“La paz es la profundización de la democracia”: Sergio de Zubiría Samper

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Por Nelson Lombana Silva / Pacocol

El filósofo, profesor universitario y dirigente del Partido Comunista, Sergio de Zubiría Samper, intervino el pasado 10 de septiembre en la ciudad de Ibagué en el marco de la labor pedagógica por la paz y la campaña por el Sí al plebiscito que se realizará el 2 octubre para convalidar el acuerdo suscrito en La Habana entre el gobierno del presidente Santos y la insurgencia de las Farc.  Lo hizo en la plazoleta Darío Echandía.

“La paz es la profundización de la democracia”, señaló. Dijo que era importante leer las 297 páginas del acuerdo de paz con detenimiento, análisis y comprensión porque solo así era posible dimensionar el contenido y el significado histórico. El 98 por ciento del contenido del acuerdo final va dirigido al pueblo humilde, secularmente engañado y explotado.

“El siglo XXI tendrá que ser el siglo de la memoria, de la justicia y de las víctimas”, agregó.
“Un hecho inédito: ningún conflicto de la historia humana había escuchado a las víctimas antes de su terminación”, dijo de Zubiría.

La violencia en Colombia tiene múltiples responsables y nombró algunos como los Estados Unidos, el narcotráfico, la clase dominante, etc. Destacó el papel transformador desde los territorios para lo cual afirmó categóricamente: “La paz no viene de las oficinas de Bogotá, ni de los ministerios, la paz se hace desde los territorios”.

A continuación el texto completo de la intervención del filósofo y dirigente nacional del Partido Comunista Colombiano:

“El pueblo del departamento del Tolima es una deuda invaluable. Basta recordar dos nombres: La plaza que hoy nos convoca, la biblioteca que hoy nos inspira que recuerda al maestro de filosofía del derecho, a ese gran maestro Darío Echandía, que con su sabiduría e inteligencia, nos legó dos profundas metáforas.

La primera metáfora, una de las metáforas más conocidas por la población colombiana: “El poder para qué”. El poder político no es para engolosinarse con él, el poder político no es para el interés mezquino y particular, el poder tiene un único sentido y finalidad, el poder es para entregar nuestra vida, nuestra inteligencia y nuestro amor al servicio de todos los seres humanos. El poder no es un fin en sí mismo, el poder político democrático y real, es para entregar la vida al servicio de otros seres humanos: Las víctimas, los campesinos, las mujeres desplazadas, los niños y las niñas de Colombia, que hoy claman que mi generación les entregue un país con otra gramática de la política.

La segunda y profunda metáfora de ese gran maestro Darío Echandía, que describe perfectamente la realidad política de Colombia es: “Nuestra democracia es un engendro tan mal hecho que parece un orangután con sacoleva”.

Qué imagen, qué metáfora para describir la democracia fallida de Colombia; una democracia con tres genocidios en el siglo XX, una democracia que llevó a la eliminación de los cuadros del del gaitanismo, de la Unión Patriótica, de A Luchar.

Un país anómalo que resuelve sus diferencias con el exterminio y la eliminación del otro. La paz es profundización de la democracia, la paz es el respeto a la diferencia, la paz es vivir y amarnos juntos, respetándonos como dijera “El Principito”, ese bellísimo libro hermosísimo de nuestros años infantiles. La paz y la justicia, es poner la inteligencia al servicio de la norma.

Qué bella metáfora la de ese libro juvenil. La democracia plena, la democracia profunda, no ese orangután vestido con sacoleva; está pactada en sus inicios en el acuerdo hacia una nueva apertura democrática, el punto 2 de esas 297 páginas, que en estos 23 días que nos quedan, todo colombiano y colombiana y más ustedes como multiplicadores deberán leer rumiantemente como las ovejas decía Federico Nietzsche, volver a recuperar también lo que los animales, las plantas, los ríos, el agua, nos enseñan.

A veces son mucho más hermosos los animales, decía Juan Jacobo Rousseau y decía Francisco de Asís que los seres humanos. Una de las causas mayores del sufrimiento humano es la relación con el prójimo, una relación que se ha vuelto ciega por esta extrema derecha del Procurador y el uribismo, solo odio, venganza y resentimiento.

Recordar, también, a ese otro hijo, a ese párroco del Líbano, a ese maestro que se llama Germán Guzmán Palma. La primera comisión histórica que nombró la junta militar compuesta por nueve miembros, uno de ellos, era el párroco del Líbano, Germán Guzmán Palma.

Y ese hombre, guardó en el Líbano las 300 fotos de la comisión histórica, guardó los folios de la primera comisión, porque sabía que esta clase dominante no quería la memoria, porque sabía que le tenía pánico a sus crímenes y Camilo Torres Restrepo y Orlando Fals Borda, en la plaza de la universidad Nacional de Colombia en 1961, se encontraron esos dos intelectuales y dijeron: “Viajemos al Líbano (Tolima), vamos a visitar a Germán Guzmán Palma, párroco” y él les entregó, en el Líbano (Tolima), las 300 fotos de la indignidad, les entregó los folios de la primera, porque era la universidad Nacional de Colombia y su recién fundada facultad de Sociología la que sería la responsable de editar los dos tomos de ese texto paradigmático de nuestra memoria que se llama: “La Violencia en Colombia”.

Ustedes deben mirar alto. Los tolimenses deben saber que son territorio de paz, que ustedes y nosotros hoy, una vez más, respetando esta tradición de pueblo inteligente, de pueblo luchador por la paz, lanzar un Sí categórico al acuerdo del 24 de agosto de 2016, uno de los días más importantes de la historia política de Colombia.

Hay que subrayarlo como el día que resuelve el más largo conflicto del hemisferio occidental. Nos sonrojamos: Somos los colombianos  en nuestro heroísmo e inteligencia creadora, hemos llegado al acuerdo más largo concreto y detallado de la historia planetaria. Son 297 páginas que contienen un documento ético, político y filosófico de inmenso aporte a la humanidad.

Hay hechos inéditos que hay que subrayar: El primero, como lo dice la compañera que representa al siglo XXI, porque occidente en el siglo XX por acción eurocéntrica cometió 187 millones de víctimas. Es decir, el siglo XXI tendrá que ser el siglo de la memoria, de la justicia y de las víctimas. No tenemos sino esa obligación moral. Por eso un hecho inédito: Se escucharon en la Habana 60 víctimas del conflicto y lo único que pidieron, no fue la venganza, el odio y el resentimiento, pidieron lo que pide la salud de un pueblo: Memoria, Verdad, Justicia, Perdón y Compromiso de No Repetición, como espacio a la reconciliación.

La sabiduría de estas víctimas educadoras, porque las víctimas tendrán que ingresar a las universidades, tendrán que convertirse en multiplicadoras, porque su experiencia vital intramundana es invaluable; no solo comparte el sufrimiento, sino comparten el futuro de la redención de Colombia. Por eso, un hecho inédito. Ningún conflicto de la historia humana había escuchado a las víctimas antes de su terminación.

Segundo hecho completamente inédito: Se creó una comisión histórica de la verdad de las víctimas  que tiene 903 páginas. Doce académicos fuimos nombrados para resolver las cuatro preguntas que me hacen mis hijos. Las cuatro preguntas de eso que llamó Jorge Luis Borges (escritor argentino), cuando le confesaba a Ramón de Zubiría: “Cuando uno viene a Colombia la comprende. Pero luego de un mes o dos meses de tránsito, se queda afásico y en silencio”.

La primera pregunta: ¿cuáles son las causas y los orígenes del más largo conflicto del hemisferio occidental? La segunda pregunta: ¿cuáles son los factores y circunstancias que lo potenciaron e impidieron su terminación? La tercera pregunta: ¿Quiénes son los responsables? Y la cuarta pregunta: ¿Cuáles son los mayores impactos en la población en su conjunto?

Ningún colombiano o colombiana podrá llegar a su tumba, podrá morir tranquilo, si no les explica a sus nietos y a sus hijos esas cuatro preguntas fundamentales. Hicimos una comisión histórica que será insumo para lo que la clase dominante de este país no quiso publicar de monseñor Guzmán Palma.

La violencia en Colombia, tiene múltiples responsables: La iglesia, los medios de comunicación, la educación, los paramilitares, el narcotráfico, los Estados Unidos, Israel. Por lo menos 15 responsables colectivos.

A eso es lo que le tiene miedo la extrema derecha, a aquellos financiadores de paramilitarismo que hoy ven con horror y con sonrojo la jurisdicción especial de paz.

Pero, también ha habido un hecho inédito en este acuerdo que hay que divulgar y multiplicar: El 98 por ciento de su contenido. Reitero: El 98 por ciento de su contenido es para el conjunto de la población, no para las insurgencias. Es un acuerdo pensado en clave de reconciliación. La insurgencia y ojalá, la insurgencia del ELN ingresen para poder construir la paz completa que soñamos. No es pensando en las insurgencias, es pensando de que también su vida es para lo que soñó Darío Echandía.

El día que el poder político no se mezquino, el poder político, como lo dice el joven Carlos Marx, como lo dice el papa Francisco en sus reflexiones, es para hacer nuevo el estilo de vida. Una vida sin productivismo, sin tanta tecnología, sin tanta destrucción de la naturaleza. Es el sumak kawsay,  el buen vivir y ustedes tendrán en interior sabiduría una consulta absolutamente inédita. Una consulta contra la expoliación.

Y para terminar, recordar algo, sin vida reactiva, sino de alguna manera, es parte de nuestro dolor. El acuerdo del 24 de agosto, alude a todos los informes que desde 1962, en ese texto paradigmático, señala como causas estructurales de la violencia. El dinero, el uso, la tenencia de la tierra, el campo colombiano y sorprende de alguna manera que la propia misión nombrada por el gobierno nacional, la famosa misión para la transformación del campo, no haya sido ni siquiera publicada.

Los datos de esa misión son de espanto: 0.44 familias son las dueñas del 46 por ciento de la tierra. Tenemos más hectáreas dedicadas a la minería que a la agricultura, tenemos con sonrojo decir con sufrimiento, el país a nivel mundial, con más desplazados internos de su propia tierra: Ocho millones de seres humanos, en la soledad, en las ciudades muriéndose de hambre, dejamos de ser, como yo lo estudié en mi infancia, un país productor de alimentos a ser un país destructor de la naturaleza.

No hay sino que leer el último informe de la revista “Semana”, que produce pánico y horror: La situación hídrica, la bella agua, los ríos, el aire, el 70 por ciento de los páramos del mundo en Colombia y nosotros destruyendo la Pacha Mama, la madre tierra, el campo será los alimentos, para los peces el aire y el oxígeno no para las multinacionales.

La segunda causa estructural es la ausencia de democracia política. No solo son los genocidios, sino la normatividad legal de Colombia que está hecha para un partidismo, para impedir opciones alternativas de poder regional, opciones alternativas del Poder Político, al lado de la muerte y el exterminio, los que hacemos oposición tenemos una arquitectura institucional que nos excluye de primera con la tiranía del umbral, la tiranía de la personería jurídica y la tiranía del Consejo Nacional Electoral, que es un remedo de poder.

Por lo tanto, el acuerdo de La Habana, ha adquirido ya una función constituyente, esperamos en la primera semana de octubre anunciar al país cuatro resultados que esta clase de congresistas, no fue ni siquiera capaz de cumplir su propia constitución. Luego de 25 años, estamos redactando en una comisión de cónclave el estatuto de oposición con una ley estatutaria que permita la riqueza de la Democracia regional y territorial.

En la primera semana de octubre también tendremos otra ley estatutaria redactada por el CINEP, post Foro y por la Ciudadanía, estatuto de oposición para los movimientos sociales que no quieren la participación de la actividad electoral, sino quieren la lucha y la protesta callejera. Porque la política no se reduce a ello. En ese sentido tenemos también un tercer acuerdo que es el más difícil. El acuerdo de la Habana determinó una misión electoral especial para hacer una reforma estructural, de raíz a la excluyente y oligárquica institucionalidad electoral, que ya siendo aprobado el voto electrónico hace más de seis meses, ahora dizque no hay dinero para realizar el estudio tecnológico y la implementación.

Como digo en mi informe: mi maestro Rubén Jaramillo nos enseñó una clase que ni siquiera se puede llamar dirigente, sino una clase solo dominante, porque no piensa en un proyecto hegemónico de nación y de país, sino ante sus ojos solo está el interés mezquino de la tasa de ganancia.

El acuerdo general de La Habana, además, tiene un capítulo ético. Primera vez en la historia humana, donde las comunidades indígenas y afrodescendientes (ojalá fuera más extenso, ojalá fuera aún mucho más potente), pero gracias a las luchas de los movimientos sociales, ese 24 de agosto de 2016, si ustedes observan y son buenos analistas de medios, estaba sentada la dirección de los movimientos afrodescendientes y negros y las indígenas de Colombia.

Le demostraron al gobierno y a la insurgencia que este país  por regiones como dijera Orlando Fals Borda. Este país donde la paz viene de los territorios, la paz no viene de las oficinas de Bogotá, ni de los ministerios.

Yo por eso ni siquiera hablo de paz territorial. Hablo de la metáfora de donde nace la paz, desde los territorios, desde la autonomía, porque como lo dice ese gran antropólogo Arturo Escobar, que también vive en el exilio, hoy tenemos que reconocer una verdad elemental: La lucha por salvar el planeta se desata en las luchas en las luchas locales y regionales.

Yo no creo que desde Bogotá y desde las universidades de élite salga una paz real, completa, vivencial, sabia. Solo nace desde la integralidad del mundo. Frase de Heidegger: Solo ustedes conocen desde la cotidianidad cómo podrá ser, desde los territorios y las regiones, la paz que queremos, deseamos, amamos y moriremos por ella”.