Recordar es vivir

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Por Octavio Quintero

Ética y moralmente cuestionado, el nombramiento de Alberto Carrasquilla es una bofetada a la clase social y una señal de que en Colombia “el que la hace (NO) la paga”.

Pueden estar seguros los trabajadores y pensionados colombianos de que se avecinan tiempos duros con el “nuevo” ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla. Es un personaje de ingrata recordación en estos círculos sociales, tanto por lo que hizo como por lo que dijo cuando afirmó que el salario mínimo en Colombia es “ridículamente alto”; o sobre el Chocó, más cáustico aún, al asegurar que ese departamento “era una carga para el país”.

Sobre los pensionados, se podría apostar sin mucho riesgo, que la designación se debió al papel que jugó Carrasquilla en la reforma pensional del expresidente Uribe, en la que se eliminó la mesada 14, se elevó la edad para pensionarse y se corrió el día laboral hasta las 10 de la noche, único país del mundo con tan particular jornada diurna. Una nueva reforma de este mismo corte se avecina, y Carrasquilla será el cerebro encargado de buscar de dónde se pueden recortar gastos sociales en los más necesitados para convertirlos en más gabelas a las clases dominantes.

Claro que los que sí deben estar muy contentos con el retorno de Carrasquilla al Ministerio de Hacienda, son los inversionistas extranjeros, entre otros empresarios del círculo dominante, pues, en su gestión, se suprimieron los impuestos del 7% sobre los giros al exterior, lo que le ha costado al país, según las cuentas del analista fiscal, Aurelio Suárez, 25 billones de pesos en los últimos 10 años que salieron, por supuesto, del recorte en el gasto social.

Si “desde el desayuno se sabe lo que va a ser almuerzo”, como en varias oportunidades se le oyó decir a Duque en campaña, pues, nada bueno se debe esperar de un tipo que tiene tan marcado desprecio por los millones de trabajadores de salario mínimo que se debaten entre la pobreza y la indigencia; o el virtual estorbo que le causa el Chocó, de lo cual, se debe suponer que también todas las demás regiones del país que en su concepto mercantilista, no sean más que “una carga”.

Pero el daño no es solo social sino también ético y de credibilidad en el nuevo gobierno que enarbola también como bandera la lucha contra la corrupción.

En el caso de Carrasquilla aplica bien la famosa sentencia de Julio César: “La mujer del César no solo deber ser honrada sino también parecerlo”. Es lo que no parece Carrasquilla, implicado en los famosos “Papeles Panamá”, otro asunto incómodo al establishment colombiano al que decididamente, le ha mando echar tierra contradiciendo otra bandera de Duque: “El que la hace la paga”, menos los de su círculo cercano comandado, quién lo duda, por el expresidente Uribe.

Ya las redes sociales (gracias al doctor Google), han recreado el pasado reciente del “nuevo” ministro de Hacienda. Ni para qué echar más sal en la herida; ni qué seguir lamentando la falta de sindéresis política en el sector socialista que se va a enfrentar, de aquí en adelante, a la monolítica derecha que se armó para elegir a Duque.

Ahora, el senador Robledo anuncia que su primera decisión, tras instalarse el nuevo gobierno, es “pedir un debate de control político para demostrar por qué, por sus ejecutorias públicas y privadas, Carrasquilla no debe ser ministro de Hacienda de Colombia». No deja de ser oportuno el debate, pues, la bofetada al país con su nombramiento lo amerita, pero ese debate debió haberlo librado en el escenario del más alto poder democrático: las urnas, del que se escurrió con su socorrido voto en blanco, una sacada de bulto que difícilmente podrá superar en lo que le resta de vida política.

El nombramiento de Carrasquilla, como todos los demás que ha ido anunciado Duque, en su mayoría sacados de la ancha manga del expresidente Uribe, deja claro que, en estos próximos cuatro años, la oposición tiene que ahorrar el centavo que le quedó faltando en la pasada elección presidencial. Y ese primer ahorro será en las elecciones regionales del año entrante… si son transparentes, por un lado, y si se apaciguan los ánimos en la corriente centro-izquierda que se minó a la hora de enfrentar la final del 17 de junio.