La lista consecuente

374

Por Clara López Obregón / El Espectador

Las movilizaciones ciudadanas han dado mucho de qué hablar sobre el sujeto social colectivo. Pero en simultánea y sin que se le analice con detenimiento, viene renaciendo otra expresión del sujeto colectivo y plural, el político, que ha perecido en manos de los intereses creados del clientelismo y de la instrumentalización de los partidos políticos tradicionales hacia fines y comportamientos ajenos a su misión de representación y de articulación entre el pueblo y el gobierno.

En la izquierda sobrevivieron partidos, principalmente de cuadros, dentro de la concepción de partido político como congregación de personas unidas por fuertes vínculos de solidaridad alrededor de una ideología común. Se pueden citar varios que, a través de la exigencia de una concepción purista de la ideología, no tuvieron la capacidad de atracción de las masas que buscaban representar.

También han surgido múltiples organizaciones de nuevo tipo que congregan gentes comprometidas con una causa: los derechos humanos, las mujeres, el territorio, el agua, la diversidad sexual, ahora la “primera línea”, entre muchos más. Lo nuevo es que todas estas formaciones pueden actuar conjuntamente por el común denominador de su protesta que se resume en la desigualdad, la exclusión y la falta de representación.

Unos y otros, partidos y movimientos de centro izquierda y varias organizaciones sociales se empiezan a congregar alrededor del Pacto Histórico en busca de una representación efectiva en el gobierno y el Congreso. No se trata de un lema sino de una convocatoria al sujeto colectivo para pactar de consuno propuestas en busca de espacios de poder para darle salida a sus descontentos mediante cambios estructurales en la manera como se gobierna. No es una afrenta a la propiedad privada sino un llamado a la inclusión social y al cuidado de la casa común frente a la incapacidad de quienes hoy gobiernan y se han mostrado incapaces de tomar las decisiones urgentes y de largo alcance para sanar el dolor de la población y del planeta.

Además de la construcción colectiva de la propuesta programática que avanza, el Pacto Histórico le apuesta a la lista cerrada y cremallera que alterna mujeres y hombres para una elección igualitaria. Esta herramienta, nunca ensayada, conlleva un cambio en el concepto de representación restringida al que nos venimos acostumbrando con las listas abiertas. Estas últimas demandan enormes esfuerzos y recursos económicos individuales para elegir singularidades que llegan a agenciar propuestas e intereses parciales, en lugar de un empeño común para realizar propuestas colectivas con la participación de sectores excluidos: mujeres, pueblos indígenas, comunidades negras y expresiones sociales.

El Pacto Histórico se apresta a conformar esa lista cerrada y cremallera para ofrecerle a Colombia una real representación de su diversidad en unidad la cual exigirá una alta dosis de madurez política. Será una lista programática, espejo de la sociedad toda, que busca ser bancada de gobierno para optar en el Congreso por cambios de verdad. También es una apuesta para consolidar al sujeto colectivo en una expresión real de vocación de poder.