¿Se tomaron la Universidad del Atlántico?

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Por Máximo Noriega Rodríguez

Imponer un rector no es buen presagio para la Universidad. Ni las formas ni los antecedentes pueden hacer pensar en un buen futuro en manos de Cambio Radical. La privatización acecha.

La imposición de un rector en la Universidad del Atlántico demostró no solo el talante autoritario de Cambio Radical, de la mano del alcalde Alejandro Char, sino que dejó claro que para algunos el Alma Mater ya no es el reflejo de una sociedad plural, abierta y democrática sino un escenario de conquista, como cualquier botín, en el que desembarcan aquellos que tienen como objetivo apoderarse de todo. En resumen, la universidad era un espacio que debían cooptar a cualquier precio, y así lo lograron y lo reivindican con desdén tanto en público como en privado.

Y el tema es grave. Utilizar una vez más la aplanadora electoral que apabulla la diferencia, solo nos hace pensar que sus intenciones no son sanas; nadie que quiera ayudar pelea de esa forma, con uñas y dientes, por apoderarse de un espacio que presiento inició su tránsito a la privatización. Es fácil deducir que se comenzará por tercerizar servicios y vendrá el crujir de dientes cuando la exclusión y los altos costos desemboquen en que la Universidad del Atlántico solo sea una institución privada con un ropaje estatal que no le quede, cosa que inevitablemente sucederá luego de que la usen para la próxima campaña electoral.

Una exótica decisión de tutela que dará mucho de que hablar, facilitó que se impusiera una unanimidad peligrosa al permitir la votación del representante de los gremios, quienes conciben a la educación como un negocio más de su portafolio, además de una decepcionante postura del gobernador Eduardo Verano, cuya falta de liderazgo en este tema no se compadece con el talante de hombre comprometido con la paz y los sectores democráticos que nos han vendido de él. Durante ese llamativo Consejo Superior tipo fast track, al gobernador se le metieron al rancho, y bastaron presiones desde el Ministerio de Educación, los gremios y desde la alcaldía de Barranquilla, para que él no solo lo permitiera sino que fuera instrumento operativo de lo sucedido.

Adicionalmente, causa desasosiego que Cambio Radical, el partido político con mayor número de miembros condenados por parapolítica, se haya tomado un espacio como el de la Universidad del Atlántico, donde en el pasado las persecuciones de grupos al margen de la ley cobraron vidas y destruyeron familias completas. Las muertes de Luis Meza, Alberto Contreras Sereno y de cualquiera de los ocho estudiantes y 11 profesores que fueron asesinados por paramilitares, lejos de ser reparadas y de garantizar su no repetición, habrán sido en vano, pues ahora la Universidad será territorio conquistado del mismo partido político donde varios de sus miembros apoyaron y recibieron el apoyo del paramilitarismo. Ojalá no nos toque volver a enterrar la vida en plena primavera.

Ante esta nueva realidad, a quienes hemos luchado por edificar a la universidad del Atlántico, solo nos queda apretar los dientes y seguir trabajando porque la educación pública sea un espacio democrático, abierto e incluyente; abandonar la lucha sería de cobardes. Es hora de reinventarnos, de rehacer la lucha desde una perspectiva distinta y más eficiente, porque la “política del cocotazo” no puede tomarse por asalto lo que tanta sangre y trabajo social nos ha costado construir. Ante la imposición autoritaria debemos responder con resistencia pacífica, porque no todo se vende o se compra, y menos la dignidad.

La Universidad del Atlántico no es, ni puede ser, un botín que conquistar.