Sistema capitalista y medio ambiente

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Octavio Quintero

Por Octavio Quintero

Explorar en Google noticias sobre el medio ambiente deja a uno desalentado… Se encuentran estadísticas como que “en 50 años han desaparecido más de la mitad de los animales que poblaban el planeta Tierra”. Y es cierto: cualquier persona mayor de 60 hoy podría nombrar de memoria algún animal o ave que conoció de niño y hace años que no ve.

Podría a uno importarle un bledo que la explotación agropecuaria moderna esté extinguiendo, por ejemplo, a las abejas –bien duro que pican—, diríamos. No se nos enseñó en la infancia, y no tenemos tiempo de aprender en la adultez que, como dice el poeta (…) “Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta”… Es decir, cuando las campanas doblan por las abejas, también están doblando por cada uno de nosotros.

Algunas de esas alarmas medioambientales abogan por medidas preventivas como reducir el crecimiento de la población humana, disminuir el consumo y apostar por el uso de tecnologías verdes. Otras más radicales atribuyen el gran deterioro ambiental al modelo capitalista de explotación y desarrollo económico mundial y, por supuesto, lo que se debe hacer es cambiar el modelo por otro más ‘sostenible y sustentable’, y dicen estos:

El capitalismo, exacerbado por el neoliberalismo desde 1980 en adelante, no puede soportarse sobre la política del consumismo voraz, como si los bienes naturales fueran infinitos. Lo anterior ha llevado al agotamiento de los bienes naturales, a su sobre explotación, y a que los ciclos de la reproducción de la vida choquen con la dinámica del capital.

Si hay algo contumaz en el mundo es el modelo capitalista neoliberal en que se persiste, a pesar de los estragos sociales y medioambientales que se perciben alrededor del mundo; y más preocupante: que no haya una fuerza de conciencia mundial que actué para detener el camino hacia un suicidio colectivo de la humanidad. Estados Unidos y los países con más influencia en la contaminación y efectos destructores de la naturaleza burlan los acuerdos de la política climática, y el mundo sigue su marcha, como si nada fuera.

Usted pudiera tomar esta nota como un soslayo político de un socialista o comunista que odia el capitalismo, y que, de los cabellos, trae acusaciones contra el “pobre modelo” como responsable de todas las desgracias medioambientales que nos asedian: como los huracanes que tanto reflector mediático captan en su momento, casi como espectáculo, o como la reciente “isla de plástico” que se descubrió en las costas del Pacífico tan grande como Colombia entera. Pero, préstele atención a la siguiente relación económico-ambiental que se desprendería del solo hecho de que la nueva potencia mundial de China consiga devolverle al mundo financiero el patrón yuan-oro:

Tomemos como ejemplo la exportación de un millón de barriles de petróleo por día a China que actualmente hace la Arabia Saudita. Al momento en que Arabia Saudita reciba Yuanes respaldados por oro para la entrega de petróleo, (a un precio de $50 por barril), se pagaran 50 millones de dólares al día, o sea 1.183 toneladas de oro que este país reclamaría retirar diariamente del mercado de oro en Londres. Al año serían 431.800 toneladas de oro. Pero la cosa no se detiene solo en la venta de petróleo de Arabia Saudita a China puesto que también participarían otros países como Rusia, Irán, Venezuela, y otros recursos energéticos como el gas.

Un estudio realizado al respecto apunta que, si estos países dejarán de utilizar el dólar como moneda de cambio para pasar a vender petróleo en yuanes, se elevaría la cantidad de oro que se necesitaría. Según estimativos se requeriría en el 2018 de una demanda de más de mil millones de toneladas de oro al año.

Bueno, ahora nos explicamos por qué la presión de las mineras multinacionales sobre un endeble gobierno colombiano de insistir en la explotación de oro en Cajamarca, en Santurbán, en la Sierra Nevada de Santa Marta, en Caño Cristales y, etc. ¡Oro es lo que va a demandar el mercado mundial!: No importa la depredación que haya que hacer; no importa el envenenamiento de las aguas potables; no importa la destrucción del hábitat natural de las especie animales y vegetales: el mundo capitalista pide oro y hay que darle, aunque en ello nos vaya la vida.

Fin de folio.- Cuando sientas que estás hablando a la roca, háblale más duro hasta que te oiga.