El terror y el amedrentamiento, sello característico de la ultraderecha en Colombia

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Por Jairo Rivera Morales

Desde el siglo XIX la extrema derecha ha venido imponiéndose en Colombia por vía del amedrentamiento, la coacción y la intimidación. Sembrando la prevención y el terror. Recurriendo al fraude. Asesinando a líderes de la oposición y a candidatos que fueron expresión de opciones alternativas. Ordenando masacres. Practicando genocidios. Anunciando hecatombes. Conculcando  derechos. Violando sempiternamente la Constitución y las leyes. Persiguiendo por siempre a los vencidos. Discriminando a los afrodescendientes. Pisoteando a los indígenas. Despreciando y despojando de sus tierras al campesinado.

Después de la batalla de La Humareda en 1885, el presidente Rafael Núñez convocó a  conservadores y «nacionalistas» al palacio presidencial, se asomó a una de las ventanas del mismo y exclamó: «La Constitución de Rionegro ha dejado de existir»…

La reforma constitucional de 1910 fue aprobada por una Asamblea Nacional espuria que había sido nombrada a dedo por el dictador Rafael Reyes. Pedro Nel Ospina derrotó a Benjamín Herrera en unas elecciones en las que se consumó uno de los fraudes más monstruosos de nuestra historia. El gobierno del «eminente jurista» Miguel Abadía Méndez fue tan ferozmente represivo y asesino que en él se realizó la masacre de las bananeras y cayó acribillado el primer estudiante víctima de los designios oficiales…

Mataron a Gaitán.  Implementaron el genocidio gaitanista. Cerraron el Congreso y así lo mantuvieron durante cerca de diez años. Los Lleras traicionaron los ideales del pueblo liberal y se amangualaron con Laureano y Mariano para crear el Frente Nacional, el experimento más antidemocrático que nuestros anales registran. Ilegalizaron al Partido Comunista. Persiguieron a todas las fuerzas democráticas y alternativas. Organizaron expediciones de exterminio contra los movimientos campesinos de Villarrica, Marquetalia, El Pato, Riochiquito y Guayabero…

Y ahora le echan la culpa de todas las violencias a las FARC-EP. Asesinos descarados, cretinos sin pudor ni vergüenza: han querido «cultivar» una república de parias,  sin capacidad de resistencia, sin criterio y sin opinión.

Pero la expresión más letal, peligrosa y amenazante de nuestro discurrir nacional indudablemente ha terminado siendo el oligárquico-narcoparamilitar-terratenientismo, plaga que también tiene otro nombre: el uribismo. Creen que somos imbéciles; y viven enviándonos toda clase de señales para que renunciemos a la lucha.

Decía Gaitán: «El miedo y la contumelia se los dejamos a la gente cobardona por cuyas venas no corre la sangre de este pueblo grande y generoso al cual la han querido quitar la conciencia de su grandeza».

Por la paz con justicia social, ni un paso atrás… «Y lo que ha de ser, sea».