Presidente electo de Argentina, Alberto Fernández en el encuentro del Grupo de Puebla: “No es una utopía vivir en un continente igualitario”

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POR MARTÍN GRANOVSKY /

Ante dirigentes políticos de toda América Latina, el presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, definió su agenda de integración y lucha contra la desigualdad. Clima de alegría con la V peronista y la L de Lula libre.

Una V y una L marcaron el tono del Grupo de Puebla reunido en Buenos Aires todo este fin de semana. El ex jefe de gabinete brasileño Aloizio Mercadante hizo llorar a dirigentes de toda América Latina cuando dibujó en el aire las dos letras con sus manos y dijo “Perón vuelve y Lula libre”. La V y la L resumen la victoria de Alberto Fernández en la Argentina y el regreso de Lula a las calles de Brasil y, como él mismo prometió en un saludo por video, a las de todo el continente. “Cuando lo vi en la cárcel, Lula me dio una sola orden”, dijo Alberto. “Tenés que ganar.” Y remató: “Cumplí y gané, Lula”.

El eje Argentina-Brasil como vertebrador de Sudamérica fue el gran tema de la apertura en el Grupo de Puebla que integran líderes latinoamericanos, entre ellos el propio AF, y coordina el chileno Marco Enríquez-Ominami.

Con Hebe Bonafini en primera fila, el presidente electo contó que cuando fue a visitar a Lula a la cárcel algunos le preguntaron si esa movida era conveniente. “Nunca debemos especular ni dudar en ser solidarios con quien está padeciendo injustamente”, dijo. Nombró al ex canciller de Lula Celso Amorim, presente allí y antes en el presidio durante la visita a Lula, para tener un testigo del pedido que le hizo Lula al final del encuentro La hora ya estaba cumplida y los guardias se acercaban. “Vocé tem que ganhar na Argentina”, repitió Alberto en buen portugués recordando la orden del ex presidente 2003-2010.

Justo antes de su intervención los asistentes vieron en pantalla el saludo en video grabado por Lula. Un tipo feliz en remera clarita decía que no importa si Pelé es mejor que Maradona y viceversa y felicitaba “a Alberto y a Cristina, gran compañera con la que vivimos extraordinarios momentos”. El mensaje seguía de este modo: “Estoy libre y con mucha voluntad de luchar. Mi objetivo en la vida es construir una gran Latinoamérica. Estoy dispuesto a viajar por América Latina, donde Fernández puede ser un ejemplo”. Señaló que “la elite latinoamericana es muy conservadora y no acepta el ascenso de los pobres”, pero dijo que cuando gobernaron él, Néstor Kirchner, Dilma Rousseff, CFK, Fernando Lugo, Tabaré Vázquez, Pepe Mujica y Hugo Chávez”.

En su breve discurso un Fernández que lucía más descansado –sonriente, cómodo en el saco oscuro y la camisa clara sin corbata– fundamentó la existencia del Grupo de Puebla, que integran varios ex presidentes y presidentas como el colombiano Ernesto Samper y Rousseff, en la coincidencia de ideas y en la combinación de relaciones personales y políticas. “Aprendí de mi amigo Alberto Iribarne que la mejor política surge de los mejores vínculos personales”, dijo, y ya que estaba dejó establecido el nombre del ex ministro de Justicia, que vuelve a sonar para un puesto importante en el nuevo gobierno.

Dijo Alberto que se había retrasado porque tuvo una hora de charla con el presidente francés Emanuel Macron. “Una charla espléndida”, definió. “Hablamos de Lula, de Venezuela, de Chile y de los problemas del continente. Sentí que me entendía. Le dije por ejemplo que en Bolivia una clase dominante no se resigna a perder el poder a manos de un presidente boliviano que se parece a los bolivianos.”

Agenda

AF no sonó a candidato en campaña (ya no lo es desde el 27 de octubre) y sus palabras parecieron marcar la agenda futura del Estado argentino:

*Incorporó la relación con México, donde acaba de estar de visita, en un lugar destacado. “Andrés Manuel López Obrador es el primer presidente mexicano en muchas décadas que vuelca su mirada hacia América Latina”, dijo.

*Puso un toque de esperanza. “Hace cuatro años estábamos muy agobiados, viendo cómo las instituciones se demacraban”, narró.

*Sin mencionar la palabra técnica “lawfare”, sobre el uso del aparato judicial para la persecución política, porque no suele usar jerga que no se entienda, dijo que “lo que ocurre en la Justicia brasileña no es muy distinto de lo que pasa en la Justicia argentina, o en la de Ecuador, que metió preso al vicepresidente Jorge Glass”.

*Reinstaló el valor de la democracia como punto de partida. “Los que estamos aquí somos hijos de la democracia. Respetamos el pensamiento del otro. Así vamos a construir la sociedad igualitaria”.

*Retomó a Dilma, que antes había mencionado cifras de concentración de la renta, y dijo que “en Chile el 1 por ciento por ciento de la población se apropia del 30 por ciento del ingreso”.

*Colocó a Chile como problema propio. “Estoy dispuesto a ayudar a que Chile recupere la paz pero la solución no la tengo yo. Supongo que volveré a hablar con el presidente (Sebastián) Piñera, con quien ya tuve una muy buena charla.”

*Subrayó la importancia de la relación entre los dos países grandes de Sudamérica. “Con Lula libre soplan otros vientos en Brasil. La unidad entre Brasil y la Argentina es indisoluble. Es el eje de la unidad de América del Sur. Es el 70 por ciento del producto sudamericano.”

*Elevó la desigualdad como un gran problema a resolver. “Nadie que se diga progresista, socialista, peronista o comunista, puede vivir tranquilo con la desigualdad. Raúl Alfonsín decía que nunca debíamos dejar de lado la ética de la solidaridad.”

Perón

La mesa de apertura estuvo integrada por Enríquez-Ominami como maestro de ceremonias, Rousseff, AF, Samper y Mercadante.

Fue Mercadante el que estableció un puente entre el pasado y el presente y entre los temas urgentes a resolver y la construcción política.

Sobre lo que pasa en el Brasil de Jair Bolsonaro contó que comenzó a militar bajo la dictadura (Mercadante nació en 1954 y Brasil tuvo régimen militar de 1964 a 1985) y apuntó que “hoy mis hijos y mis nietos están viviendo algo parecido”. El precepto es que “el que gana gobierna y el que pierde va a la oposición”, pero en Brasil los perdedores van a la cárcel. Por eso, “lo más más importante es retomar la soberanía del voto” como ocurrió en la Argentina, “un soplo de esperanza democrática”.

Describió un país donde “13 millones de brasileños viven con menos de dos dólares por día” y otros millones no tienen ingreso alguno. Historió que con Lula, asumido el primer día de 2003, “afrontamos la carga de la deuda pública, combatimos el hambre, pusimos en marcha el plan Bolsa Familia (dicho sea de paso, equivalente y antecedente de la Asignación Universal por Hijo) y aumentamos el salario mínimo”. Se enorgulleció Mercadante de que “pusimos la cuestión de la pobreza por encima de todo pero nunca tuvimos fuerza en el parlamento para lograr que los ricos pagaran los impuestos correspondientes”.

El ex senador y ex jefe de gabinete de Rousseff fue el que instaló por primera vez en los últimos meses en público un tema clave: el de la coexistencia entre la solidaridad argentina con Brasil y la pelea para que el Mercosur no desaparezca.

“En Brasil hay gente que quiere salir del Mercosur”, dijo en lo que sonó como una referencia al superministro ultraliberal Paulo Guedes. “No tienen en cuenta que en Europa hubo dos guerras y que fue eso lo que creó las bases de la integración europea”. Agregó Mercadante: “No queremos que nuestras diferencias inconciliables con Bolsonaro, que defendió al torturador de Dilma cuando aprobó su juicio político, impidan la integración entre Brasil y la Argentina”.

Llorando, Mercadante dijo que está con Lula hace 45 años. “Hace política como Gardel cantaba tangos. Con intuición y compromiso con el pueblo. Los verdaderos compañeros no están en la victoria sino en estos momentos, cuando alguien vive en 15 metros cuadrados como Lula en el presidio de Curitiba. Alberto empezó su campaña diciendo ‘Lula Libre’. El día de la victoria la militancia peronista gritaba lo mismo. No lo vamos a olvidar. Antes los peronistas decían ‘Perón vuelve’. Ahora es ‘Lula libre’ y ‘Vuelve Lula’.”

Desigualdad

El ex presidente colombiano Ernesto Samper, que abrió el acto, distinguió entre dos tipos de integración, la meramente comercial y la regional. Dio como ejemplo Unasur, de la que fue secretario ejecutivo, “cuando no discutíamos sobre ideología aunque cada presidente tenía la suya sino sobre problemas concretos como la conectividad y la integración física”.

Dilma, la presidenta reelecta en 2014 y derrocada por un golpe en 2016, condenó en su discurso el bloqueo a Cuba, bendecido por Bolsonaro, y dijo que “para el Grupo de Puebla está en primer plano la cuestión de la desigualdad, que es la cuestión del siglo en un Brasil en el que el 56 por ciento del ingreso nacional lo tiene el 10 por ciento de la población”.

Dijo estar “feliz porque Lula salió de la prisión y ahora, andando por Brasil, puede liderar la construcción del regreso a la democracia y la paz”.

Y reflexionó sobre la Argentina: “La victoria electoral de Alberto Fernández revierte la ola conservadora que nos atacaba”.

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