NO más Odebrecht; NO más Reficar

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Octavio Quintero

Por Octavio Quintero

Nunca habíamos visto a tanta gente desesperada por la corrupción en Colombia y preguntándose si no hay otra forma de organizar el país con otra gente…

Dos escándalos de marca mayor son suficientes para darnos cuenta de que estamos en el fondo de la olla: Odebrecht y Reficar. Por la primera hemos comprobado que la política es un asco, y que la primera norma para ganar una competencia política es “todo vale”; por la segunda nos damos cuenta que esa gente que gana las elecciones es una inmundicia…Lo anterior no quiere decir que los perdedores sean los honrados: no, son los aplazados de esa inmundicia, a los que todavía no les ha llegado su turno, o ya pasaron y quieren volver.

Vivimos un mundo lleno de mentiras y dentro de ese falso mundo, el político es el rey de la mentira. Hay muchas razones para decir mentiras. Algunos estudios dicen que la mentira es algo que resulta “esencial” para la sobrevivencia social y, además, “refleja un desarrollo mental correcto”. Otros estudios han demostrado que los niños de 4 años mienten al menos una vez cada dos horas, y los de 6 años mienten aproximadamente cada 90 minutos. Es de suponer que los mayores estamos mintiendo en diferentes formas a toda hora. Anatole France dice que “sin mentiras, la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento.”

Dentro de las muchas razones en que se basa la mentira, una que llama la atención es… “porque nos dedicamos a la política”, dice un estudio dirigido por Robert Feldman de la facultad de psicología de la Universidad de Massachusetts.

Si le entendemos bien a este profesor, quiere decir que la política no se puede adelantar centrada en la verdad. El político tiene que mentir y, si es así, el mejor político es el que diga más mentiras y tenga el ingenio de hacérselas creer.

Si ese es el juego; si la política es una inmundicia plagada de gente indecente, inmoral y deshonesta, la pregunta sería: ¿Hay vida más allá de la política?

A menos que queramos vivir en un mundo ácrata, anárquico o salvaje, no, no hay vida sin política, tendríamos que responder. Es algo como pensar en vivir sin respirar, solo porque el aire está contaminado. No se puede vivir sin respirar como no se puede vivir sin política. El asunto es: si queremos vivir en un medio ambiente sostenible, tenemos que procurar mantener el aire que respiramos lo menos contaminado; si queremos vivir en una sociedad decente, tenemos que mantener la política lo más alejado de la inmundicia posible.

Y ese es el reto. La solución a Odebrecht y Reficar, como íconos de lo que no debemos seguir dejando pasar, está en nuestras manos. ¿Pudiéramos arreglar el país logrando que en las próximas elecciones no llegue al Congreso, y menos a la Presidencia, gente inmersa directa o indirectamente en el caso Odebrecht o Reficar? Tal vez no, pero al menos nos aseguraríamos de enviar un mensaje a los corruptos: ¡NO MÁS, NUNCA MÁS!

Fin de folio.- Los hombres acumulan los errores de su vida y crean un monstruo que llaman destino: John Oliver Hobbes (novelista: 1867-1906).