Récords indeseados

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POR OCTAVIO QUINTERO /

  1. El mes más caliente del mundo; 2. El agotamiento ecosistémico y, 3. La conflagración en el Amazonas, los últimos pasos de la humanidad hacia la tumba.

En menos de dos meses hemos sido testigos presenciales de tres acontecimientos globales que marcan el próximo fin de la vida sobre la tierra… al menos la que tenemos y reconocemos en los demás seres terrenales. Y lo anterior no tiene nada de ‘catastrofismo’, como pudiera parecer:

  1. Julio fue el mes más caluroso de la historiadesde que se lleva la estadística sobre Calentamiento Global. El registro de temperatura estuvo cerca de 1,2 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales. Esto significa que nos estamos acercando rápidamente al umbral crucial de 1,5 grados, lo que precipitará el riesgo de eventos climáticos extremos y escasez de alimentos para cientos de millones de personas.

Sobre el cambio climático, la agenda ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) nos advierte que tenemos plazo hasta el 2030 para evitar niveles catastróficos. Según la ONU, estamos en camino a un escandaloso aumento.

  1. A finales de julio, también, entramos en el llamado ‘Sobregiro de la Tierra’ que define la capacidad de regeneración de los ecosistemas que consume anualmente la humanidad. Es decir, ya consumimos toda el agua, el aire limpio y los recursos naturales que nos ofrecía la tierra para este año.

El déficit o, también, ‘huella ecológica’ se calcula desde 1986, y cada año se adelanta en el calendario: en 1993, se produjo el 21 de octubre; en 2003, el 22 de septiembre; en 2017, el 2 de agosto y, en este 2019, el 29 de julio. Hoy necesitaríamos una tierra y tres cuartos (1,75) para vivir ras con ras.

  1. Hace un mes arde la Amazonia, el llamado ‘pulmón del mundo’, como nunca. Porque es preciso decir que los incendios que llaman hoy nuestra atención son usuales. Y prueba de ello es que la selva amazónica pierde anualmente cerca de 500.000 hectáreas de bosque que se convierten en tierras laborables de ganadería, agricultura o extracción de minerales preciosos y recursos naturales de toda índole, madera, principalmente. Buena parte de esta depredación es a causa de quemas deliberadas de bosques.

Lo que llama hoy la atención es que se han incrementado como nunca y, de paso, parece a complacencia del Gobierno Bolsonaro. En lo corrido del año, la amazonia brasileña registra 40.843 focos de incendio, un 83% más que en el mismo periodo de 2018.

Los tres acontecimientos tienen un solo cordón umbilical: la ambición e indolencia humana. Tan es así que, hasta antes de poner el reflector sobre los incendios de Brasil, los otros dos acontecimientos ya habían salido de la órbita mediática, sin mayor cargo de conciencia popular.

A nadie que no esté achicharrándose en Europa parece importarle que la temperatura en junio haya subido en Francia hasta 45,9ºC, 8 grados por encima de la temperatura corporal. A nadie tampoco parece importarle que en estos momentos nos estemos tomando el agua, respirando el aire y consumiendo recursos naturales del año entrante.

Afortunadamente, si es que puede haber fortuna en un desastre ambiental como el que se registra en el Amazonas, puso al G7 (el club de los países más poderosos de la tierra), reunido hasta ayer lunes 26/08 en Biarritz, a “hablar por hablar” del tema ambiental en presencia de Trump, el mandatario del país más influyente del mundo que considera el Calentamiento Global “un cuento chino”; cuento que ahora le compra el brasileño Jair Bolsonaro, precisamente el presidente del país donde ésta conflagración amazónica le resultará, posiblemente, un “afortunado incidente”, ya que tiene puesta su mirada en el pulmón del mundo como epicentro de su plan de desarrollo económico extractivista y agroindustrial.

Hablando por hablar, también el presidente Iván Duque, habla de un pacto por la salvación del Amazonas. ¿qué significa eso? Es, para ahorrarnos conceptos técnicos, como un ‘¡Ave María purísima!’ en un aquelarre. Proponer un pacto de conservación ambiental en medio de unos gobiernos neoliberales es una contradicción ideológica que, pensando con el deseo, ojalá se diera.

Vamos a ver si prospera la propuesta que, al decir de Duque, llevará el próximo mes a la Conferencia de la ONU sobre un eventual POT amazónico que comprenda el desafío de un desarrollo sostenible y sustentable, con todo lo que este par de términos significan en una bioeconomía que lo primero que se requiere es marchitar las explotaciones mineras, petroleras, ganaderas, agroindustriales; reducir el desperdicio de alimentos y, en general, invertir en tecnologías que mitiguen el impacto medioambiental.

Y, por último, ¿qué países contribuirán financieramente al POT amazónico? Porque, si la Amazonia es el ‘pulmón del mundo’, el mundo entero debe contribuir a su sostenimiento; no propiamente a través de dádivas de buen vecino, como los ‘pichicatos’ 20 millones de dólares que el G7 acaba de anunciar como contribución al pago de agua para sofocar los incendios de hoy, mientras llega el invierno. ¿Y, después?…

@oquinteroefe