Poner la mesa

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Por Daniel Flores* y Marco Enríquez-Ominami**, especial para NODAL

Alguien tuvo que poner la mesa para el encuentro entre San Martín y Bolívar cuando acordaron la liberación de Perú y el destino final de la libertad de América. Alguien tuvo que ponerla también, más de 20 años antes, cuando en algún lugar de París, se reunieron el venezolano Francisco de Miranda, el peruano Pablo de Olavide y el chileno José Manuel de Salas para acordar fundar la primera organización política continental: la Gran Reunión Americana. Desde esa “Gran Reunión”, que sirvió como primera gran mesa para la libertad de América, se divulgaron textos tan “sediciosos” como la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y nacieron desde ahí luego otras organizaciones, otras mesas, donde se debatió el destino político del continente.

El Grupo de Puebla es heredera de esa vocación. La vocación de asumir el acto de “poner la mesa” como un acto revolucionario, la vocación de hacer que esa mesa sea tan amplia como el espacio iberoamericano, y la vocación de asumir que la libertad de los, las y les ciudadanos de estas tierras no ha concluido.

Por eso nos congregamos hace 2 años en Puebla. Porque advertimos que solo unidos podríamos denunciar los actos desestabilizadores e injerencistas en nuestras democracias soberanas, como las que ocurrieron solo meses después de nuestra fundación, en Bolivia, con el golpe cívico-militar liderado por Áñez en 2019. En esa ocasión, el Grupo de Puebla fue señero y un firme denunciante del rol de intervención y responsabilidad de la OEA en la desestabilización institucional del país altiplánico.

Por eso creamos el Consejo Latinoamericano de Justicia y Democracia (CLAJUD). Porque éramos testigos, y víctimas, de las formas y consecuencias que tenía para nuestras democracias, la persecución judicial y comunicacional, por razones políticas, de nuestros y nuestras líderes. El CLAJUD ha sido una pieza clave en el debate y difusión de la violación de los derechos humanos y del Lawfare en Latinoamérica, estudiando jurídicamente los hechos, denunciándolos, y entregando respaldo a sus víctimas. Como el dado al presidente Lula, principal, pero no única, víctima del Lawfare en Brasil.

¿Cuál es, en definitiva, la vocación de esta mesa? El otro. La convicción de que no podemos ser libres, mientras haya alguien viviendo en medio del barro, sin agua, sufriendo las cuarentenas sin comida, sin cloacas. La convicción de que la democracia debe responder primero al bienestar y a la diversidad de la gente. A sus decisiones y culturas. Para eso ponemos la mesa a lo largo de Iberoamérica. Para que también sean los otros, los que puedan deliberar a partir de encontrarnos en esa vocación de libertad y diversidad.

*Cientista político y antropólogo chileno
**Coordinador ejecutivo del Grupo de Puebla, cineasta y excandidato a la presidencia de Chile