¡Qué Correa!

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Por Fernando Arellano Ortiz

En medio de un atronador aplauso que se prolongó por más de cuatro minutos, el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia, completamente lleno y de pie, recibió en la tarde del pasado 22 de septiembre al expresidente ecuatoriano Rafael Correa Delgado, quien disertó sobre los retos de la educación superior en Latinoamérica.

En el marco de la celebración del sesquicentenario de la principal alma mater colombiana, el exmandatario del Ecuador que gobernó este país andino por espacio de 10 años (2007-2017), logrando transformaciones políticas y socioeconómicas sin precedentes, expuso la filosofía en que se inspiró para promover e impulsar la profunda revolución educativa que realizó durante su histórica gestión.

Estudiantes, profesores, investigadores, rectores de diversas universidades de Bogotá y público en general, hicieron parte del nutrido auditorio que escuchó las reflexiones de este estadista que antes de meterse de lleno en la política se desempeñó por varios años como docente en el área económica.

“Regresar a la academia realmente me renueva el alma, porque aquí reina la verdad, el saber y la juventud de espíritu. Qué diferencia con el mundo político cuando muestra, y no es poco común, el peor de sus rostros; la falta de autenticidad, la ambición, la mentira”, dijo Correa, al iniciar su conferencia magistral que debió ser transmitida vía pantalla gigante de televisión que se instaló en la emblemática Plaza Che Guevara de la Universidad Nacional, ante el completo aforo del Auditorio León de Greiff.

Al entrar en materia, el expresidente ecuatoriano hizo reparos a los perversos efectos de la globalización neoliberal, la cual, dijo, “ha impuesto una nueva e injusta división internacional del trabajo que consiste en que los denominados países desarrollados o hegemónicos generan conocimiento que privatizan, mientras nuestras naciones del llamado tercer mundo producen bienes ambientales que se mantienen como recursos públicos globales. Nuestro salto, en consecuencia, radica en el afianzamiento de un sistema educativo para ser generadores de conocimiento y romper esa injusta división del trabajo. Un país que le apueste al desarrollo y se proyecta al futuro tiene y debe promover e impulsar la única fuente inagotable de riqueza que es el talento humano, el conocimiento”.

Además, fue enfático en señalar que “las instituciones, las políticas y programas de una país, dependen de quién maneja el poder y América Latina ha estado históricamente dominada por élites que excluyeron de los beneficios del progreso a las grandes mayorías”. Y fue más explícito en su explicación cuando precisó: en América Latina, “la pobreza no es fruto de la escasez de recursos, sino de la inequidad y ésta, a su vez, consecuencia de las perversas relaciones de poder, donde pocos dominan todo, incluyendo los medios de comunicación”.

Una revolución que parecía imposible

Explicó que los factores que incidieron de manera definitiva para lograr el gran salto en educación en el Ecuador fueron calidad, excelencia, investigación y democratización, que convirtieron a esta nación en la que más avanzó en ese sector en el concierto latinoamericano durante la última década.

En su gobierno, la educación fue el principal motor de transformación social y productiva del país. Para ello, entre 2007 y 2016 se asignaron 14.000 millones de dólares pasando del 0,7 % del PIB en 2006 al 2,16 % en 2015, lo que convierte a Ecuador en el país de la región que más ha aumentado el gasto en este sector.

Correa contó paso a paso su lucha para lograr ampliar el acceso a la educación de las clases menos favorecidas, sin sacrificar la calidad.

“Lo importante es que nadie tenga como barrera de acceso a la educación su condición social o económica, y para esto se necesita voluntad política”, dijo.

Para aumentar la inversión en educación puso en orden las prioridades, liberó recursos renegociando la deuda externa y los contratos petroleros, y triplicó la recaudación tributaria aplicando cero tolerancia a la evasión de impuestos.

Entre sus medidas más controversiales se destaca la intervención de su gobierno a tres centros de estudios superiores por graves deficiencias académicas y administrativas, y el cierre definitivo de 14 universidades y escuelas politécnicas consideradas “de garaje”, es decir, que no cumplían con los requisitos mínimos de calidad necesarios.

“Por lo general eran negocios con fines de lucro; pero como de acuerdo a nuestra Constitución la educación superior no debe percibir lucro, todas estas universidades se nombraron organizaciones sin fines de lucro. Muchas de ellas en realidad eran organizaciones de lucro sin fin”, explicó en tono irónico.

Recordó que cuando se cerraron esas universidades, “unos 40 mil chicos quedaron sin universidad, por tanto se hizo un plan de contingencia extremadamente exitoso, donde prácticamente todos los estudiantes pudieron terminar sus estudios”.

Explicó también que “otro fuerte incentivo para mejorar la calidad educativa ha sido el diseño y la implementación de una nueva fórmula para la distribución de fondos del Estado”. Esta fórmula, “incorpora el costo de la carrera y la calidad de la enseñanza. En consecuencia, si una universidad quiere obtener más recursos tienen que hacer que las carreras sean pertinentes al costo y la calidad. Ese ha sido un poderoso incentivo para incrementar la calidad de las universidades”.

Para garantizar educación de excelencia su gobierno creó cinco nuevas universidades con estándares internacionales: la Universidad de las Artes (Uniartes); la Universidad Yachay Tech, denominada también Ciudad del Conocimiento, donde se desarrollan ciencias duras; la Universidad Nacional de Educación (Unae), dedicada a formar docentes; y la Universidad Regional Amazónica, Ikiam, que tiene como propósito el estudio de la biodiversidad y generación de bioconocimiento.

Cada una de estas instituciones académicas fue pensada estratégicamente para responder a las necesidades sociales del país y aumentar la cobertura y el acceso a personas con bajos recursos económicos. Así mismo sus políticas se orientaron a mejorar la educación básica y media para que los jóvenes llegaran capacitados a la educación superior.

También destacó otro de los programas de promoción de calidad educativa como el proyecto Prometeo, un sistema de becas estatales que permite la selección y reclutamiento de académicos internacionales del más alto nivel, pagados totalmente por el gobierno ecuatoriano para las universidades públicas y centros de investigación.

Adicionalmente, Ecuador cuenta con más de 10 mil becarios en la actualidad alrededor del mundo, la mayoría de ellos matriculados en programas de maestría y doctorado en las mejores universidades del planeta. “Esto –significó Correa- representa la mayor inversión, con respecto al Producto Interno Bruto, en becas en toda América Latina”.

De esta manera, agregó, “se ha pulverizado la clásica disyuntiva entre equidad y calidad que nos decía: o se elige democratizar el sistema (masificar) optando por el principio de equidad (que ingrese todo el mundo), o se busca el mérito y la excelencia académica optando por el principio de la calidad; en este caso, los pobres serían los más perjudicados porque normalmente tenían peor preparación, sobre todo en el sector rural”.

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“Nuestras políticas han demostrado al mundo que ambos principios se pueden conjugar armónicamente y que este juego de suma cero es esencialmente una falacia. Lo hemos logrado por medio de la garantía; hemos logrado calidad, con mayor acceso para los pobres, por medio de la garantía constitucional, y la gratuidad en la educación superior por el amplio programa de ayuda financiera”.

“El talento humano, el conocimiento y la excelencia, además de tener adecuadas instituciones que sepan estimular el esfuerzo, el emprendimiento y la innovación para el bien común son la clave para el progreso de las naciones. Creo firmemente en el poder trasformador de la ciencia y de la tecnología”, agregó el exmandatario.

Señaló que los países que no generen conocimiento serán cada día más ignorantes y dependientes, por lo que la educación superior y el desarrollo científico deben ser una de las grandes preocupaciones centrales de las naciones.

Entre los desafíos de Latinoamérica mencionó que es necesario que las universidades de la región ingresen a los 100 primeros puestos de los rankings internacionales como las mejores del mundo.

Es preciso, añadió, que “iniciamos la revolución del conocimiento y la innovación para pasar de la economía de recursos finitos a la única economía de recursos infinitos: aquella basada en las ideas, el talento y el conocimiento humanos”.

Resaltó que la mejor manera de aportar al desarrollo del país es desde la academia: “los estudiantes deben estar preparados en función de las necesidades, pero también de la justicia social”.

“No me gusta hablar del ser humano como factor de producción, porque éste es el fin mismo de la producción –recalcó-, pero, el principal recurso con que se cuenta para sacar adelante un país es el talento humano. Los países sin este potencial van a desertificar el jardín más florido, como ha ocurrido tantas veces en América Latina, y los países con este potencial serán capaces de hacer florecer hasta el desierto”.

Al preguntarle cómo logró transformar el sistema educativo de su país, Correa en tono informal, respondió: “Era imposible, pero como nadie nos lo dijo, lo hicimos”.

El exmandatario mediante una gran dosis de persuasión convenció a la sociedad ecuatoriana mediante acciones concretas de la necesidad de reformar los métodos que se estaban utilizando para educar a las nuevas generaciones.

Explicó que no se puede hablar de competencia y competitividad, para utilizar los términos del argot neoliberal, si no hay igualdad de oportunidades.

Durante su intervención incluso se permitió hablar de corrupción y del papel de las universidades para evitarla: “La academia debe contribuir diciendo la verdad y luchando por la transparencia y la formación en valores”.

El enfoque de la gestión del conocimiento

Aunque afirmó que la crisis económica que trajo la “larga y triste noche neoliberal” a los pueblos de América Latina también fue “una crisis de ideas”, porque “terminamos aceptando todo lo que nos decían”, Correa atenuó su crítica a este malhadado modelo al expresar que “si en algún nivel, la globalización es válida, es en aquella dimensión del acceso al conocimiento, la academia, la educación y a las nuevas tecnologías de la información y comunicación”.

Dijo que la gestión del conocimiento debe estar orientada a la edificación de nuevas prácticas y formas de organización, de manera que apunten a producir bienes y servicios para solucionar los problemas propios del país o la región. “La innovación tiene que direccionar aspiraciones sociales y potenciar aquellas ventajas comparativas que ya tenemos de antemano para la construcción de una democracia de calidad”.

Uno de los retos que tiene Latinoamérica, agregó, es el de “generar pensamiento propio y conocimiento en función de nuestras necesidades”. Por eso llamó la atención sobre la necesidad de la pertinencia en la educación, la cual tiene que ver con lo que requiere el país, y por lo tanto, tiene que estar ligada a su Plan Nacional de Desarrollo.

La transición de una sociedad primaria-extractivista como la latinoamericana a una sociedad del conocimiento, explicó, solo será posible si hay un empeño político como Nación en la generación y transferencia de conocimiento, la formación de personas e instituciones de excelencia, fomentando el ambiente propicio para incrementar la productividad sistémica del país y desarrollar nuevas áreas de investigación como las bio-ciencias, las tecnologías de la información y la comunicación, las nano-ciencias, las energías alternativas, entre otras. En ese sentido, Correa considera que las naciones latinoamericanas deben profundizar en el estímulo y proyección de las denominadas ciencias duras.

En su concepto, “los adelantos científicos y tecnológicos no solo generan bienestar sino que constituyen motores de cambios sociales que cualquier lucha de clases o la búsqueda del lucro individual”. En ese sentido, añadió, “no hay que olvidar que el desarrollo de la agricultura convirtió a la humanidad de nómoda a sedentaria; la revolución industrial la transformó de rural a mayoritariamente urbana; y más recientemente, el espectacular avance de las tecnologías transformó a las sociedades industriales en sociedades del conocimiento”.

“Los sistemas políticos y económicos que prevalecerán en el inmediato futuro –pronosticó- serán los que posibiliten el mayor avance científico y tecnológico en aplicación a objetivos del bien común”.

El líder de la histórica Revolución Ciudadana en Ecuador, recordó la frase del gran Simón Bolívar: “no nos dominarán por la fuerza, sino por la ignorancia”, por lo que puntualizó que el gran desafío de la humanidad en el siglo XXI es político y consiste en lograr el desarrollo social que empieza por liberar a las grandes mayorías del dominio de las élites para lograr la supremacía de los seres humanos sobre el capital, de la sociedad humana sobre el mercado y anteponer el interés de nuestras naciones sobre el de los países hegemónicos. Y terminó con un llamado a la esperanza: “¡No pongamos límites a nuestros sueños!”

“Ganamos las elecciones pero fue como si las hubiéramos perdido”

Durante la conferencia en la Universidad Nacional de Colombia, el expresidente Correa aprovechó la sesión de preguntas para referirse a la terrible traición a los postulados de su proyecto político de amplio calado social por parte de quien hoy funge como presidente del Ecuador, Lenín Moreno Garcés, quien llegó al Palacio de Carondelet gracias al capital político, el prestigio y el amplio respaldo popular del exmandatario y líder de la Revolución Ciudadana.

Al hacer mención sobre la coyuntura política ecuatoriana, Correa dijo que si bien “ganamos las elecciones presidenciales”, lo cierto, por las actuaciones de Moreno que terminó entregándose a los intereses oscuros y corporativos de la corrupta partidocracia de derecha, es “como si las hubiéramos perdido”.

Ante el futuro de su país, expresó que espera que el pueblo ecuatoriano no permita volver al pasado, sino que se mantenga avanzando y consolidando los logros ya alcanzados.

En entrevista exclusiva para la agencia AFP durante su estancia en Bogotá, Correa trató de “mediocre” y “traidor” a Moreno Garcés, quien fuera su vicepresidente entre 2007 y 2013. Lo acusó de querer ponerlo preso, como se pretende hacer con el expresidente Luiz Inácio Lula en Brasil, y destapó su carta en la insospechada crisis que fracturó al oficialismo: recuperar el poder a través de una Asamblea Constituyente.

“Es terrible, es tremendamente doloroso, tremendamente ingrato, tremendamente injusto”, lo que está ocurriendo con el nuevo gobierno del Ecuador, precisó el exmandatario, pues “esta gente está aplicando el programa de la oposición, nos está persiguiendo, nos está haciendo quedar como corruptos, como inútiles (….) Es una deslealtad, una ingratitud terrible y se atreven a decir que no están traicionando a la revolución cuando cuestionan el manejo económico, que ha sido extraordinario”.

Al ser interrogado si piensa retornar a la política frente a la traición de Moreno, el expresidente contestó: “Yo quería retirarme al menos por algunos años y probablemente de forma definitiva. Pensaba retirarme y estaba tan calmado, que dije: ganamos gracias al pueblo ecuatoriano, tenemos mayoría en la asamblea (legislativa), ganamos la Presidencia y ahora es peor que si hubiera ganado la oposición, con mucha más maldad, con mucha más mentira, con mucha más desvergüenza”.

Advirtió que “si siguen destruyendo lo logrado, vamos a impulsar una Asamblea Nacional Constituyente”, y si se convoca, “tendré que volver como candidato, eso me va a costar muchísimo a nivel familiar, pero entiendo claramente la responsabilidad que tengo ante la historia”.