“Que el perdón no sea solo de palabra”

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Claudia Girón Ortiz, magister en Derechos Humanos y aspirante al Doctorado en Estudios Migratorios de la Universidad de Granada (España), es la coordinadora del Costurero de la Memoria, un colectivo integrado por víctimas de desplazamiento, desaparición forzada, violencia sexual, falsos positivos y otras violaciones en Colombia.

¿Cuáles son las consecuencias más trascendentales del conflicto armado en lo psicosocial?

Una de las cosas más tremendas es el miedo, la parálisis que genera la victimización selectiva intencionalmente dirigida para fragmentar, para acallar, para dividir y para generar desconfianza. Yo pienso que afecta profundamente a las organizaciones, a pesar de la capacidad de seguir y de la fortaleza moral que tienen. La gente trata de seguir conservando sus principios, pero de alguna manera la afectación más grande es la fragmentación y la incapacidad de articularnos colectivamente desde una postura donde la diversidad quepa porque la guerra nos ha fragmentado.

Yo diría que somos un país muy fuerte, hay muchas fortalezas en cuanto a lo organizativo y la capacidad de resistencia, pero lo que nos cuesta es ver cómo nos tejemos y cómo sumamos de una manera colectiva cosas que vayan más allá de la coyuntura.

Posiblemente, en las próximas semanas se dé el proceso de desmovilización de las Farc, ¿cuáles son las necesidades para que haya una integración con éxito de los victimarios?

El trabajo psicosocial es fundamental, se necesita hacer un trabajo, que no sea “cogerlos a palos”, pero tampoco a besos y que sea posible que en un momento dado, donde las personas ya hayan trabajado sobre sí mismas, tengan la posibilidad de pensarse en espacios de intercambio y encuentro con otras que han sido víctimas y no solamente desde un plano emocional.

Una de las cosas interesantes del perdón es que es una posibilidad de mirar hacia el futuro y de hacerlo de una manera distinta, que no cargue uno con el peso del odio y del rencor que lo mantiene anclado. Y ese perdonar al otro es complejo porque puede no depender de que el otro te pida perdón.

El Padre Michael Lapsley, director del Instituto para la Sanación de los Recuerdos en Suráfrica, usa este ejemplo: no es que un ladrón le diga a alguien, “perdóname por haberte robado tu bicicleta”. El padre decía que, si no te devuelve la bicicleta, no te permite sanar nada. De alguna manera te pide perdón, pero no hace nada para que esa ausencia de la bicicleta en tu vida sea suplida con algo, por ejemplo, si te regale un par de patines para que te muevas, no cambia. En conclusión, de alguna manera tenemos que crear escenarios donde sea posible que el perdón no sea una cosa sólo de palabra.

¿Cuál es tu estrategia de supervivencia y de dónde sacas las fuerzas para no parecer una víctima sino una defensora de derechos humanos y ayudar a otras víctimas?

Mi formación como psicóloga me dio muchas herramientas para ayudarme a mí misma y a crecer mientras ayudaba a otros. Para mí la fuerza me la han dado muchas personas que les han pasado cosas terribles y han seguido creyendo que la vida y la esperanza en la vida es una posibilidad. El gran reto es sacar fuerzas de espacios donde tú no tengas que hacer nada para justificar lo que haces, hecho salir a caminar, a tomarse un chocolate con un amigo, hablar bobadas, reírse, bailar, leer un buen libro, leer poesía, ver una obra de teatro…, cosas que son simplemente experiencias.