No le jalamos

903

Por Jairo Rivera Morales

No puede haber democracia política desligada de la realidad económica vivida por el pueblo. Eso del «gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo» ha de ser orgánico e integral; o sencillamente no ser.

El «horror económico» desmiente e invalida todas las pretensiones del llamado Estado de Derecho. La igualdad ante la ley no es nada mientras no exista igualdad ante la vida. Por eso es necesaria la «economía dirigida». Su ausencia deroga, en la práctica, la legitimidad del Estado Social de Derecho.

La cacareada libertad del mercado, el liberalismo económico, las llamadas aperturas, el neoliberalismo en todo el esplendor de sus formulaciones contraproducentes y desaforadas, son una falacia, en tanto conducen a las mayorías a la peor de las esclavitudes: la del capital. El desarrollo, si no es «a escala humana» -para decirlo con palabras de Manfred Max Neef- termina engendrando el crimen. Lo que comienza comportándose como capital financiero termina siendo capital mafioso. Todo esto puede constatarse observando el mapeo de la megaminería: el «ábrete sésamo» de la fase extractivista de la economía del capital, la cual se ha constituido en el epítome del irracionalismo burgués.

Que no se nos siga hablando de inclusión para justificar las más aberrantes exclusiones con los galimatías de que hacen gala los economistas neoliberales. Los más avezados cultores de la más oscura de las ciencias que parió la humanidad. Esos personajes carentes de sensibilidad y ajenos a la práctica de la solidaridad que, al decir de Renán Vega Cantor, fungen en la práctica como verdaderos “criminales de guerra”.

A esa clase de doblez existencial no le jalamos.