Ningún sesgo cambia la verdad

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/ El Espectador

Por estos días tuve una conversación de las que abundan en épocas de polarización cuando amigos con perspectivas contrarias se encuentran. Mi contertulio comentó que le parecía que el padre Francisco de Roux “es sesgado y no debería tener la responsabilidad de escribir la nueva historia de Colombia”. Yo riposté que también pensaba que “el padre De Roux tiene su sesgo”, pero de signo contrario al que preocupa a mi interlocutor. Quise así poner en evidencia que la acusación de sesgo se le puede atribuir a cualquiera, pues todos tenemos opiniones que nos ubican de uno u otro lado de cualquier controversia.

Proseguí a explicar que lo que distingue al padre Francisco de Roux es una verticalidad ética que no admite favorecer, perjudicar ni tratar con condescendencia a actor o partícipe alguno de las prácticas y los hechos de carácter masivo que significaron graves violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario (DIH) durante los 50 años de conflicto armado que le corresponde esclarecer a la Comisión de la Verdad que preside.

Como bien lo recordó el expresidente Juan Manuel Santos en su comparecencia ante dicha Comisión el pasado 10 de junio, “la verdad es siempre una gran víctima de la guerra” y, dado el natural subjetivismo que se puede endilgar a todo protagonista, se cuidó de iniciar su declaración afirmando: “Les quiero compartir mi verdad, como yo vi las cosas”. Con esa actitud confirma que el problema no es de sesgo, sino de la visión individual relacionada con cada particular punto de mira.

La veracidad de los hechos y las responsabilidades tendrá que construirse a partir de las verdades parciales y hasta parcializadas de los distintos protagonistas: las víctimas, los victimarios, los testigos, los investigadores, y del material probatorio de Medicina Legal y de los casos fallados por la justicia. De ahí la importancia de contar con versiones desde todas las perspectivas posibles.

Ojalá el expresidente Álvaro Uribe escogiera un tema para compartir sus visiones con la Comisión de la Verdad. No me parece que el hecho de haber adversado el Acuerdo de Paz sea suficiente explicación para no comparecer. Cuando ganó el No en el plebiscito, él estuvo de acuerdo y participó en la renegociación y muchos de los puntos de vista que defendía quedaron plasmados en el nuevo acuerdo del Teatro Colón. Por ejemplo, qué esclarecedor sería que explicara a la Comisión, con la amplitud que el tema merece, su concepción sobre que en Colombia no ha habido un conflicto armado. Ello puede hacerse incluso en privado, que es una opción, para no exponer su comparecencia a los ataques de sus contradictores.

Para que la veracidad de los hechos florezca, y no solo las opiniones, se requiere que todos y todas aporten sus razones y explicaciones. La verdad del expresidente Uribe, que estuvo al mando de la guerra con un ministro de Defensa que terminó haciendo la paz, sería un aporte importante para superar la polarización que nos permita como sociedad enfrentar, en modo de reconciliación y no de confrontación, las verdades que traerá el informe final de la Comisión de la Verdad.