Macri anuncia cambios en la función de las Fuerzas Militares en Argentina: represión interna y alineamiento internacional

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Página/12

El presidente de Argentina, Mauricio Macri, describió este lunes 23 de julio los principales lineamientos que pretende para las Fuerzas Armadas. “Queremos que puedan colaborar con la seguridad interior”, afirmó. Para ello, el Gobierno deberá anular el decreto 727 del 2006, que ponen límites al accionar de las FF.AA en conflictos internos. “Necesitamos que sean capaces de enfrentar los desafíos del siglo XXI”, argumentó el mandatario.

Macri encabezó un acto en Campo de Mayo en el que ratificó la “importancia de que (las Fuerzas Armadas) puedan colaborar con la seguridad interior” y pidió “avanzar en un debate de la reforma del sistema de defensa nacional”. En un breve discurso de siete minutos, en el que anunció su plan de reforma de las Fuerzas Armadas, el Presidente insistió en la idea de modificar las funciones del Ejército para “enfrentar los desafíos del Siglo XXI”, tal como la política de seguridad de Estados Unidos se refiere al combate del terrorismo y narcotráfico, pero no dio precisiones si se avanzará por decreto o enviará un proyecto de ley al Congreso.

El mandatario confirmó que comenzarán a desplegarse miembros de las Fuerzas Armadas para la  “la custodia de los objetivos estratégicos”, como centrales nucleares y yacimientos de petróleo como Vaca Muerte. En agosto, además sen enviarán 500 efectivos a las zonas de frontera en Salta, Formosa y Misiones, que llegarán a 5.000 en un año.

También detalló algunas iniciativas de formación militar para “poner en valor a la familia militar”. Macri ya había anunciado la intención del Gobierno de alinearse a la política de seguridad internacional norteamericana por primera vez en 2016 y desde entonces generó el rechazo de especialistas en el tema y de los organismos de derechos humanos, por la posibilidad que abre para utilizar a las Fuerzas Armadas en conflictos internos de carácter social y político.

Para esto, el Gobierno debe modificar las leyes de Defensa Nacional y Seguridad Interior de 1988 y 1991, respectivamente, y el decreto 727 de 2006, que marcaron los límites para que las Fuerzas Armadas intervengan en cuestiones de seguridad interior.

Acompañado por el ministro de Defensa, Oscar Aguad, y el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, teniente general Bari del Valle Sosa, Macri se encargó de poner fin al conflicto salarial expuesto con la suspensión del desfile militar del 9 de julio y señaló que “las fuerzas necesitan contar con salarios y servicios de salud adecuados” para abrir un debate más profundo: “Es tarea de la sociedad comprender que las fuerzas armadas del siglo XXI son hombres y mujeres de la democracia”.

El mandatario se encargó en su breve discurso de “poner en valor a la familia militar” y separar la nueva doctrina impulsada por el Gobierno del papel que las Fuerzas Armadas cumplieron durante la última dictadura cívico-militar. “Sabemos que esta transformación no va a ser fácil, pero celebro que estemos unidos para alcanzar los consensos y construir fuerzas armadas modernas”. Y siguió: “Queremos saldar la deuda que tenemos con las fuerzas armadas de la democracia”, insistió.

La calidad de “modernas” estuvo puesta por el Presidente en un enfoque emparentado con la política de seguridad norteamericana respecto de los “desafíos del siglo XXI”.

“Vivimos en una zona de paz, pero necesitamos que las fuerzas sean capaces de enfrentar los desafíos del siglo XXI”, sostuvo el mandatario al ponerse en línea con las estrategias de combate al narcotráfico y el terrorismo dictadas por Estados Unidos.

Macri no dio mayores precisiones de cómo se aplicará la doctrina para “proteger la soberanía y la integridad de nuestro país”, aunque anticipó el envío de militares para “la custodia de objetivos estratégicos”. Como anticipó Página/12, tras el discurso de Macri en el Día del Ejército, el Gobierno buscará de esa forma liberar a los Gendarmes que cumplen tareas de custodia de recursos como Vaca Muerta o las centrales nucleares de Atucha, para poder sumarlos a la intervención en conflictos sociales, sin necesidad de modificar las leyes de Defensa y Seguridad Interior, lo que debería pasar por el Congreso.

Respecto de cuestiones operativas y de estructura de la fuerzas, Macri propuso el envío de una Ley de Personal Militar, propuso avanzar en un “sistema de reserva para aumentar la capacidad del país” en una lejana hipótesis de conflicto e indicó que se está “promoviendo un instrumento militar basado en el accionar conjunto de las fuerzas, que nos permitirá avanzar en la eficacia de financiamiento”. En ese sentido, se esperaba también un anuncio formal de la eliminación de regimientos, para generar unidades conjuntas, y liberar terrenos militares destinados a la venta para engrosar las arcas del Estado.

Represión y alineamiento internacional

Del discurso del presidente Macri en Campo de Mayo se desprenden, a primera vista, por lo menos dos grandes conclusiones: el regreso de las Fuerzas Armadas a ejercer tareas represivas y el alineamiento del país con la agenda de Estados Unidos en materia de seguridad en el mundo. Dos cuestiones absolutamente coherentes con la política nacional e internacional que viene desplegando la Alianza Cambiemos desde que asumió el gobierno.

Para hacerlo Macri sigue utilizando el mismo lenguaje con el que suele adornar y encubrir sus verdaderas intenciones: “modernizar”, mirada “estratégica”, “los desafíos del siglo XXI”; y usar siempre la referencia a la “democracia”. Dicho esto como si la democracia fuese un principio abstracto que se puede construir al margen de lo que el Gobierno refuta a diario con decisiones que van en contra de los derechos de los ciudadanos y ciudadanas que son sujeto de los derechos que pretende defender.

Aunque todavía no se conocen en detalle los recursos legales que el Gobierno utilizará para que las Fuerzas Armadas vuelvan a ocuparse de la “seguridad interna” –deben reformarse varias leyes para darle legalidad a la medida- es inocultable la intención de disponer de más efectivos para la represión de la protesta de todo tipo. Y si no es mediante la utilización directa de las Fuerzas Armadas con este fin, lo será porque sus integrantes suplirán tareas de vigilancia en lugares (fronteras, centrales atómicas, etc.) hoy controladas por Gendarmería y hasta por distintas policías. Estos gendarmes y policías podrán dedicarse entonces a la represión de la protesta que el gobierno avizora en un futuro no demasiado lejano como consecuencia inevitable del ajuste brutal decidido por el macrismo en acuerdo con el FMI.

La escasez y la pobreza de argumentos que suele utilizar el Presidente son inversamente proporcionales a la brutalidad de los anuncios. Que las Fuerzas Armadas regresen a la “seguridad interior” constituye un enorme paso atrás respecto de la construcción que la sociedad argentina viene realizando desde el restablecimiento de la democracia. No hay, como dice Macri, “una deuda” que saldar con los militares, porque las Fuerzas Armadas están al servicio de la democracia y no para jugar el papel de restringirla de la manera que sea.

Y porque todo está relacionado, la mencionada “reforma del sistema de seguridad nacional” cuando no hay una hipótesis de conflicto real no es otra cosa que una nueva decisión de alineamiento de la Argentina con la política de Estados Unidos en materia de seguridad internacional que señala como enemigos “al terrorismo” y al “narcotráfico”. Ejemplos sobre las consecuencias de esa política y de la actuación de Estados Unidos como gendarme universal está el mundo lleno y también quedan a la vista las dolorosas secuelas que ello trae para pueblos y naciones. Pero, para mirar cerca, basta con observar la historia reciente de Colombia y sus consecuencias.

Alimentar la idea del enemigo es una acción multipropósito: justifica el apoyo a las Fuerzas Armadas, permite desviar fondos con ese fin, busca sacar la mirada de los crecientes problemas internos y, simultáneamente, hacer un guiño al gobierno norteamericano, uno de los principales sostenes de la gestión de la Alianza Cambiemos.

En breve podremos observar que con la pretensión de “modernizar” la Argentina comprará más armas a la industria militar internacional y en consecuencia “tendrá” que capacitar a sus Fuerzas Armadas en el uso de las mismas. No es difícil imaginar que Estados Unidos, generosa y solidariamente, ofrecerá a sus propios expertos para enseñarles a los nuestros como usarlas. No solo eso. ¿Quiénes conocen más de “narcotráfico” y de “terrorismo” en el mundo? Los mismos. Para todos estos propósitos, el Presidente quiere “poner en valor a la familia militar”. Comenzó por recomponer los salarios castrenses por encima del recorte con el que castiga a todos los empleados del Estado. Un reconocimiento necesario para las nuevas tareas represivas que requiere el modelo económico, político y social del macrismo. Una manera muy particular de entender la democracia mientras avanza en medidas que hacen detonar sus principios. Es una historia que los argentinos ya conocemos y cuyas consecuencias padecimos. Pero no menos cierto es que esa historia también sirvió para aprender y desarrollar capacidades a  partir de la valoración de lo que la vigencia de los derechos humanos significan para la democracia. Porque, como bien lo ha señalado el Premio Nobel de Paz,  Adolfo Pérez Esquivel, “un pueblo sin memoria está condenado a ser dominado”.