de retórica. Esto ha generado una importante polémica en la opinión pública, discusión que hay que profundizar, a riesgo de no entender las circunstancias del momento. Recordemos, sin pretender homogenizar momentos diferentes, que las crisis sociopolíticas más importantes en la historia reciente de Colombia, el 9 de abril de 1948, el 19 de abril de 1970, y el Paro Cívico Nacional de 1979, tuvieron como telón de fondo rupturas importantes entre las clases dominantes.

2.- La victoria de Zuluaga en la primera vuelta presidencial y del No en el plebiscito,  puso en evidencia el enorme peso de la extrema derecha colombiana. Más allá del peso específico del Centro Democrático y sus dirigentes, la votación por el No catalizó una fuerza social, política, cultural, ideológica, histórica, territorial, mediática, de diversa procedencia, que se resiste al mínimo cambio, a las más elementales reformas. Es la misma fuerza que se afianza en el monopolio del poder político nacional y territorial, en el monopolio de la tierra y la riqueza, en el monopolio de la educación. Esa misma fuerza defendió con las armas esos privilegios y esas concepciones en 13 guerras regionales en el siglo XIX, llevó al país a la guerra de los Mil días, dominó medio siglo XX con gobiernos de hegemonías autoritarias, e implantó tres décadas y media de guerra sucia paramilitar contra el movimiento popular. Hoy se empecina en oponerse a cualquier solución negociada y frente a la evidencia de la desmovilización, acude al miedo, las mentiras y la intimidación para paralizar la voluntad popular. Estos son elementos claves para analizar la real correlación de fuerzas sobre las cual debemos movernos en los acontecimientos venideros.

[trx_quote top=”inherit” bottom=”inherit” left=”inherit” right=”inherit” animation=”fadeIn”]“El proceso de paz se convirtió en un factor determinante en la ruptura del bloque de poder dominante en Colombia. Esta contradicción ha cruzado todo el acontecer político del país en los últimos cuatro años”[/trx_quote]

3.- Frente al miedo a perder lo ganado en la mesa de La Habana y a continuar en la confrontación armada entre colombianos, después de la victoria del uribismo en la primera vuelta presidencial y en el plebiscito, el país reaccionó profundamente conmovido a favor de la paz y encontró, en los hechos, el camino correcto para movilizarse a fondo, superar las dificultades transitorias y darle  continuidad al proceso emprendido: el de la unidad de todas las fuerzas comprometidas con la paz. Esto se expresó en la votación en la segunda vuelta presidencial a favor de la continuidad del proceso, y en las multitudinarias movilizaciones urbanas que siguieron a la votación del plebiscito, al frente de las cuales hay que destacar el papel jugado por las juventudes de todos los matices políticos y los sin partido. Fue el pueblo, el país nacional, el que rescató con su masiva presencia el proceso de  paz, de la postración al que lo había llevado el país político.

Debemos decir que estos dos grandes momentos de movilización profunda, contó además de la comprensión y apoyo de las grandes mayorías nacionales, con el acierto político de los dirigentes que entendieron que, por encima de las diferencias partidistas, estaba primero la paz. Ese fue el acierto de la candidata presidencial del Polo Democrático Alternativo (PDA) en 2014, Clara López Obregón y de su fórmula vicepresidencial Aída Avella, quienes al lado de otros dirigentes y fuerzas populares y de izquierda, inclinaron la balanza a favor de la paz, en la segunda vuelta.

El proceso de paz ha desatado un enorme clamor por la unidad que se expresa en múltiples y diversos procesos sociales y políticos, étnicos y populares en todo el territorio nacional, que es el mejor blindaje con el que cuenta la edificación de la paz, procesos que hay que desarrollarlos hasta la construcción de una gran convergencia por la paz.

Lo mismo con el respaldo y acompañamiento internacional que éste proceso ha tenido desde todos los países, instituciones y estamentos mundiales, lo que da cuenta de la enorme importancia y significado que ha adquirido la paz en Colombia y en el mundo, y de la singular ocasión para destrabar el conflicto interno. Este consenso logrado, -clave para  el desarrollo del país- no tiene antecedentes en nuestra historia y es de difícil repetición. No obstante que ahora está en ascuas ante la contienda electoral de 2018.

EL PRECIO DE LA PAZ

Los únicos que parecen no darse cuenta de la importancia de los procesos de paz de La Habana y del Ecuador, son algunos de los grupos que se mueven en el seno del PDA. Nos referimos al precario papel desempeñado por el PDA en la última etapa del proceso de paz y en particular, en la pasada campaña por el Sí al plebiscito, distraído, como ha estado su Comité Ejecutivo, en una discusión interna pugnaz y sectaria, promovida por una de sus tendencias, el Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR) y algunos dirigentes. Este grupo conservador de “izquierda”, se niega a actuar de acuerdo a las nuevas realidades y amenaza la unidad interna del Polo, nos sustrae del escenario político nacional, se opone a la unidad de las fuerzas proclives a la paz, distrae la atención de la actual etapa de implementación, y frena la iniciativa del PDA como parece ser el objetivo político de quienes están concentrados en objetivos burocráticos y en una la impertinente disputa interna.

Esto nos obliga a referirnos y a desentrañar lo que hay detrás de las tradicionales posturas del MOIR, cuya élite directiva mediante una retórica formal y de acuerdo a su tradición sectaria, se ha opuesto a todos los procesos de paz y se le ha atravesado –como mula muerta- en el camino de la reconciliación emprendido por los colombianos.

La crisis actual en el seno del PDA estalló por la decisión acertada de su mayoría en cabeza de su candidata presidencial Clara López y de su fórmula vicepresidencial Aída Avella, de votar en la segunda vuelta de los comicios presidenciales de 2014 por la reelección de Juan Manuel Santos, garantizando así la continuidad del proceso de paz, seriamente amenazado por el candidato del uribismo, Óscar Iván Zuluaga. Sólo el uribismo y el MOIR expresaron su inconformidad con éste hecho político inédito que derrotó sus reales intenciones de enterrar  el proceso de paz. No otra cosa significó el voto en blanco al que convocó el MOIR en la segunda vuelta, para eludir el compromiso práctico con la paz y la acusación de “santistas” a todos los colombianos que acudimos a las urnas a favor ella, Carlos Gaviria incluido.

¿Qué otra cosa significan hechos tan evidentes como empeñarse, dos años después, en plena campaña por el Sí al plebiscito, en organizar un Paro Nacional contra al Gobierno, intentando que la fecha de la protesta coincidiera con la fecha del plebiscito? Aquí no se trata de discutir la legitimidad de las reivindicaciones gremiales levantadas por los sectores que apoyaron el paro. Se trata de desenmascarar y entender la intencionalidad política del paro, que no era otra cosa que quitarle peso al plebiscito en la agenda nacional, debilitar a uno de los interlocutores de las negociaciones de La Habana y sabotear el plebiscito, como lo dejaron establecido en forma expresa y franca los dirigentes del paro camionero, abiertamente afectos al uribismo. Queda así desentrañada la agenda de las  varias reuniones bilaterales entre el uribismo y el MOIR, de las que dan cuenta las fotografías de Zuluaga, José Obdulio y Robledo que circulan en las redes virtuales.

De ahí que no tiene cabida la absurda mezquindad y estrechez que se esconde tras las declaraciones que apuntan a minimizar la importancia del proceso de paz. El MOIR ha insistido en que éste proceso “no resuelve ningún problema importante para nuestro país”, o que lo único a rescatar “es el desarme de las Farc” o la “corrección de un error histórico” de éste movimiento”. [1] Desconociendo así la extraordinaria importancia que tiene para los colombianos la superación de más de medio siglo de violencia, y de paso, desentrañar el origen de la misma y las causas sociales y políticas que la generan. Para el MOIR no tiene importancia los últimos  68 años de violencia estatal y paramilitar desde los magnicidios de Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro, Luis Carlos Galán y una larga lista de víctimas y asesinatos políticos que suman más 600.000. Tampoco cuenta el  genocidio de la Unión Patriótica (UP), los 8 millones de desplazados, los magnicidios, las masacres, torturas, desapariciones, violaciones de derechos humanos, que han destrozado movimientos políticos como la UP, A Luchar, M-19, El galanismo, y ha acorralado al movimiento popular, al sindicalismo, al movimiento campesino e indígena, a los movimientos cívicos y de derechos humanos, a la intelectualidad independiente, y actualmente, al movimiento por la restitución de tierras. La resistencia campesina y popular es y ha sido legítima. El conflicto interno generado por el paramilitarismo estatal no es un “error histórico” y su superación negociada no es un asunto de poca monta. Es el principal problema del país. No se reduce al desarme de los grupos insurgentes. La paz negociada es la principal conquista de los colombianos. Y conlleva, además de la dejación de armas de la insurgencia, entre otros, el compromiso del Estado de terminar con la violencia paraestatal, para que los conflictos sociales y políticos no se diriman por la vía de las armas.

[trx_quote top=”inherit” bottom=”inherit” left=”inherit” right=”inherit” animation=”fadeIn”]“El MOIR se ha opuesto a todos los procesos de paz y se le ha atravesado –como mula muerta- en el camino de la reconciliación emprendido por los colombianos” [/trx_quote]

La preocupación sube de tono cuando el MOIR intenta imponer por fuera de los procedimientos democráticos, de la tradición del Polo y apelando a una torpe maniobra, una precandidatura única del PDA, alrededor del nombre de Jorge Enrique Robledo.

El senador Robledo no oculta su molestia con la paz cuando afirma que “al país no lo pueden seguir enredando en el debate eterno de las FARC, y la pelea eterna de los mismos en el tema de la paz”. [2] O sea, para Robledo, el “enredo” de la paz, cuyo proceso está apenas en su fase inicial, es una hoja que ya hay que doblar, un tema que hay que superar. El proceso de paz, según los dirigentes del MOIR, es un proceso calificado de “neoliberal”[3]. Con semejante descalificación, ¿por qué el senador Robledo finge un apoyo formal a la paz?  Sencillo, los senadores Robledo y Uribe saben que batirse abiertamente contra el proceso de paz no es de conveniencia electoral y por ello disfrazan su oposición con artimañas.

La última de ellas es intentar oponer el tema del proceso de paz a la lucha contra la corrupción, para bajarle perfil a la paz y a sus protagonistas principales. Estos temas no se contradicen sino que se complementan. Lo dijo muy bien el actual procurador de la Nación, Fernando Carrillo: “El humo de la guerra no permite mirar la corrupción”. Si quienes objetan la paz, estudiaran un poco los acuerdos firmados, encontrarían ahí un excelente instrumento para combatir la corrupción. En el primer punto agrario, en el compromiso de realizar al Censo Agropecuario, están las claves para develar la corrupción alrededor de la apropiación ilegal de tierras y desenmascarar las mafias agrarias culpables del despojo y la violencia en el campo. En el Acuerdo de reforma política, que incluye temas relacionados como el régimen de partidos, Estatuto de Oposición, régimen electoral, financiación estatal de las campañas etc., están las claves para limpiar la política de las mafias partidistas que se han apropiado del Estado para saquearlo. Lo mismo sucede  con los acuerdos sobre narcotráfico, que ayudan a combatirlo como fuente de corrupción.

[trx_quote top=”inherit” bottom=”inherit” left=”inherit” right=”inherit” animation=”fadeIn”]“El senador Robledo no oculta su molestia con la paz cuando afirma que “al país no lo pueden seguir enredando en el debate eterno de las FARC, y la pelea eterna de los mismos en el tema de la paz”. O sea, para Robledo, el “enredo” de la paz, cuyo proceso está apenas en su fase inicial, es una hoja que ya hay que doblar” [/trx_quote]

El senador Robledo se ha sumado a aquellas propuestas torpes y mezquinas que pretenden construir un muro de hostilidades (ahora tan de moda) alrededor de las fuerzas insurgentes que se desmovilicen y ha propuesto un supuesto proceso de unidad alrededor de su nombre, con exclusión expresa de la izquierda ligada al proceso de paz de La Habana, condenando de entrada la posibilidad de una gran convergencia por la paz. Nada más desatinado e inconveniente, pues, contrario a toda la experiencia reciente, pretende desconocer que la conformación de un próximo gobierno para el 2018, pasa indudablemente por una nueva confrontación entre las fuerzas partidarias de unificarse para defender los acuerdos alcanzados en La Habana y quienes se han opuesto a este proceso. Los bloques partidarios de consolidar la paz o de oponerse a ella, son un hecho evidente para cualquier observador desapercibido. Por esto es preocupante la opinión expresada por el senador Robledo de que “cualquiera que sea el gobierno del 2018 deberá cumplir con los acuerdos”[4],  pues minimiza el riesgo que para la paz tiene la eventual victoria presidencial del Centro Democrático. Esta premisa, entre inocente y maliciosa, puede favorecer a un candidato de la extrema derecha en caso de una segunda vuelta presidencial.

LA MERMELADA DE AZÚCAR

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Y ya tenemos suficiente evidencia de la propensión del senador Robledo de respaldar los intereses económicos y políticos de las fuerzas de la extrema derecha en el Congreso de la República, al oponerse, por ejemplo, a las sanciones económicas impuestas por la Superintendencia de Industria y Comercio a los ingenios azucareros, y después, al llamado impuesto al azúcar, eliminado, con su apoyo, del proyecto de reforma tributaria. Defender los intereses de ASOCAÑA, FENALCO, la ANDI, del conglomerado económico de Ardila Lulle, de RCN, de los intereses de los Caicedo, los Lloreda, Botero, Garcés, Eder, Holguín, Cabal, y otras prestantes familias de la oligarquía vallecaucana, dueños de los ingenios azucareros, y  dirigentes activos de la extrema derecha, que controlan el poder político de esa región y su representación en el Congreso, con el sofisma de que se está defendiendo la industria nacional y el ingreso de los pobres, demuestra el grado de compromiso del MOIR con sectores de la extrema derecha uribista. Es ponerse al lado del gran capital monopolista, ligado a los agrocombustibles impuestos por el gobierno norteamericano,  responsable de la depredación del medio ambiente y de las aguas del Valle del Cauca, de la violación flagrante de los mínimos derechos laborales de los trabajadores cañeros y del menoscabo de la salud pública de los consumidores de las bebidas azucaradas, con sus secuelas de obesidad y diabetes.

Quien no conoce la historia, está condenado a repetirla

En realidad, ésta oposición soterrada del MOIR al proceso de paz actual hunde sus raíces en el pasado reciente, más precisamente en la década del 80. En efecto, cuando en oposición abierta a la política de paz del gobierno de Belisario Betancur en 1982, el MOIR convocó a los ideólogos del paramilitarismo, civiles y militares  a la formación del “Frente de Salvación Nacional[5]:

Esta oposición, que orientó la actuación del MOIR durante toda la década del 80, y que significó un viraje radical a su política de alianzas, no ha tenido ninguna rectificación por parte de los actuales dirigentes del mismo, y por el contrario, hoy hace parte de la matriz ideológica fundamental de éste partido, en temas tan cruciales y vigentes en las últimas tres décadas, como el conflicto interno, la solución política, las negociaciones de paz, y la violencia paramilitar.

[trx_quote top=”inherit” bottom=”inherit” left=”inherit” right=”inherit” animation=”fadeIn”]“Defender los intereses de ASOCAÑA, FENALCO, la ANDI, del conglomerado económico de Ardila Lulle, de RCN, de los intereses de los Caicedo, los Lloreda, Botero, Garcés, Eder, Holguín, Cabal, y otras prestantes familias de la oligarquía vallecaucana, con el sofisma de que se está defendiendo la industria nacional y el ingreso de los pobres, demuestra el grado de compromiso del MOIR con sectores de la extrema derecha uribista” [/trx_quote]

Los “patriotas”  convocados al “Frente de Salvación Nacional” fueron, con pocas excepciones, los más connotados representantes de la extrema derecha colombiana, hicieron parte de las llamadas “fuerzas oscuras” opositores a la política de paz de Belisario y se caracterizaron por ser  partidarios de la solución militar. Destacamos de manera especial a dos de los destinatarios de ésta propuesta, para señalar la naturaleza de la misma: al ministro de Defensa del gobierno de Belisario Betancur, Fernando Landazábal Reyes, cuyos escritos son el mejor compendio, a la colombiana, de la “Doctrina de Seguridad Nacional” que sustenta y justifica toda la guerra sucia contra la sociedad civil ejecutada por los paramilitares. Fue un opositor tenaz a la política de paz de Belisario, y ante el “ruido de sables” durante ese gobierno, se vio obligado a presentar la renuncia como Ministro de Defensa. Su nombre y su mandato están íntimamente ligados al despegue del proyecto paramilitar que se desarrolló desde el año 82. Fue un acérrimo defensor de la Justicia Penal Militar y del “espíritu de cuerpo” de las Fuerzas Armadas, a las cuales les solicitó el aporte de  un día de salario para defender a los militares incursos en violación de los derechos humanos. Fue célebre su frase: “Una paz comunista produce más muertes que una guerra anticomunista”. [6] Otro de los convocados al “Frente” fue el expresidente de la ANDI, Fabio Echeverri Correa, conspicuo personaje de la extrema derecha colombiana, cuyo nombre fue vinculado a episodios golpistas durante las administraciones de Belisario Betancur [7] y Ernesto Samper. Años después fue asesor del presidente Uribe durante su primer mandato, y figura clave de la Seguridad Democrática y del cambio del “articulito” que legalizó su reelección.

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Jugando con candela

Con el “Llamamiento por la Salvación Nacional”, el MOIR traspasó las líneas rojas de cualquier comportamiento en el campo democrático, y fue complementada, un año después, por otra propuesta, esta vez “castrense”, a la extrema derecha, para  “darle el indispensable toque bélico” a ésta política.  Veámoslo en, el “Nuevo Aviso del MOIR” publicada en El Tiempo el 17 de mayo del 87:

Nuevo aviso del MOIR. Francisco Mosquera, Secretario General del MOIR, El Tiempo, 17 de Mayo de 1987:

“(…) La dispersión de las cuadrillas conducidas desde las lejanías de La Uribe, configurará, marcialmente hablando, una desventaja imposible de remediarse.

“Varias publicaciones aseguran que pasan de cuarenta las falanges cuasi oficiales de contención constituidas poco a poco, dotadas de la logística y el equipo necesarios y de cuya presencia activa ya se tiene noticia en los sitios donde reinan el secuestro, el boleteo y la vacuna. En cuanto a las tropas regulares, el gobierno ha pregonado su fortalecimiento y modernización dentro de los planes de primerísima prioridad, lo cual naturalmente significa una considerable adición presupuestaria para la cartera a cargo del general Samudio. Nuevas instalaciones ha puesto el ejército en las zonas más apartadas y se anuncian otras. El desbrozo de vitales vías de comunicación se encara con la celeridad del caso. El servicio militar obligatorio fue ampliado de 18 a 24 meses. Pero lo más singular consiste en el apoyo ofrecido a los cuerpos castrenses por diferentes estratos y círculos, panorama que contrasta con la fobia antimilitarista alimentada desde arriba durante el período del apaciguamiento belisariano. Los ganaderos, por ejemplo, dijeron estar dispuestos a respaldar a las Fuerzas Armadas, no por intermedio de solidaridades escritas, sino a través de los recursos requeridos, al barruntar la impotencia del Estado para cumplir con sus deberes de acción preventiva. Tras el encuentro sostenido con los altos mandos, la Dirección Nacional Liberal, corrigiendo en algo su lenguaje vaporoso, empezó a plantear la urgencia de darles el indispensable toque bélico a las fórmulas políticas. El diario El Tiempo ha sugerido la promulgación de un impuesto destinado a la seguridad que enseguida recibió el aplauso de agricultores, empresarios, comerciantes y jefes de las colectividades tradicionales. Si no llega a sancionarlo el Congreso, se deberá sólo a la negativa de Barco de acoger un gravamen molesto, no atractivo y, por lo demás, reemplazable fácilmente con la financiación ofrecida a manos llenas por sus amigos de la banca mundial”.

En esta declaración, el Moir enumera algunos factores estratégicos con valor militar con los cuales se puede contar para superar la desventaja “imposible de remediarse” de las “cuadrillas de La Uribe”, y desnuda de paso su compromiso a fondo con todas las fuerzas de la contrainsurgencia, incluyendo a los paramilitares a quienes encubre  bajo el eufemismo de “las falanges cuasi oficiales de contención”. Cuenta, con el fortalecimiento y más presupuesto para el ejército del General Samudio. Con la ampliación del servicio militar obligatorio a 24 meses.  Con el apoyo de los ganaderos  y la clase política a las Fuerzas Armadas.  Con superar la política de “apaciguamiento”  belisarista (o sea la paz). Con nuevos impuestos destinados a la seguridad proponiéndole incluso al gobierno de Virgilio Barco,  acudir a la banca mundial en busca de éstos recursos.

No quedaron por fuera del arsenal temerario de este llamamiento, las justificaciones al accionar criminal de los paramilitares contra el movimiento popular en los términos implacables de cualquier general graduado en la Escuela de las Américas: “De persistirse en la aventura de imponer una rebelión contra la voluntad del país, intimidando a partidos y a particulares, ningún lamento o gesto contemporizador habrá de parar la ofensiva de los guardianes del orden, ni la proliferación de las partidas de autodefensa,  organizadas a costa de los sectores afectados.”[8]. Ni la arrogante y provocadora respuesta al candidato Pardo Leal de la Unión Patriótica, UP”. ¡Y todavía deploran que sus seguidores sólo caigan por cientos en medio de la gran contienda!”[9]

[trx_quote top=”inherit” bottom=”inherit” left=”inherit” right=”inherit” animation=”fadeIn”]“Cuando en oposición abierta a la política de paz del gobierno de Belisario Betancur en 1982, el MOIR convocó a los ideólogos del paramilitarismo, civiles y militares a la formación del “Frente de Salvación Nacional. Lo integraban los más connotados representantes de la extrema derecha colombiana, caracterizados por ser  partidarios de la solución militar” [/trx_quote]

Acostándose con el enemigo 

Estas punzantes proposiciones de unidad a las fuerzas legales e ilegales de la extrema derecha colombiana, y de hostilidad a las fuerzas populares y de izquierda se dan en el marco del gran impulso que tuvo el paramilitarismo en la década del 80 con la creación de cerca de 300 grupos regionales reconocidos por la Procuraduría y amparados, la mayoría de ellos, bajo la razón social del MAS. En el año 1988 la fuerza élite de estos grupos fue entrenada por agentes internacionales de Israel e Inglaterra, disfrazados como “mercenarios”, invitados oficialmente por generales, políticos y empresarios colombianos, a “petición de los norteamericanos”, con el objetivo inicial de atacar “Casa Verde” y atajar a la izquierda colombiana. (Ver declaraciones de Yair Klein [10] y otros “mercenarios”[11]).  Es importante resaltar que en los famosos cursos paramilitares de Klein y compañía, estaba presente la fuerte decisión de la contrainsurgencia colombiana (Estado y paramilitares) de arremeter contra la izquierda y el movimiento popular, apelando a la ilegalidad y al crimen.  El resultado fue el incremento de la actividad paramilitar y la oleada de crímenes políticos de la década del 80 e inicios del 90

A pesar de ésta oleada salvaje y sangrienta, y tal vez por ella, durante ésta década, la lucha social e insurgente se acrecentó a niveles extraordinarios.  Durante ella se dieron multitud de movilizaciones y paros regionales como el paro del nororiente colombiano que movilizó a centenares de miles de campesinos, las marchas de mayo, el paro de Boyacá, del Chocó y otras regiones del país. A la par con ellos, se desarrollaron importantes procesos de unidad del movimiento social, del sindicalismo, del campesinado, de los indígenas y de los movimientos cívicos, que dieron lugar a la CUT, la reorganización de la ANUC, la ONIC y la Coordinadora Nacional de Movimientos Cívicos, entre otros. En otro nivel, se produjo un proceso de unidad del movimiento insurgente concretado en la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar que le dio un impulso sin antecedentes a la resistencia armada en todo el país.

Contrario a toda la izquierda colombiana, que apoyó todo éste proceso  de  movilización y unidad popular en momentos cruciales y definitivos, el MOIR profundizó su tarea de unirse con la extrema derecha. Como resultado de sus dos propuestas  contenidas en las declaraciones referidas anteriormente, resaltó así los avances de su política de unidad con la oligarquía colombiana en los siguientes términos: El 20 de mayo, dos días antes del foro efectuado en Bogotá, en carta remitida a la Dirección Nacional Liberal, los presidentes de ACOPI, FENALCO, ANDI, CAMACOL, FEDEMETAL, SAC, ASOBANCARIA, FEDEGAN y ACOPLASTICOS, pusieron de ejemplo la “anchurosa alianza” planteada por el MOIR[12].

Combinando todas las formas…

Esta alianza tuvo su mayor desarrollo con la candidatura a la Presidencia de la República, del titular de la Dirección Nacional del Partido Liberal, Hernando Durán Dussán, quien contó con el apoyo de todas las fuerzas políticas de la derecha extrema.

Los paramilitares que habían incursionado recientemente en la política a través del movimiento MORENA, (Movimiento de Restauración Nacional) de orientación fascista y anticomunista y apoyados por las Autodefensas del Magdalena Medio,  dirigido por Iván Roberto Duque, (alias Ernesto Báez), Secretario General de la Asociación de Campesinos y Ganaderos del Magdalena Medio (ACDEGAM), apoyaron  la candidatura de Durán Dussán en los siguientes términos cargados de cinismo: “ACDEGAM ha encaminado su favoritismo hacia el doctor Durán Dussán, obedece a que nosotros creemos que el problema más grave y endémico que padece la patria es la violencia”.[13]

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El MOIR también apoyó la candidatura de Hernando Durán Dussán, no en forma improvisada sino como el producto del trabajo de varios años. Así lo reconoció su Secretario general, Francisco Mosquera, en el acto de proclamación de esa candidatura. “Las progresivas identificaciones con el curtido luchador liberal abarcan varios años del último período”[14]. Entre las razones de este apoyo expresó: “Pregonó  (Durán Dussán) el derecho a la autodefensa de las zonas martirizadas por el boleteo y la vacuna”[15]. Y resaltó el viejo criterio expresado hace 26 años por Durán Dussán y compartido hoy por Álvaro Uribe y los actuales opositores a la paz: “rechazamos de plano que la tranquilidad se compre concediéndoles a los amnistiados ‘circunscripciones electorales especiales’, bonificaciones económicas, favores del Estado o cualquier otro chocante privilegio”. (…) Durán también discrepa de los asesores de la ‘paz’ que han insistido en añadirle al perdón el premio especial de algunas curules”,[16]

Cabe destacar que en ese entonces y ante la eventualidad del triunfo de un Gobierno de derecha y opuesto a la paz negociada, el MOIR destacó en su apoyo que (Durán Dussán) “proveerá los cargos de dirección con personeros de todas las banderías políticas, incluidos los movimientos de izquierda”[17]

[trx_quote top=”inherit” bottom=”inherit” left=”inherit” right=”inherit” animation=”fadeIn”]“el MOIR profundizó su tarea de unirse con la extrema derecha. Esta alianza tuvo su mayor desarrollo con la candidatura a la Presidencia de la República, del titular de la Dirección Nacional del Partido Liberal, Hernando Durán Dussán, quien contó con el apoyo de todas las fuerzas políticas de la ultraderecha”[/trx_quote]

El apoyo a la candidatura de Durán Dussán, fue una aventura de derecha del MOIR y una temeraria demostración de la naturaleza reaccionaria de este movimiento. Se la jugó toda por acceder al gobierno de la mano de éste ganadero paramilitar. Esta candidatura se derrumbó estrepitosamente tras los tumultuosos y sorprendentes hechos políticos que se desataron con el asesinato de Luis Carlos Galán, principal rival de Durán Dussán dentro del liberalismo, y el más fuerte candidato a la Presidencia. En el sepelio de Galán sucedieron dos hechos destacados que vale la pena referir. Las  sorpresivas palabras pronunciadas en el sepelio por Juan Manuel Galán, hijo del dirigente asesinado: “Y quiero pedirle al doctor Cesar Gaviria, en nombre del pueblo y en nombre de mi familia, que en sus manos encomendamos las banderas de mi padre y que cuenta con nuestro respaldo para que sea usted el Presidente que Colombia quería y necesitaba. Salve usted a Colombia[18]. Efectivamente, la candidatura de Durán Dussán (Uribe 1), se derrumbó, y Gaviria fue elegido Presidente de la República aplazando por una década las aspiraciones presidenciales de los paramilitares.

El otro hecho lo relata Fernando Vargas, directivo de MORENA. “Según Vargas y ‘Báez’, los integrantes del movimiento fueron estigmatizados como cercanos a los posibles asesinos del aspirante liberal. “Durante el sepelio del aspirante liberal un grupo de personas comenzó a gritar ‘la MORENA de Dussán mató a Galán’.  Las cosas se pusieron muy peligrosas para nosotros y el movimiento se disolvió”, recordó Vargas[19]. El movimiento MORENA sólo duró 3 meses en la vida pública.

En cuanto a ACDEGAN, filial de la poderosa FEDEGAN, una controvertida organización que, en nombre de la defensa de los ganaderos y campesinos del Magdalena Medio, se fue  lanza en ristre -y para muchos bala en ristre- contra todo lo que oliera a comunismo. Las investigaciones del DAS y los jueces de Orden Público vincularon a directivos de ACDEGAM con las masacres en las fincas “Honduras” y “La Negra” en 1988 en Urabá, cuando trabajadores sindicalizados de las bananeras, simpatizantes del EPL, fueron asesinados, lista en mano, con la ayuda de algunos militares de la zona que también estaban siendo investigados. Las investigaciones vincularon directamente al ganadero Gonzalo Pérez, vicepresidente de ACDEGAM; a su hijo Henry, secretario general de esa organización, y a Luis Rubio, entonces tesorero de la asociación y posteriormente alcalde de Puerto Boyacá, como los autores intelectuales de las matanzas. El médico Diego Viáfara, quien fuera funcionario de ACDEGAM, desertó y se entregó a la DEA, a la cual le aportó valiosa información sobre la vinculación de ACDEGAM a los grupos paramilitares y al cartel de Medellín. Estos es solo  una muestra del aporte de algunas asociaciones de ganaderos de los “recursos requeridos”, referidos anteriormente.

Para contribuir a entender el significado de la candidatura de Durán Dussán, es bueno recordar algunas reacciones de importantes vocerías políticas ante el terrible impacto que produjo el asesinato de Jaime Pardo Leal, candidato presidencial de la UP, en octubre 14 del 87. El Tiempo, en editorial de  Francisco Santos, dijo “Los extremos pretenden tomarse el Estado (…) lo mismo los derechistas, que a través de la desestabilización del Estado  intentan exacerbar los ánimos y crear las condiciones que permitan al aparato militar tomarse el poder[20]. En forma parecida se pronunció Hernando Giraldo, columnista de El Espectador, “¿Qué podemos hacer quienes no militamos en ninguno de los extremos? Exigir un gobierno fuerte, que no necesariamente ha de ser militar. Un gobierno civil fuerte que hable menos y que obre con mano de hierro.”[21] Más explícito, y más controvertido, fue el pronunciamiento del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado: “El país está pidiendo una nueva forma de gobierno, y hay que buscarla apresuradamente, porque no hay hombre que nos empuje para salir de la anarquía” (…) “A mí me dejó afligido la debilidad de la protesta por el asesinato de Pardo Leal…cuando se mata al jefe de un partido de la verdadera oposición al régimen se tiene que estremecer el país…yo creo que es bueno que los países tengan temperamento y que entren en tensión, buscar fórmulas…hay que construir apresuradamente una alternativa…puede ser la reconstrucción de unos principios morales, de unos principios jurídicos. Se necesitan unas normas para que resulte el orden…El país necesita un hombre que lo empuje”[22]

La fórmula aplicada es vieja. Producir el desorden para proponer el orden. La escalada de la violencia paramilitar de la década del 80 hizo parte de un proyecto político militar de acceso al poder de la extrema derecha. (No se puede reducir a las versiones televisivas que descargan en Pablo Escobar todas las atrocidades de esta década). No fue casual la convergencia de dirigentes políticos de extrema derecha, de burócratas, comunicadores, ganaderos, empresarios, narcotraficantes, autodefensas y militares de derecha, y agencias de inteligencia. Su propósito no se cumplió en la década del 80 por el exceso cometido con el asesinato de Luis Carlos Galán que cambió el panorama al final de la década. Pero estas mismas fuerzas se coligaron después y “coronaron” una década más tarde, con el acceso al Gobierno de Álvaro Uribe y de las AUC, en el 2002. Recordemos que el ascenso de esta candidatura fue acompañada con el ascenso simultáneo de la violencia desatada por las AUC (1996-2002). Así lo entendió en ese momento el exvicepresidente Carlos Lemos Simmonds: “Es evidente que, al mejor estilo fascista, con un pie en la guerra y el otro en la legalidad, los paramilitares se preparan para su asalto al poder.”[23]. Y coronaron.

PERDIDOS EN EL ESPACIO…

Este comportamiento desquiciado fue complementado, en los años 80, con otro disparate,  esta vez en el plano de la política internacional, en el cual el MOIR también dio un viraje hacia la extrema derecha, alinderándose con la postura internacional del Partido Republicano de los Estados Unidos, representado por Ronald Reagan, y en particular, contra los procesos revolucionarios de Cuba,  Nicaragua Y Angola.

El origen de ésta postura está en el documento “Contra el despotismo y el oportunismo”, que se alinderó con una política del Estado chino que se llamó “La teoría de los tres mundos,” tesis con muy corta vigencia, que obedeció a las necesidades del Estado chino, y a las contradicciones geopolíticas de ese país con la antigua Unión Soviética. Basado en esa tesis, que el Partido Comunista Chino jamás propuso como una línea de acción para otros partidos maoístas internacionales (como lo demostraremos más adelante), el MOIR sostuvo que “El social imperialismo ha pasado a ser el enemigo más peligroso de los pueblos y la peor amenaza para la paz mundial” [24] ,

Nos parece pertinente señalar que la sobrevaloración de la “amenaza soviética” a la paz mundial y la exageración de sus posibilidades nucleares, fue promovida a nivel mundial como una estrategia de la CIA, dirigida en ese momento, por los ultraconservadores del Partido Republicano con una clara intencionalidad política: asustar al mundo con la Unión Soviética, incrementar el gasto militar del Pentágono fortaleciendo su complejo industrial  militar, y promover el ascenso de Ronald Reagan. Tim Weiner, historiador y periodista norteamericano, en su libro “Legado de Cenizas, La historia de la CIA “, ganador del Premio Pulitzer, nos da algunas claves para entender el origen del informe especial elaborado por un equipo especial, El equipo B, de la CIA.

Durante la administración Ford, Donald Rumsfeld se convirtió en Secretario de Defensa,  Dick Cheney en Jefe del Estado Mayor de la Casa Blanca y George  W. Bush  en director de la CIA. Con el respaldo de este grupo de “Halcones Republicanos”  , a finales de 1976, Bush tomó la “decisión política de permitir que un equipo de ideólogos neoconservadores(…)  rehiciera las estimaciones de la CIA sobre las fuerzas militares soviéticas(…) El equipo cuyos miembros estaban profundamente desencantados con la política de distensión y habían sido elegidos por la derecha republicana, incluía al general Daniel O. Graham, principal defensor de los misiles defensivos de los Estados Unidos, y Paul Wolfowitz, un desilusionado negociador del control de armamentos y futuro subsecretario de defensa. En mayo de 1976, Bush aprobó al que se conocería como el equipo B”.[25]

Las cábalas del MOIR sobre la “inevitabilidad” de una tercera guerra mundial y su decisión de trabajar dentro y fuera del país a favor de un frente contra el “social imperialismo soviético” significó un replanteamiento total de su política, de los blancos de la revolución y de su estrategia de alianzas que lo llevaría a una inevitable posición de derecha, y de acercamiento con los sectores más regresivos y anticomunistas de la sociedad colombiana. Más aún cuando el secretario del MOIR, Francisco Mosquera, propuso que “los obreros han de sopesar correctamente la situación externa, con cada uno de sus aspectos e implicaciones, y lo proclamamos sin esquinces, supeditar su táctica también a las necesidades de la revolución mundial. Quien no acepte este punto, de palabra o de obra, niega de plano el internacionalismo proletario y no pasa de ser un nacionalista más”[26]

Foto3

Tales delirios “internacionalistas” llevaron al MOIR a pronunciarse sobre la competencia presidencial en los Estados Unidos y abiertamente a favor de los guerreristas que eligieron al neoconservador Ronald Reagan y en contra del discurso en defensa de los “derechos humanos” predicado por Carter. Desde una posición guerrerista, se criticó a Carter por cancelar el proyecto de la bomba de neutrones, la construcción de plantas nucleares, que prometiera desmantelar las instalaciones del Pentágono en el exterior y consintiera “entre reticente y tolerante” el derrocamiento del Sha de Irán y del general Anastasio Somoza. El delirio “internacionalista” que desquició el MOIR, lo llevó incluso a apoyar la tesis de “No detenerse ante la confrontación atómica. Veámoslo en éste par de citas. ¡No más formalismos, ni sermones, ni derechos humanos, ni palomas en la Casa Blanca! ¡Jamás saldremos del purgatorio, o pararemos en el infierno, si continuamos arrepintiéndonos de nuestras culpas! ¡Abajo el impostor! ¡Fuera el santurrón! “[27]

“(… ) Reagan propuso un viraje radical y ganó apabullantemente. Abogará primero por la represión y luego por los derechos humanos. Patrocinará las dictaduras militares, sin exagerar la importancia de las dictaduras civiles. Les concederá el pase a los diseños armamentistas pospuestos por Carter, incluida la bomba de neutrones. Renegociará el SALT II, suprimiendo las disposiciones desventajosas para USA. No consentirá en que lo intimiden. Hay casos en que vale la pena recurrir a la fuerza nuclear si hace falta”, corroboró su secretario de Estado, general Alexander Haig, en una de las sesiones de confirmación de su cargo ante el Senado. Y para que no cupieran ambigüedades, acotó: “Hay cosas peores que la guerra y hay cosas más importantes que la paz”. ¡No detenerse ni ante la confrontación atómica!”[28]

Cuba fue atacada por el MOIR como la cabeza de playa del Social Imperialismo soviético y la Revolución Sandinista como “una revolución financiada por los Estados Unidos y dirigida por la Unión Soviética”. La solidaridad de los cubanos en Angola fue descalificada como “una aventura colonizadora” de “fuerzas mercenarias[29], cosa desmentida por la historia por el posterior reconocimiento de Mandela a la revolución angoleña, y al papel jugado por la solidaridad de la Revolución Cubana, como antesala de la derrota del régimen del  “Apartheid” impuesto por los colonialistas y racistas ingleses en Sudáfrica.

Dentro de esta línea de conducta, entre julio y agosto de 1980, el Secretario General de MOIR propuso al Partido Comunista de China (PCCH), hacer en Ciudad de México, una reunión de partidos maoístas de América Latina, para promover la lucha contra el social imperialismo soviético y la influencia cubana en América Latina, de hacer una campaña internacional en defensa de China, en la perspectiva de fortalecer el Frente Antisoviético. Esta propuesta, que pretendía el aval del Partido Comunista Chino, fue rechazada por el entonces Mariscal Lin Sien Nien, en ese momento también vicepresidente del PCCH, viceministro y primer miembro del Consejo de Estado, “en cuanto a la situación de ustedes, consideramos que es acertado luchar por la liberación nacional y la defensa de su soberanía. En cuanto a la defensa de China pregunto ¿si las masas de América Latina y de su país sí entenderán la consigna de la defensa de China? Pregunto de nuevo: ¿Por qué no se habla de la defensa de Colombia? ¿Las masas entenderán cualquier otra posición?… Ustedes deben actuar según la situación de su país[30] . Esta posición fue invariable a pesar de la insistencia de Mosquera con argumentos tales como “Carter permite que fuerzas pro soviéticas se apoderen de países de América Latina y obliga a tales países con la política de los derechos humanos a aplicar una democracia que es aprovechada por Cuba”.

[trx_quote top=”inherit” bottom=”inherit” left=”inherit” right=”inherit” animation=”fadeIn”]“Los delirios “internacionalistas” del MOIR lo llevaron a pronunciarse a favor de los guerreristas que eligieron al neoconservador Ronald Reagan y en contra del discurso en defensa de los derechos humanos predicado por Carter. Cuba fue atacada por el MOIR como la cabeza de playa del Social Imperialismo soviético y la Revolución Sandinista como “una revolución financiada por los Estados Unidos y dirigida por la Unión Soviética”. La solidaridad de los cubanos en Angola fue descalificada como “una aventura colonizadora” de “fuerzas mercenarias”, cosa desmentida por la historia por el posterior reconocimiento de Nelson Mandela”[/trx_quote]

A pesar de la negativa del PCCH de apoyar la reunión referida en América Latina, Mosquera se empecinó en impulsarla a su regreso a Colombia. Después de varios intentos y consultas, bilaterales y multilaterales con otros partidos maoístas, esta política fracasó rotundamente un año más tarde, entre otras cosas porque el Movimiento Sendero Luminoso, el más fuerte partido maoísta latinoamericano, se opuso. Este fue uno de los motivos del primer rompimiento del MOIR en febrero de 1981.[31]

NI AYER, NI HOY,  NI MAÑANA

Pese a los acuerdos logrados con el MOIR en el IV Congreso de PDA, donde se privilegió la unidad del partido sobre la base de unos convenios logrados en agotadoras sesiones, el resultado no pudo ser más deplorable. El MOIR utilizó las privilegiadas posiciones conseguidas en las negociaciones en el Congreso para sabotear sus decisiones políticas, las referidas a la paz y a la construcción de la convergencia por la paz. Lo que el PDA ha hecho en estos campos lo ha realizado en medio de la resistencia y de un debate interno cargado de rabia y sectarismo, que inmoviliza la actividad y perjudica notoriamente la imagen del partido.

Hoy ha quedado muy claro que el MOIR ha vuelto a desempolvar todo su arsenal de sectarismo y dogmatismo para entrabar el apoyo al proceso de paz, y está dispuesto a jugársela toda para quedarse con el aparato del PDA, sin lo cual no es nada. A riesgo de convertir al Polo en una cuña contra la paz y la convergencia.

Para el MOIR, por las razones ya anotadas y por su actual comportamiento, la victoria de la paz lo entiende como su derrota estratégica. Esto lo explica la matriz del pensamiento político del MOIR: desde muy temprano la orientación y educación de sus cuadros ha estado dirigida por una extravagante tesis vanguardista que explica todo su comportamiento sectario y de derecha[32] : “En Colombia echó primero raíces el oportunismo revisionista que el marxismo leninismo. Para derrotar al imperialismo es necesario combatir y derrotar al revisionismo, que en Colombia ha estado personificado en la dirección del llamado Partido Comunista”. Con la misma tesis vanguardista,  el MOIR ha descalificado a lo largo de su historia a toda la izquierda colombiana calificándola unas veces de oportunistas de derecha y otras de oportunistas de izquierda, o de “extremo izquierdista”, “foquistas”, “aventureros” o simplemente  “terroristas”. Esta autoproclamación vanguardista del MOIR no tiene discusión interna. Es un dogma de fe religiosa que no admite duda. El pensamiento único, el maniqueísmo y el culto a la personalidad que se practica en el MOIR, pertenece al campo de las sectas religiosas y no al de un partido político, y hace parte de sociedades premodernas y culturas atrasadas, monárquicas y despóticas y no de la sociedad democrática y pluralista que deseamos construir.

Al compartir estas tesis, inspiradas en el pensamiento de Francisco Mosquera, una avanzada del MOIR, encabezado por el regional de Antioquia y dirigido por Libardo Botero, Carlos Valverde, Gonzalo España, Fernando Alameda, y otros exmiembros del Comité Central moirista, militan hoy abiertamente dentro de las fuerzas uribistas y hacen parte del Centro de Pensamiento Primero Colombia, que dirige el senador José Obdulio Gaviria. En la producción editorial de esta fundación se entremezcla una compilación de “Las ideas de Uribe” en 20 volúmenes, con algunos artículos del  Secretario General  del MOIR, Francisco Mosquera. En su libro “Sofismas del Terrorismo”, escrito por José Obdulio Gaviria, ideólogo del uribismo, éste hace un reconocimiento al aporte hecho por Mosquera en su libro “Resistencia Civil” a la política de  Seguridad Democrática que Uribe postuló desde 1995. Es diciente que el  reconocimiento que José Obdulio le hace al aporte de Francisco Mosquera a la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe, fuera esgrimido como un argumento del senador Robledo para defenderse del ataque que días antes le había hecho el exministro del Interior y de Justicia, Carlos Holguín Sardi.[33] ¡De nuevo, los extremos se juntan!

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[trx_quote top=”inherit” bottom=”inherit” left=”inherit” right=”inherit” animation=”fadeIn”]“Hoy ha quedado muy claro que el MOIR ha vuelto a desempolvar todo su arsenal de sectarismo y dogmatismo para entrabar el apoyo al proceso de paz, y está dispuesto a jugársela toda para quedarse con el aparato del Polo Democrático, sin lo cual no es nada. A riesgo de convertir al Polo en una cuña contra la paz y la convergencia”[/trx_quote]

El sectarismo del MOIR se exacerba especialmente durante los procesos de paz, cuando los distintos grupos armados en negociación, llámense FARC, ELN, EPL, M-19 y otros, han adquirido un especial protagonismo en sus distintas coyunturas. Por ello  los gobiernos que han propiciado estas negociaciones han sido fustigados por el MOIR  como “apaciguadores”, culpables de “entregarles insólitas ventajas a las FARC”, [34] o con adefesios como acusar al gobierno de Belisario Betancur de “agente del expansionismo ruso”. Pero la tapa del más reconcentrado sectarismo es la famosa frase escrita por Mosquera frente al clamor nacional para que cesaran los asesinatos de la UP: “¡Y todavía deploran que sus seguidores sólo caigan por cientos en medio de la gran contienda!”[35]

Si nos hemos detenido un poco en recordar algunos acontecimientos políticos y algunos elementos ideológicos y del contexto internacional, es porque consideramos necesario apelar a la memoria reciente, tan escasa en el país y en la izquierda, para que nos sirvan de referencia, para orientarnos en la coyuntura presente, y para que no nos hagamos ilusiones de que la construcción de la paz en Colombia y de una gran convergencia que la sustente, pueda contar con el apoyo de una fuerza que no le tembló la mano para aliarse con la extrema derecha paramilitar y respaldar la política internacional de Ronald Reagan, quien al lado de Margaret Thatcher, pasarán a la historia por abrirle el paso en el mundo, a sangre y fuego, a la globalización neoliberal.

Los dirigentes y militantes de todas las fuerzas del PDA tienen el deber de comportarse a la altura de las necesidades del país y actuar como estadistas. No es hora de pensamientos e intereses personalistas ni  de grupo, ni de preocupaciones subordinadas como la angustia por cumplir el umbral  o conseguir logros burocráticos. PRIMERO LA PAZ.

Bogotá D.C., febrero de 2017.

Colombia Plural

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[1] En Colombia, la violencia calificada de social hunde sus remotas raíces en una táctica terrorista de la liberación propiciada por Castro y sus conocidos patrocinadores, y no en la miseria del pueblo”. (Francisco Mosquera, El apoyo del MOIR a Durán Dussán, El tiempo, 7 de marzo de 1990).

[2] Jorge Robledo, El Espectador 22 de enero de 2017.

[3] Aurelio Suarez Montoya, sesión del Comité Ejecutivo Nacional del PDA, 16 de enero de 2017.

[4] Jorge Robledo. El tiempo, entrevista con María Isabel Rueda, diciembre 12 de 2016.

[5] Llamamiento por la Salvación Nacional.  Francisco Mosquera, Secretario del MOIR. Enero 26 de 1986. El Tiempo:

(…) Hemos expuesto nuestras propuestas unitarias a los representantes de los gremios y a diversas personalidades públicas. Intercambiamos opiniones al respecto con Álvaro Gómez Hurtado, Álvaro Uribe Rueda, Gustavo Rodríguez, Fernando Landazábal Reyes, Jorge Mario Eastman, José Manuel Arias Carrizosa, Alberto Santofimio Botero, Hernando Santos Castillo, Fabio Echeverri Correa, Héctor Polanía Sánchez, Álvaro Valencia Tovar, Víctor Mosquera Chaux, Bernardo Guerra Serna, Hugo Escobar Sierra, Alfonso López Caballero, Guillermo Plazas Alcid y Marino Rengifo Salcedo, entre otros. Nos proponemos profundizar las aproximaciones con quienes coincidan con nosotros en darle una orientación patriótica e imprimirle un sello civilizado a la acción política”.

[6] Fernando Landazábal Reyes. El Tiempo, septiembre 4 de 1996.

[7] “La verdad sobre el Golpe”. Dijo Belisario Betancur: las Fuerzas Armadas son  “aduladas sólo para incitarlas demencialmente, inútilmente al golpe de Estado“. Revista Semana, 1984, 10,19.

[8] Idem.

[9] Idem.

[10] www.verdadabierta.com. 16 nov, de 2012. Versiones ante Justicia y Paz. Los viajes de Yair Klein a Colombia.

[11] Revista Semana. Yair Klein cuenta su historia. 18 de marzo de 2012.

[12] El Moir insiste en el Frente Único. El Tiempo 13 de diciembre de 1987

[13] Entrevista a Iván Roberto Duque. Revista Semana.

[14] Francisco Mosquera, Secretario General del Moir. El Tiempo, 7 de marzo del 90.

[15] Idem.

[16] Idem.

[17] Idem.

[18] Palabras de Juan Manuel Galán. 20 de agosto de 1989. El Tiempo.

[19] Verdad Abierta.com. Jueves 29 de marzo del 2012

[20] “¿A quién le conviene la muerte de Pardo?”. Francisco Santos. Editorial El Tiempo. Octubre 15 de 1987

[21] Hernando Giraldo. El Espectador. Octubre 15 de 1987

[22] Álvaro Gómez Hurtado. Octubre 15 del 1987.

[23] Simmonds Lemos Carlos. El Tiempo marzo 2002

[24] Tribuna Roja # 33, febrero-marzo de 1979, pp12.

[25] LEGADO DE CENIZAS. La historia de la CIA. Tim Weiner. (Ganador del Premio Pulitzer). Octubre de 2008, Traducción de Francisco Ramos, Editorial DEBATE. Pp3 66,367. (…) “ El Equipo B retrató una Unión Soviética enfrascada en un tremendo desarrollo militar ( cuando la realidad era que en aquel momento estaba recortando los gastos militares). Sobreestimó drásticamente la precisión de los misiles balísticos intercontinentales rusos. Aumentó al doble el número de bombarderos Tupoliev que estaba construyendo la Unión Soviética. Y admitió repentinamente de peligros que nunca se materializaban, de amenazas que no existían, de tecnologías que jamás se crearon y – lo más terrible de  todo- del fantasma de una estrategia soviética secreta para librar y ganar una guerra nuclear. Luego, en diciembre de 1976, compartió selectivamente sus datos con periodistas y columnistas de opinión que simpatizaban con sus ideas. “el Equipo B estaba fuera de control-diría “El alboroto que creó el Equipo B duró años, alimentó un enorme incremento  del gasto en armamento por parte del Pentágono, y llevó directamente al ascenso  de Ronald Regan a la lista de corredores de cabeza para la nominación republicana de 1980. Cuando hubo terminado la guerra fría, la Agencia sometió a revisión los datos del equipo B: Todos eran erróneos. Aquello no había sido más que una nueva versión del cuento de la supuesta “brecha” que separaba a la Unión Soviética de Estados Unidos tanto en misiles como en bombarderos.

“Me siento como si me hubieran pillado en falso”  le diría Bush a Ford, Kissinger,  y Rumsfeld en la última reunión del consejo de Seguridad Nacional de la administración saliente “

[26] “Los misterios de la política internacional “. Editorial Tribuna Roja”, No. 37, Febrero de 1981

[27] Idem.

[28] Idem.

[29] Idem.

[30] Informe al Comité Ejecutivo del MOIR sobre el viaje a China. Informe en mimeógrafo. Noviembre de 1980.

[31] “Qué pasa con el MOIR”. El Tiempo. Comunicado, 22 de febrero de 1981.

[32]  Tribuna Roja No. 37. La lucha contra el oportunismo de derecha y de izquierda”

[33]Jorge Robledo, Comunicado del 8 de marzo de 2007.

[34] Francisco Mosquera, Mensaje del MOIR, EL Tiempo, diciembre 31 de 1998.

[35] Nuevo Aviso del MOIR. Francisco Mosquera, Secretario General del MOIR, El tiempo, 17 de Mayo de 1987