“El verdadero limitador de las libertades individuales va a ser la tecnología en manos perversas”

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POR MIRIAM GONZÁLEZ /

Entrevista con Pedro Baños Bajo (León, 1960), coronel del Ejército de Tierra de España, actualmente en la reserva. Ha sido jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo de Estrasburgo y se ha formado en lugares como China e Israel. A día de hoy es uno de los mayores expertos en geopolítica de España. Además de su amplia trayectoria como militar, es autor de dos libros, Así se domina el mundo (Ariel) y El dominio mundial (Ariel), donde con gran destreza desvela los mecanismos que gobiernan el mundo y a las personas.

Baños es también el primer militar español en presentar un programa de televisión, La Mesa del Coronel, cuya primera emisión ha sido un gran éxito de audiencia.

__ En su libro hace alusión a un aspecto notable de las sociedades desarrolladas a lo largo de la historia, su debilidad. Constantino Kavafis escribió en el poema Esperando a los bárbaros , cómo el temor a la llegada de tales invasores estaba siendo una solución momentánea que justificaba muchos aspectos de la vida cotidiana. ¿Quiénes son esos “bárbaros” a los que las sociedades desarrolladas de hoy en día están esperando? ¿Puede que ya formen parte de la propia sociedad, y que la estén conquistando con mecanismos menos tradicionales que la guerra convencional?

La historia nos demuestra que las sociedades se van transformando con el paso del tiempo. Lo habitual es que comiencen sufriendo penalidades, haciendo frente a las adversidades del medio en el que viven, primero para crecer y luego para consolidarse. Las que logran superar con éxito esa fase, no es extraño que, una vez dominados los elementos y la tecnología del momento, inicien un periodo de declive. Las costumbres rígidas e incluso duras que les permitieron superar los obstáculos impuestos por la naturaleza y los adversarios —que siempre los hay— se empiezan a relajar.

Se inicia así un proceso de declive, con una sociedad ablandada, donde reina el materialismo y el hedonismo. Cualquier cosa, incluso los hábitos ancestrales, se cuestionan, todo se banaliza. La moral y la ética se van abandonando y son sustituidas por la satisfacción inmediata. El esfuerzo y el trabajo son incluso mal vistos. Se va cayendo en una profunda crisis de identidad, en donde las preocupaciones existenciales con sustituidas por otras superficiales, e incluso artificiales.

Curiosamente, cuanto mayor ha sido el grado de desarrollo de esas sociedades en relación con su entorno, más calado ha tenido la degradación.

Esos momentos son aprovechados por otras civilizaciones y culturas que están en sus comienzos, en sus primeros estadios de desarrollo. Como tales, su ansia de superación les convierte en temibles enemigos. Tienen hambre, física y psicológica, y desean satisfacerla. Su capacidad de aprendizaje se ve espoleada por la necesidad. Están dispuestas a superar y suceder a las viejas sociedades. Y si consiguen —como ha sido prácticamente la norma— apoyarse y refugiarse en una ideología política o una religión que les dé aún mayor fuerza y superioridad moral, se transformarán en invencibles, por mucha tecnología militar que tenga la sociedad gastada, cuyo fin no estará muy lejano.

En este orden de cosas, para analizar la situación actual no nos debemos centrar en nuestro entorno inmediato. En el mundo globalizado en el que vivimos, hay que levantar la vista y ver lo que sucede en todo el planeta.

Si así lo hacemos, entonces encontraremos que, frente a un llamado mundo occidental —apenas una minoría en el total del contexto mundial—, hay países, culturas y civilizaciones que pueden convertirse en ese “nuevo bárbaro” que termine por imponerse.

No darse cuenta de ello es estar abocado a la desaparición, es solo cuestión de tiempo. Al menos de la desaparición de la sociedad occidental, y en concreto la europea, tal y como la conocemos. No digo que vaya a ser mejor ni peor la resultante, pero sin duda puede ser muy distinta. Y puede ser en breve, entre otras cosas por las acusadas diferencias de natalidad entre los diversos grupos humanos.

Y sí, éste proceso puede ya haberse iniciado. Pero el cortoplacismo en el que vivimos, con unos líderes más preocupados de su propia posición y supervivencia política que en llevar a cabo iniciativas estratégicas, hace muy difícil, por no decir imposible, que se tomen las medidas adecuadas para impedir lo que podemos denominar como la caída de la actual cultura occidental.

<<Curiosamente, cuanto mayor ha sido el grado de desarrollo de las sociedades en relación con su entorno, más calado ha tenido la degradación>>

__ Si la economía es una de las vías para conseguir el poder, y en la última época estamos atendiendo a una cierta tendencia proteccionista por parte de los principales estados, ¿esta falta de libertad en el comercio podría derivar en una mayor concentración del poder en los estados y hacer que se mermen las libertades individuales?

No veo una relación directa entre el proteccionismo económico y el declive de las libertades individuales. Si acaso, pudiera haber cierta restricción a la hora de viajar a otros países, pero no necesariamente tendría por qué perjudicar a las libertades que se disfrutan dentro de un país.

Más preocupante en este sentido es la acusada restricción de las libertades que facilita una tecnología perversamente empleada por los que ostentan el poder. Desde internet a las redes sociales, pasando por los cada vez extendidos sistemas de video vigilancia, se puede decir sin temor a equivocarnos que la libertad es más utópica que nunca. Y eso sí que es muy preocupante.

__Los principales temores bélicos se centran siempre, y de manera muy justificada, en el armamento nuclear y en las armas de nueva generación. Pero las palabras también son peligrosas, pues son capaces de crear enemigos y convencer a la ciudadanía de la necesidad de confrontación con otros países ¿Cuál es la importancia de los discursos en la geoestrategia, entendiendo por geoestrategia la puesta en práctica de líneas de acción para alcanzar los objetivos marcados por la geopolítica?

La palabra siempre ha sido un importantísimo factor de movilización de masas. Antaño lo fue en forma de discursos o arengas, incluso con las soflamas en teatros y comedias. Luego, se masificó su uso con la radio, especialmente en el marco de la Segunda Guerra Mundial, cuando se empleó profusamente como medio de propaganda.

Hoy en día, en esta sociedad hiperconectada, la palabra, la narrativa, el discurso, tiene más fuerza que nunca. Pocos escapan de ella, pues estamos sometidos a su influjo de forma universal e instantánea.

Efectivamente, hoy, a través de palabras escritas en un tuit o enviadas a través de un sistema de mensajería instantánea, se puede con relativa facilidad hasta lanzar a una sociedad a una guerra. Y, si no se consigue su anuencia, al menos sí su pasividad. E igualmente sirve para demonizar adversarios como para destruir socialmente a las personas que se vuelven incómodas para el poder.

__ A la hora de desarrollar su política exterior, los estados en muchas ocasiones invocan “los intereses superiores de la nación”.  En la obra Introducción a la Historia de las Relaciones Internacionales, los autores Jean-Baptiste Duroselle y Pierre Renouvin se preguntan: “¿No son, salvo casos excepcionales, los ‘intereses superiores del Estado’, invocados con tanta frecuencia, un simple medio de enmascarar intereses infinitamente menos nobles y, en todo caso, particulares?”¿Cuál es su opinión al respecto?

Sin duda alguna. En no pocos casos, esos fingidos intereses nacionales solo esconden provechos económicos de potentes grupos de poder.Lo mismo sucede, lamentablemente, cuando se lanzan operaciones militares en nombre de la democracia, los derechos humanos y en defensa y beneficio de poblaciones, cuando en realidad lo que se persigue son fines espurios, sean geopolíticos, económicos o de mera ambición y codicia.

<<Los fingidos intereses nacionales solo esconden provechos económicos de potentes grupos de poder>>

__ En referencia a la pugna entre los Estados Unidos y China, que es una batalla aparentemente económica pero tras la que parece subyacer el ansia de mantenerse, por la parte americana,  o convertirse, en el caso chino, en el Hegemón mundial, estamos ante un escenario como el que planteaba el cardenal Mazarino en su Breviario para políticos cuando afirmaba que “en una comunidad de intereses, el peligro comienza cuando uno de los miembros llega a ser demasiado poderoso”. ¿Cuál es el principal peligro al que se enfrenta la comunidad internacional ante esta compleja contienda? ¿Puede que el enfrentamiento sino-estadounidense llegue a afectar de manera negativa al desarrollo de la economía mundial, que ya está dando avisos de recesión?

Estamos apenas empezando un cambio de ciclo geopolítico. A EE.UU. le ha salido un competidor muy potente, eficaz y motivado, que es China. Al final, todo se reduce a la clásica lucha entre un poder decadente y otro ascendente por el Trono Mundial. Nos queda mucho por ver, muchas batallas en diferentes escenarios y con medios diversos, de este enfrentamiento inevitable.

<<Al final, todo se reduce a la clásica lucha entre un poder decadente y otro ascendente por el Trono Mundial>>

Obviamente, habrá perjudicados, y Europa puede ser uno de los mayores. Si cuando apenas salíamos de una crisis, entramos en otra y que puede ser muy profunda, el daño va a ser inevitable. Se pondrá a prueba la capacidad de resiliencia del Viejo Continente, actualmente ya muy tocado por diversos frentes.

__ La mesa del Coronel, cuya primera emisión fue un gran éxito, se centró en la capacidad de espionaje y recolección de datos de los dispositivos móviles. China está a la vanguardia de este sector. ¿No cabe la posibilidad de que las potencias occidentales quieran usar este modelo de control, pero adaptado a sus propios regímenes?

No es difícil. Como decía antes, el verdadero limitador de las libertades individuales va a ser, de hecho ya es, una tecnología en manos perversas, cuyas ansias de dominio social no encuentren ningún freno, entre otras cosas por el aplanamiento de la sociedad y la normalización del silencio que, de modo casi inadvertido, nos van imponiendo.

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