La potencia de la imagen en el neoliberalismo actual

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La verdad, un problema político: neoliberalismo y medios de comunicación

Por Nora Merlin

El neoliberalismo, basado en el capital financiero y la tecnociencia, se vale de los medios de comunicación concentrados para producir una subjetividad formateada, calculada a la medida de sus necesidades, a través de lo que podemos nombrar como el imperio de las imágenes. El desborde de la tecnociencia, manifestado en la exuberante presencia de cámaras de vigilancia, cosifica y controla al sujeto. La televisión, devenida un panóptico que disciplina e hipnotiza al punto de enceguecer e impedir el discernimiento y el pensamiento crítico, produce una masa de telespectadores pasivos y consumidores.

Una subjetividad manipulada por las imágenes comunicacionales, siempre intencionadas, nunca inocentes, que se imponen a fuerza de repetición y funcionan como órdenes que organizan la identidad. La imagen televisiva, convertida en la principal estrategia biopolítica, constituye un modelo para que el ciudadano sea guiado y adiestrado, funciona como un GPS que dirige, ordena y opera sobre los cuerpos.

Los medios de comunicación de masas, en particular la televisión, son formadores de los ideales sociales, de la moral y se postulan como garantes de “La Verdad”. Desde ese lugar los medios concentrados organizan identificaciones universales que dan lugar a una cultura de masas y a un mundo virtualizado, que funciona como si fuera la única realidad.

Se produce una sugestión adormecedora en la que el sujeto se transforma en un objeto cautivo que, hipnotizado por la televisión, se somete inconscientemente a las imágenes. Se promocionan y luego se anhelan los mismos objetos tecnológicos que producen la misma satisfacción para todos y que constituyen un aparente “estado de bienestar”.

Esta perspectiva tira por tierra la idea de la supuesta libertad que otorgan la información y los mensajes comunicacionales, ya que si bien aparentan ampliar la libertad individual, en sentido estricto se imponen a partir de identificaciones, condicionando elecciones, valores y cosmovisiones.De esta forma operan sobre la subjetividad llegando a disciplinarla, enfermarla y manipularla.

El poder neoliberal al aplicar su plan económico, produce una subjetividad colonizada, en función de lo cual se va entramando en el conjunto de la cultura, intentando uniformar a la sociedad a través de la sugestión y la identificación a imágenes. Estas últimas funcionan como modelos normativizantes de adaptación o metas a ser alcanzadas, lo que determina que la vida transcurria entre Internet, blogs, Youtube, instagram, selfies, etc., borrando así los límites entre lo público y lo privado, lo visible y lo invisible.

El poder neoliberal despolitiza lo social e impone una estética y una moral que determina las fronteras de qué entra en la imagen y qué queda afuera, qué es vida humana y qué no. Estar en la foto significa “ser” y pertenecer al mundo. El mundo devino imagen virtual, eso implicó entre sus consecuencias más serias cierto aplastamiento mental, un pensamiento lineal y superficial, opuesto a la profundidad y multiplicidad de perspectivas.

El predominio de la realidad virtual condujo a la civilización a un funcionamiento organizado fudamentalmente por la identificación de la psicología de las masas y a una lógica social individualista, reduciendo al sujeto a ser un objeto confundido entre lo que es el yo y el otro, que va a funcionar alienadamente en una organización social que es la masa.

En esta época, caracterizada por el imperio imaginario, se debilitó la función de la palabra de la que depende la relación con la verdad, así como el valor de la racionalidad. Para citar algún ejemplo, hoy se naturaliza que un presidente mienta sistemáticamente o que un candidato arme su campaña basándose sólo en el marketing político y los asesores de imagen, prescindiendo casi por completo de un relato coherente, consistente y responsable; se puede faltar a la verdad sin que traiga ninguna consecuencia.

Con la depreciación de la palabra, el desarrollo de las nuevas tecnologías y la cibernética, se elevó al cenit lo imaginario como el registro privilegiado en donde se buscan referencias y saberes para orientarse. Los mensajes comunicacionales se basan hoy fundamentalmente en imágenes, sobre cuyo poder de fascinación se basa la manipulación biopolítica que realizan los medios de comunicación.

Esa captura posibilita los actuales fenómenos globales de servidumbre voluntaria y apego a ciertas estructuras de poder, que operan como un orden que va en contra de los intereses de poblaciones enteras. Frente a este panorama, surgen interrogantes: ¿Cómo franquear los “espejos” identificatorios sociales que producen una cultura de masas uniformada, sometida al poder de las imágenes que imponen los medios de comunicación concentrados? ¿Es posible otra construcción cultural menos alienada a la imagen?

La lucha política debe plantearse ir más allá del encierro en las cavernas virtuales, y trascender las imágenes normativizantes que pretenden modelar deseos, aspiraciones, esperanzas y afectos, apuntando conmover identificaciones engañosas, prejuicios que funcionan como certezas y fijaciones conservadoras. La batalla cultural debe oponerse a los sentidos comunes establecidos por los medios concentrados que conducen a una mentira estructural producida por el poder de la imagen y la identificación que constituye un aparente confort imaginario para todos, pero sabemos que en verdad en el neoliberalismo se trata necesariamente de privilegios para pocos.

Deberemos pensar estrategias de desidentificación con el programa de disciplinamiento neoliberal, filtrando la información de sus medios corporativos, aprendiendo a deconstruir los mensajes y estableciendo canales comunicacionales alternativos solidarios y democráticos.

Elopositor.info