La pobreza

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Por Rodrigo Borja

Con frecuencia las cosas obvias son difíciles de definir. Eso ocurre con la noción de “pobreza”. Podría decirse que es la imposibilidad económica de satisfacer necesidades básicas, que es la penuria de recursos materiales para llevar una vida humana de dignidad elemental, que es la negación de los derechos fundamentales. Sin embargo, la pobreza es algo más que eso, pues no sólo se trata de la carencia de bienes y servicios indispensables para la vida sino también de los juicios de valor que los pobres hacen sobre su propio quebranto.

De esto se desprende que la pobreza tiene dos componentes: uno objetivo, que es la carencia material, y otro subjetivo, que es el estado de conciencia acerca de ella. La pobreza existió siempre. Fue una vieja herencia histórica de la humanidad. Lo nuevo es el juicio de valor sobre ella que hoy formulan los pueblos.

En los regímenes capitalistas -en que “ser” es “tener”- la identidad personal depende, en buena medida, de la propiedad. Por lo que la cuestión de la pobreza deriva además en un problema de identidad.

Pero el concepto mismo de pobreza es relativo -geográficamente relativo- porque, como escribió el economista norteamericano Paul Samuelson, “lo que en Estados Unidos sería pobreza en Asia podría ser prosperidad”.

La pobreza es un fenómeno multicausal. En su nacimiento concurren muchos factores. El economista uruguayo Enrique Iglesias, cuando era presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, señalaba al menos cinco: el cambio demográfico, la distribución del ingreso, la situación del empleo, la prestación de los servicios sociales y las condiciones prevalecientes en materia de educación y formación de recursos humanos.

Paradójicamente, los avances de la ciencia y la tecnología amenazan con forjar formas nuevas de exclusión a causa del desgaje entre el progreso científico y el atraso de las concepciones éticas.

En sus estudios sobre la permanente relación que existe entre pobreza y mala salud física, psíquica y emocional de quienes la sufren, el profesor Michael Marmot del “University College” de Londres llegó a la conclusión de que, en el marco de la estratificación social, la salud de los seres humanos se deteriora a medida en que descienden en el escalafón social. Y lo dramático -sostiene el científico británico- es que el fenómeno tiende a prolongarse en las futuras generaciones de los pobres.

Según advirtió la Unctad, en el 2015 más de 420 millones las personas vivían con menos de un dólar al día en los países más atrasados.

Es tan dramática la injusta distribución del ingreso, que los 500 individuos más ricos del planeta tienen, en conjunto, el mismo ingreso que los 420 millones más pobres.